En medio de la incertidumbre por el futuro laboral y humano ante la “invasión” de herramientas de inteligencia artificial, el plano económico también plantea sus propias dudas y desconfianzas respecto a la rentabilidad del rubro.

Wall Street mira de reojo los balances de Jensen Huang, Sam Altman y Larry Ellison ante el crecimiento de la inteligencia artificial, pero una ausencia de capital y dudas sobre el futuro del software.

En medio de la incertidumbre por el futuro laboral y humano ante la “invasión” de herramientas de inteligencia artificial, el plano económico también plantea sus propias dudas y desconfianzas respecto a la rentabilidad del rubro.

La creación de un gigantesco “triángulo amoroso” entre NVIDIA, OpenAI y Oracle ofrece una amplia gama de posibilidades, pero a principios de este 2026 han tambaleado tras los últimos balances del año pasado.
En simples palabras: NVIDIA financia a OpenAI, OpenAI paga a Oracle y Oracle compra a NVIDIA, pero todas las instancias de la cadena presentan fragilidad. La dependencia mutua y una posible “economía inflada” crea el concepto de burbuja de la IA y un temor latente de que esta “explote”.
Un ejemplo de lo ocurrido desde septiembre de 2025 puede graficar la situación. En aquel mes Oracle invirtió 300.000 millones de dólares para OpenAI, para luego perder 315.000 millones de dólares en su capitalización bursátil. Según estimaciones de Jefferies, el 58% de su cartera de pedidos futuros proviene de un único cliente: OpenAI. Para ponerlo en perspectiva, Microsoft tiene apenas un 39% de concentración con su mayor cliente, y Amazon un 16%.

Uno de los puntos es la caída en expectativas de capacidad de la empresa de Sam Altman, quien prometió alcanzar la inteligencia artificial general (AGI) y que Oracle fuera la única empresa capaz de escalar la capacidad de computación necesaria a la velocidad requerida.

La apuesta a un sólo tiro no permite márgen de error. Oracle ya posee una deuda neta de 2,5 veces sus beneficio antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización con un gasto de 35.000 millones de dólares actual y de previsiòn de 80.000 millones de dólares para 2029, debiendo llegar a 166.000 millones de dólares en ingresos de computación en la nube para 2030.

Si OpenAI no logra monetizar sus modelos de IA lo suficientemente rápido como para pagarle a Oracle, esta última podría quedar con una deuda impagable y una infraestructura sobredimensionada. Si Oracle no recibe los pagos, no puede pagar su deuda ni seguir comprando a NVIDIA. Si NVIDIA pierde a estos clientes gigantes, su valoración, que sostiene gran parte del mercado bursátil actual, podría desplomarse, arrastrando a los índices globales. Toda una cadena que no afectaría a la credibilidad de la IA como herramienta, pero si como negocio.
En base a los reportes de DA Davidson, Oracle mejoró la calificación de “Neutral” a “Compra”, manteniendo un precio objetivo de 180 dólares por acción en una nota del lunes.
Aún con esta subida del 12%, se mantiene en baja un 50% desde septiembre, a pesar de la promesa de Amazon de invertir 200.000 millones de dólares en centros de datos y chips.
Las declaraciones de las principales figuras de las firmas involucradas no han traído certezas ni tranquilidad en sus respectivos momentos.

La principal duda la sembró Jensen Huang, CEO de Nvidia, quien comentó que no hay un acuerdo cerrado por los 100.000 millones de dólares que debían invertir en OpenAI.
A principios del mes de febrero declaró que "nunca hubo un compromiso" y que NVIDIA "se involucrará absolutamente", pero no confirmó ese supuesto acuerdo de 100.000 millones de dólares."No, no, nada parecido a eso", dijo Jensen.

Las difusas declaraciones parecen ser un común denominador para este triángulo. En octubre pasado, Sam Altman anunciaba una serie de inversiones en Argentina, que en su posterior comunicado se transformaron en la oferta de una eventual compra del servicio en caso de que un tercero lo monte. En declaraciones más cercanas, comentó que se trató de una movida para “incentivar”.
Larry Ellison, CEO de Oracle, también fue particular en sus manifestaciones públicas. La cuenta oficial de su empresa el pasado 2 de febrero publicó: “El acuerdo entre NVIDIA y OpenAI no tiene ningún impacto en nuestra relación financiera con OpenAI. Mantenemos una gran confianza en la capacidad de OpenAI para recaudar fondos y cumplir sus compromisos”.
La extrañeza del mensaje no sólo pasa por su innegable relación de dependencia, sino también porque dicho mensaje llegó en simultáneo al anuncio de una toma de deuda mayor a 45.000 millones de dólares para 2026.