"Emma Zunz" es un cuento de Jorge Luis Borges. Fue publicado en 1948 en la revista Sur e incluido, años después, en la antología "El Aleph". Emma Zunz es el nombre de la protagonista, una obrera textil que decide matar a su jefe, un hombre llamado Aarón Loewenthal, porque lo considera responsable de haber empujado a su padre al suicidio.
Borges y el ADN
Un cuento del extraordinario escritor argentino plantea un dilema moral en torno al crimen, la venganza y la justicia. La tecnología actual podría haberlo revelado todo.

El plan de venganza de Emma empieza llamando por teléfono a Loewenthal para solicitarle una entrevista con el pretexto de contarle detalles de una huelga que estarían organizando los trabajadores de la fábrica textil.
Luego Emma pasa por un burdel del puerto donde levanta un cliente, un marinero de un buque sueco, y después de tener sexo con él se dirige a la fábrica a su encuentro con Loewenthal. Ya en el lugar, y en un momento de distracción, Emma toma un revólver y lo mata.
Cuando llega la policía, les dice que lo mató porque abusó de ella. Se supone que un médico forense corroborará la declaración de Emma al comprobar las huellas que quedaron en el cuerpo tras su encuentro sexual con el marinero.
Aunque el narrador parece admirar el ingenio de Emma y su plan de venganza, no sabemos realmente si el plan tiene éxito, si la policía acepta la versión del abuso, descartando una relación consentida. Lo que sí sabemos es que el plan de venganza de Emma no funcionaría hoy.
No funcionaría en un mundo donde existen las pruebas de ADN, que demostrarían que Loewental no tenía nada que ver con el supuesto abuso sufrido por Emma.
El ADN, o ácido desoxirribonucleico, es una sustancia que se encuentra en el interior de las células y que porta, codificadas mediante ciertas moléculas, las instrucciones para que cada célula haga lo que debe hacer para reproducirse, producir las sustancias necesarias para funcionar y mantener al organismo con vida.
Fue descubierto en 1869 por el médico y biólogo suizo Johan Miescher aunque su función no se comprendió completamente hasta mediados del siglo XX. Dos individuos de la misma especie, por ejemplo, dos personas, comparten aproximadamente hasta un 99,9% de su ADN.
Eso deja un 0,1% que es distinto para cada individuo y tan exclusivo como una huella digital. Y así como un asesino puede dejar sus huellas digitales en el cuerpo de la víctima, en el arma homicida o en la escena del crimen, también puede dejar sangre, saliva, pelos o piel que llevan una "huella digital genética" en el ADN de sus células.
El uso de esta huella genética como medio de identificación fue desarrollado en 1984 por el biólogo británico Alec Jeffreys. El primer caso de un crimen resuelto mediante ADN ocurrió en Inglaterra en 1986 durante un juicio por el asesinato de dos mujeres.
No solamente se identificó al autor de las muertes sino que también se probó la inocencia de otro de los sospechosos porque su ADN no coincidía con el encontrado en la escena del crimen. Borges murió en 1986. Probablemente no llegó a saber que la tecnología se había vuelto obsoleta la estrategia de una de sus heroínas.
El autor es docente y divulgador científico.












