Jerónimo Grinovero tardó tres semanas en crear “Convertite en Leyenda”. Durante las dos siguientes, los usuarios completaron 100 millones de carreras. El juego hacía envejecer futbolistas a toda velocidad; su crecimiento también parecía avanzar con el acelerador apretado.
El entrerriano detrás de Copero: 100 millones de carreras en dos semanas
A un paso de graduarse como ingeniero en Informática en la FICH-UNL de Santa Fe, Jerónimo Grinovero explicó cómo desarrolló “Convertite en Leyenda”, qué función cumplió la IA y cuáles son sus planes.

El fenómeno no nació en una gran empresa de videojuegos. Detrás de Copero hay un joven de Viale, Entre Ríos, que está a un paso de graduarse como ingeniero en Informática en la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la UNL, en Santa Fe.
Grinovero desarrolló solo toda la plataforma. Dos amigos de él se incorporaron después para trabajar en las redes sociales, mientras él continuó a cargo de la estructura técnica.

Primero comenzaron a jugar desconocidos. Después aparecieron usuarios de España, México y el sudeste asiático. Finalmente ocurrió algo todavía más extraño: algunos amigos le enviaron el enlace sin saber que él lo había creado.
De acuerdo con las métricas internas que compartió con El Litoral, casi cinco millones de personas ingresaron al sitio desde el lanzamiento. En los días de mayor actividad, la web alcanzó alrededor de 1,5 millones de visitantes diarios.
Un proyecto para aprender
Todo comenzó en diciembre de 2025. Grinovero estaba en la etapa final de la carrera y quería aprender nuevas tecnologías. Su campo de pruebas fue Copero: una página con resultados deportivos en vivo, estadísticas, calendarios y tablas de posiciones.
Antes del simulador publicó un test de ideología futbolística. Unas 200.000 personas lo completaron en tres semanas y las respuestas llegaron desde Argentina y España hasta el sudeste asiático. Esa primera señal lo llevó a proponerse un desafío: lanzar un juego nuevo cada mes.

“Convertite en Leyenda” nació de una lluvia de ideas y estuvo listo tres semanas después. A los pocos días, el Atlético de San Luis de México lo utilizó para anunciar la renovación de uno de sus futbolistas. La repercusión ya había cruzado cualquier cálculo previo.
“Ahí dijimos: ‘Esto se fue un poco de las manos’. Todo lo que vino después continuó subiendo esa escalera”, recordó Grinovero.

La viralización terminó de cerrar el círculo cuando el enlace volvió a sus propias manos. Algunos conocidos descubrieron Copero por su cuenta y se lo compartieron sin saber que él era su creador.
De Viale al mundo
Un tercio del tráfico de Copero proviene de Argentina. España ocupa el segundo lugar y México aparece después, junto con el resto de Latinoamérica. También llegaron pedidos para incorporar ligas de Polonia, Portugal y Escocia.
El juego no intenta competir con los gráficos hiperrealistas de las grandes producciones. Su apuesta es otra: el usuario lee, elige y completa mentalmente todo aquello que no aparece en la pantalla.
“Pasa algo parecido a lo que hace un libro. Uno va tomando decisiones y viendo las opciones, pero la historia y el relato los construye en su cabeza”, explicó Grinovero. La comparación no es casual: los libros de Elige tu propia aventura fueron una de sus principales influencias.
También tomó elementos de los modos carrera de los juegos de fútbol, la interfaz de Football Manager, los títulos de rol, los filtros de TikTok y los viejos juegos Flash. Todo debía terminar reducido a una fórmula sencilla: entrar, entender y jugar.

Del tatuaje a las simulaciones matemáticas
En Copero se puede sufrir una lesión, tener problemas con los impuestos, atravesar un conflicto familiar o aceptar un tatuaje capaz de mejorar —o empeorar— la carrera. Las situaciones parten de casos reales, aunque algunas hayan sido empujadas deliberadamente hacia la parodia.
Esa parte creativa no fue delegada en una máquina. Grinovero diseña las decisiones y evalúa sus premios y castigos. Después utiliza simulaciones de Montecarlo: miles de carreras resueltas al azar para comprobar si el juego favorece demasiado un resultado o vuelve casi imposible otro.
No todas las partidas deben terminar con una figura de 95 puntos de valoración. Un futbolista mucho más terrenal también puede construir una historia interesante: ganar la Libertadores, emigrar a Chile o recorrer una colección interminable de clubes.

Jugar sin gastar ni registrarse
Parte del éxito puede explicarse por todo lo que Copero no pide. No hace falta registrarse, instalar una aplicación ni tener una consola. Cualquier dispositivo con navegador alcanza. Las métricas incluso registraron algunas partidas iniciadas desde televisores inteligentes.
Grinovero eligió la web porque desarrollar además aplicaciones para Android y iOS habría significado repetir buena parte del trabajo. La interfaz se adapta a computadoras y celulares, y el acceso puede guardarse en la pantalla de inicio como si fuera una aplicación.
La propuesta también encontró un público que quedó lejos del mercado de los videojuegos más exigentes. “Cada vez es más caro estar al día. Estos juegos aparecen porque una gran mayoría no tiene acceso a esos dispositivos”, planteó.
La carrera es individual, pero no necesariamente termina cuando el jugador se retira. La tarjeta final fue diseñada para comparar títulos, clubes y estadísticas. La partida se juega en soledad; la competencia comienza después, cuando la captura llega a WhatsApp o a las redes.

El verdadero papel de la IA
La inteligencia artificial sí participó en el desarrollo de Copero, aunque no de la manera más fácil de imaginar. No inventó las historias, no escribió las decisiones ni construyó el juego mediante una única instrucción.
Grinovero utiliza agentes desde la terminal para analizar funciones, buscar situaciones poco frecuentes, revisar el recorrido del sistema y escribir pruebas automáticas. Después controla manualmente cada línea generada.
“Es un proceso artesanal asistido, pero no delegado a un agente de inteligencia artificial”, definió. La IA acelera las tareas técnicas y repetitivas; las decisiones creativas siguen siendo humanas.
El problema comienza cuando se acepta código sin saber qué hace. Puede funcionar durante un tiempo, pero también acumular errores y volver cada cambio más difícil que el anterior.
“Son herramientas que te potencian. También hay que tener cuidado con qué potencian: si lo bueno o lo malo de tu perfil técnico”, advirtió.

Evitar que todo colapse
El primer desafío no estuvo en terminar el juego, sino en sostenerlo cuando entraron millones de personas. La estructura había sido preparada para crecer, pero el tráfico de “Convertite en Leyenda” también comenzó a empujar al resto de Copero.
Para evitar que el servidor colapsara, Grinovero implementó dos niveles de caché: uno en la red de Cloudflare y otro dentro del propio servidor. En términos simples, el sistema guarda temporalmente la información más solicitada y evita calcularla nuevamente con cada ingreso.
Más jugadores también significaron más formas de encontrar errores. Los usuarios enviaron capturas y mensajes para señalar fallas, mientras su creador seguía las métricas del servidor y corregía problemas sobre la marcha.
“Siempre hay errores. Es prácticamente imposible evitar introducirlos y está bueno que la gente dé su devolución para solucionarlos”, señaló.

Mucho más que un solo juego
Copero es la plataforma. “Convertite en Leyenda” es el juego que la volvió viral. La diferencia no es menor: Grinovero no imagina el proyecto únicamente como una colección de carreras futbolísticas.
El primer objetivo es ampliar la información deportiva con resultados, estadísticas, calendarios y tablas de posiciones, además de incorporar nuevas disciplinas. El segundo es seguir publicando juegos, minijuegos y prodes.
La tercera pata es el análisis de datos aplicado al deporte. Copero ya cuenta con un modelo para anticipar los ganadores de los premios individuales de la NBA y planea sumar nuevas herramientas predictivas.
“Convertite en Leyenda” seguirá siendo gratuito y ya hay otros juegos esperando su turno. También llegarán más ligas, decisiones y funciones. Después de 100 millones de carreras, la próxima elección le corresponde a su creador.








