Los ataques de perros a personas durante 2025 dejaron un número que alerta. Vecinos que denuncian agresiones y cierta preocupación al caminar por espacios públicos ponen de relieve que, pese a la reglamentación vigente, los dueños de animales involucrados en estos hechos no toman dimensión del peligro. No existe conciencia del daño que se puede causar ni hay empatía con el otro.
Se pueden mencionar varios ataques a menores para dar pie a las palabras que siguen. Las mujeres heridas gravemente en Santo Tomé y menores con heridas graves son algunos de los últimos casos que ocuparon titulares destacados.
Al remontamos a años anteriores, los números indican varios antecedentes, ya que entre 2022 y 2024 se registraron al menos trece ataques graves de perros en Santa Fe y alrededores, once de los cuales fueron protagonizados por pitbulls.
Hoy nos preguntamos: ¿hasta cuándo los tenedores de animales que son considerados peligrosos van a seguir actuando como si no representaran un peligro inminente? Estamos frente a una amenaza latente que no solo proviene de la naturaleza de los animales, sino que involucra a la soberbia y desidia de sus dueños.
La muerte violenta de "Garrafa" deja una gran herida en la sociedad. Tras conocerse su pérdida, llegaron los detalles brindados por la comunidad universitaria, la que no sale del estupor por semejante agresión (si alguna vez viste una pelea de perros entenderás, pero cuando uno de ellos es un pitbull, poco se puede hacer).
Lo ocurrido en Ciudad Universitaria, no es un hecho aislado: es el síntoma de una sociedad que aún no dimensiona el peligro ni asume su responsabilidad, en la mayoría de los casos.
Más allá de la normativa vigente, sin la debida responsabilidad la misma cae en saco roto. Nada pudo hacer el empleado que intentó separar los animales (Garrafa y el pitbull) frente a la frialdad del dueño del animal que protagonizó el ataque.
“Garrafa”, el perro comunitario de Ciudad Universitaria, era muy querido por la comunidad.
El dueño del can que hirió de muerte a Garrafa ya acumulaba denuncias previas. Sabía del peligro, conocía el historial de su mascota y, aun así, eligió la negligencia: salir a correr con el perro sin bozal y sin correa.
Esta es la matriz del problema: personas que, carentes de toda empatía, deciden que su "comodidad" está por encima de la vida del vecino (sea este bebé, niño o adulto u otro animal).
En esta oportunidad le tocó a Garrafa quien se llevó la peor parte, pero ¿y si hubiera sido un estudiante, docente o empleado del lugar? Hoy la tragedia sería aún mayor y se sumaría a ese gran número de casos denunciados y atendidos en el 2025.
Radiografía de una crisis: los datos del horror
Para quienes creen que estos son "casos aislados", las estadísticas oficiales del Ministerio Público de la Acusación (MPA) en Santa Fe son un golpe de realidad: se registraron 45 denuncias en un año. Tan solo en 2025 se concretaron casi cuatro ataques por mes, de acuerdo a los que llegaron a instancias judiciales.
Estos son solo la punta del iceberg, ya que cientos de incidentes menores no se denuncian por miedo o resignación. En cuanto a la responsabilidad penal, el MPA fue claro: no se trata de "accidentes". La tenencia de animales conlleva una responsabilidad civil y penal. Quien tiene un perro de gran porte tiene, ante la ley, una obligación de seguridad que hoy se ignora sistemáticamente.
En el inicio de 2026 hubo un hecho grave que involucra a una menor que aún permanece en el Hospital de Niños con lenta evolución. Se trata de una niña de tan solo un año que fue atacada y que tras atravesar las críticas primeras 72 horas sigue bajo pronóstico reservado. Los más vulnerables pagan un alto costo.
La normativa vigente, un escudo de papel
En Santa Fe existen ordenanzas claras que exigen bozal, correa y un registro de animales potencialmente peligrosos. Sin embargo, la impunidad es el combustible de la tragedia. La respuesta municipal, aunque ahora firme con sanciones y multas al propietario del animal que mató a "Garrafa", sigue corriendo detrás del daño.
La sanción económica es necesaria, pero no devuelve vidas ni sana las secuelas físicas y psicológicas de un ataque. Cabe destacar la vigencia de la ordenanza Nº 11180, sancionada en 2005, que establece la obligatoriedad de registrar a determinadas razas de perros consideradas peligrosas -como pitbull, rottweiler y dogo argentino, entre otras- y exige condiciones específicas para su tenencia.
Además del uso de una correa corta y del bozal en la vía pública, el animal debe estar en presencia de un adulto al momento de circular. En los domicilios, debe haber cercos adecuados con carteles de advertencia y el cumplimiento del calendario de vacunación. Utopía.
Si bien se destaca el accionar de los concejales, legislando ante la cruda realidad, en la práctica queda claro que estas medidas no siempre se cumplen.
El espacio público debe ser un lugar seguro. La frase "quedate tranquilo que no hace nada" se ha convertido en el epitafio de la convivencia urbana. Cuando un propietario ignora las reglas básicas, rompe el contrato social más elemental: el de no dañar al otro.
El límite final
La muerte de "Garrafa" y las heridas de tantos ciudadanos anónimos deben ser el punto de inflexión. No podemos permitir que el espacio público sea rehén de quienes confunden la libertad personal con el desprecio por la vida ajena. Un perro con potencial de daño, en manos de un dueño negligente, es un arma cargada que nuestra sociedad ya no puede -ni debe- seguir tolerando.
El Estado tiene muchos frentes abiertos, pero debe ejercer un control preventivo y feroz sobre los infractores, o las veredas de Santa Fe seguirán siendo el escenario de una violencia evitable.
El espacio público es de todos, no de quienes deciden habitarlo con soberbia. El Instituto Municipal de Salud Animal (IMUSA) realiza campañas de concientización con insistencia. Las inspecciones suelen realizarse solo a partir de denuncias puntuales o tras un hecho consumado.
Según estimaciones oficiales, hay alrededor de 600 perros inscriptos en el registro, pero se presume que la cantidad real de ejemplares potencialmente peligrosos es muy superior. La responsabilidad social debe salir a la luz, urge que así sea.
Sanciones
El municipio santafesino dio a conocer que el propietario del animal que mató a "Garrafa" no solo enfrentará sanciones económicas severas, sino también la obligatoriedad de realizar trabajos comunitarios, una medida que busca resarcir, al menos en parte, el daño causado a la comunidad.
Se espera que las mismas sirvan de referencia para personas que tienen comportamientos similares con sus mascotas peligrosas. Lamentablemente, vamos detrás de la tragedia, es momento de anticiparnos. Se necesitan sanciones ejemplares.
Somos hijos del rigor
A modo de reflexión final, este texto es una invitación a pensar, actuar y comprometerse cuando asumimos la responsabilidad de tener un animal como mascota y también, cuando vemos situaciones potencialmente peligrosas. Existe una normativa para cumplirla, está claro que el municipio deberá controlar porque en muchas oportunidades así funcionamos.
Un perro con potencial de daño, en manos de un dueño negligente, es un arma cargada que puede dispararse en cualquier momento, sin distinción de a quién le pueda tocar. El espacio público es de todos, no de quienes deciden habitarlo con soberbia, como si fueran los únicos, sin pensar en el otro.
Datos a tener en cuenta
Quienes tienen un perro de raza potencialmente peligrosa pueden inscribirlo en el IMUSA o a través de la página web del municipio.
En el caso de detectar una situación peligrosa, podemos denunciar.
Se puede solicitar asistencia a través de WhatsApp o mediante la línea de Atención Ciudadana 0800 777 5000.
Qué los hechos ocurridos y sobre los que no podemos actuar sirvan para proteger las vidas en el presente y a futuro.