En Argentina —como en gran parte de América Latina— el acceso al primer empleo formal no es solo un desafío: es una barrera estructural. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo, los jóvenes tienen más del triple de probabilidades de estar desempleados que los adultos.
El impacto de la primera oportunidad laboral en los jóvenes

Este dato, lejos de ser una estadística más, marca un punto de partida claro: no todos arrancan desde el mismo lugar. Y en ese contexto, el primer trabajo cobra un valor que muchas veces se subestima.
A lo largo de mi experiencia trabajando con equipos jóvenes, hay algo que se repite: el primer empleo no es solo una oportunidad laboral. Es, sobre todo, una instancia formativa. Es donde se aprende a asumir responsabilidades, a trabajar en equipo y a resolver situaciones concretas. Pero también —y quizás más importante— es donde empieza a construirse la confianza.

Confianza en uno mismo. En lo que uno puede hacer y llegar a ser.
Por eso creo que cuando hablamos de empleo joven, no alcanza con hablar de generación de puestos de trabajo. La verdadera discusión pasa por la calidad de esa primera experiencia.
En Arcos Dorados, ese desafío es central. Hoy somos uno de los principales empleadores de jóvenes en Argentina: contamos con más de 14.000 colaboradores, y el 85% tiene entre 16 y 25 años. Para muchos de ellos, este es su primer contacto con el mundo laboral formal.
En Santa Fe, específicamente, empleamos a 722 personas, de las cuales 641 forman parte del equipo operativo. De ellos, el 38,4% se encuentra transitando su primer año en el mundo laboral formal, mientras que el 61,6% restante ya lleva más de un año en la compañía, consolidando esa primera experiencia y desarrollando su crecimiento laboral.
Más allá de los números
Pero más allá de los números, lo que buscamos construir es otra cosa. Buscamos que ese primer paso tenga sentido. Que no sea solo una etapa transitoria, sino una experiencia que deje herramientas concretas para el futuro.
Por eso invertimos en formación —a través de iniciativas como MCampus—, promovemos esquemas flexibles que permitan compatibilizar estudio y trabajo, y generamos oportunidades reales de crecimiento interno como muchos de nuestros líderes que comenzaron su recorrido en posiciones iniciales.
Actualmente, los 641 colaboradores operativos participan y/o participaron de instancias de capacitación en distintas áreas: recursos humanos, seguridad e higiene, procesos y operativa. A su vez, más de la mitad de los jóvenes que trabajan en los locales de la provincia se encuentran estudiando, combinando formación académica con sus primeros pasos laborales.
Ese recorrido —que combina formación, experiencia y posibilidades de desarrollo— no es casual. Habla de una cultura, y es parte de una forma de entender el desarrollo.
En los últimos años, vimos cómo esta mirada también impacta en el clima y la cultura organizacional. Haber sido reconocidos como la compañía N°1 en el ranking de Great Place to Work no es un punto de llegada, sino una señal de que cuando se construyen entornos donde las personas pueden desarrollarse, los resultados llegan.
Y en el caso de los jóvenes, ese impacto es aún más profundo.
Porque en un mercado laboral cada vez más exigente, donde las habilidades prácticas y la experiencia empiezan a tener un peso cada vez mayor, el primer trabajo puede marcar una diferencia real en el largo plazo. Si ponemos el foco en Santa Fe, un 11,2% de los actuales líderes comenzó su recorrido en posiciones iniciales, creciendo dentro de la compañía a partir de esa primera oportunidad.
Por eso, más que preguntarnos cuántos empleos se generan, quizás la pregunta más relevante sea otra: qué tipo de primeras experiencias estamos ofreciendo.
Porque en ese primer paso —muchas veces subestimado— no solo se define un ingreso. Se empieza a construir un camino.








