Bajar la edad de punibilidad: ¿un debate pendiente o el resultado de un fracaso social?
La brutalidad del caso Monzón pone de relieve la necesidad de un debate profundo sobre el sistema penal juvenil y las políticas de prevención en Argentina.
Marcha por Jeremía Monzón en Santo Tomé. Se pidió por la Ley Jeremías: "Justicia es bajar la edad de imputabilidad", reza el cartel.
El horrendo crimen de Jeremías Monzón puso sobre la mesa un debate que nunca termina de cerrarse, pero que cada vez grita con más fuerza: la baja en la edad de imputabilidad. La brutalidad del hecho no solo deja una familia destrozada, sino que expone una realidad incómoda: adolescentes de 14 y 16 años cometiendo actos de una ferocidad adulta, mientras el sistema legal parece observar desde la impotencia.
Los propios integrantes de la justicia aducen que actúan en función de la legislación vigente. En tanto, para la familia de la víctima, la normativa que rige actualmente pone a los menores de 14 a disposición de la Secretaría de Niñez en lugar de un penal, lo que para ellos se traduce en una palabra letal: impunidad.
Entre la "mano dura" y la prevención
El arco político ha retomado la bandera del "a delito de adulto, pena de adulto", impulsando una reforma integral del Régimen Penal Juvenil. Sin embargo, esta postura (bajar la edad para ser punible) choca de frente con visiones como la de la Pastoral Carcelaria de Santa Fe. Uno de sus responsables lo dejó en claro: bajar la edad de punibilidad es una "idealización" si no se atacan las causas de raíz.
¿Es la cárcel la solución o simplemente un depósito para esconder el fracaso de nuestras políticas de prevención? El sistema carcelario actual está saturado. Proponer el ingreso de jóvenes de 13 o 14 años (no es lo mismo una edad que la otra) requiere no solo celdas, sino de una infraestructura de tratamiento específico. Pero si miramos lo que ocurre en la actualidad... ¿puede el área de niñez controlar a los imputados de 14 que tiene bajo su órbita?
Me viene a la memoria la muerte de "Nicolás" en 2016, en un hecho de violencia doméstica cuando el niño debía ser acompañado por el área porque ya se habían registrado otros hechos. Esta falla tuvo como consecuencia el alejamiento de los responsables de ese ámbito de conducción.
El rol del periodismo
En este escenario, más allá del impacto emocional, el periodismo enfrenta un desafío ético mayúsculo. No podemos ser meros amplificadores del morbo ni limitarnos a transmitir el "llanto desconsolado" que nos llega al corazón. Nuestra responsabilidad es informar con precisión técnica ante cada avance en la causa.
En Santa Fe, se ha demostrado un compromiso firme con la precisión, evitando caer en el amarillismo fácil a pesar de la crudeza del caso Jeremías. Informar con fundamentos sólidos implica no quedarse en la superficie de la noticia. Nuestra tarea es preguntar: ¿Bajar la edad alcanza?
Es nuestra responsabilidad periodística confrontar los proyectos de ley con la realidad de los barrios de nuestra ciudad, donde las ausencias a menudo son reemplazadas por el sistema perverso del delito. Por lo que insisto que es primordial poder poner sobre la mesa los datos a favor y en contra de esta iniciativa. Debatir con fundamentos, no solo por el dolor del momento.
Si el periodismo solo muestra el crimen y no las causas, estamos omitiendo parte de la verdad. Al dar lugar a todas las voces -pastoral, política, justicia y sociedad civil-, ayudamos a que la audiencia comprenda que nos ocurre y en tal caso, podremos responder si estamos ante un fracaso social sistémico.
La función social como comunicadores en estos casos es elevar el debate, exigiendo que las soluciones propuestas por la política no sean meros eslóganes de campaña, sino políticas públicas que realmente frenen la violencia antes de que siga convirtiéndose en tragedia.
Es oportuno destacar que, no se legisla solo por un caso puntual, se debe analizar si se justifica, si se relaciona con otros casos, si puede ayudar a más personas. Una de las tareas en las que podemos sumar es en buscar y conocer las propuestas, los fundamentos que se esgrimen sobre una u otra iniciativa.
Familiares y amigos de Jeremías Monzón reclamando justicia por el crimen del adolescente.
No es el mismo decir 13 que 14 años, ¿qué dicen los distintos actores sobre este tema? Y como sociedad, no expresarnos desde el enojo o el dolor, sino leyendo, escuchando y pudiendo analizar los fundamentos para tomar posición. Humanizar sin justificar, es mostrar la realidad de la exclusión sin que eso signifique restarle responsabilidad al autor del crimen, porque asistimos a un cambio social que nos interpela.
Esta semana compartimos anuncios sobre obras escolares pensando en el ciclo lectivo 2026. Los menores involucrados en el caso Jeremías estaban en el sistema. Sin embargo, si pensamos en un chico de 14 o 16 los imaginamos estudiando, saliendo, jugando deporte, no realizando y filmando crímenes macabros para redes sociales.
La violencia digital y la viralización de la tragedia son síntomas de una sociedad que ha perdido el respeto por la vida y la empatía con el otro.
Una respuesta que se debe debatir
Ante la consulta por este caso a la sociedad, el clamor es unánime: cárcel. Pero al discutir cualquier iniciativa, debemos estar seguros de que además de purgar sus responsabilidades, no terminarán siendo rehenes de un sistema perverso del delito que busca alfiles por doquier.
De un lado, la Iglesia dice "Más oportunidades que penas". Pero también es cierto que el Estado le debe una respuesta concreta a la familia de Jeremías y a las que sufren situaciones similares. ¿Bajar la edad de imputabilidad servirá para frenar este tipo de delitos violentos? ¿Qué pasa hoy con estos menores en libertad? ¿Es un peligro para los otros? ¿Están correctamente controlados?
Jeremías Monzón cruelmente asesinado por dos adolescentes de 14 años.
El debate debe ser sólido, alejado de los intereses partidarios y centrado en la reconstrucción del tejido social. No todo está perdido, pero para avanzar debemos recuperar los valores de cuidado y autoridad que hemos cedido.
La justicia por Jeremías no vendrá solo de un cambio en un código penal, sino de un compromiso real por rescatar a una generación que en algunos casos, no en todos, por favor, parece ver hoy en el delito una solución.
"La familia de Jeremías exige -con justa razón- una respuesta penal. Pero como sociedad, no podemos caer en la simplificación de creer estos cambios acabarán con estos hechos. El debate debe ser honesto: bajar la edad puede ser una herramienta de justicia, pero sin contención, seguirá siendo la firma de nuestro propio fracaso social."
El debate está abierto, discutir con fundamentos y escuchando a los expertos es lo que necesitamos para que esta discusión sea sólida y no solo la reacción frente a un hecho o un posicionamiento político.