"¿Quién es ese tercero que camina siempre a tu lado?", pregunta T.S. Eliot en "La tierra baldía". Ese es el epígrafe que eligió Pablo Bigliardi para "Algo nos salvará", su nuevo libro de relatos (publicado por Homo Sapiens Ediciones).
Algo nos salvará
Pablo Bigliardi nos sumerge en una narrativa donde el sueño se convierte en la trama, revelando la fragmentación de la identidad y el misterio del doble cuántico.

Eliot toma la idea de una anécdota que cuenta el explorador Ernest Shackleton. En su travesía por Georgia del Sur, él y sus dos compañeros sentían que había una cuarta persona caminando junto a ellos.
En este nuevo libro, esa presencia es la de un doble cuántico -o Doble Q- que aparece en los sueños del protagonista, en principio para ayudarlo en situaciones difíciles. Después las cosas cambian. Bigliardi propone una colección de relatos modelados sobre el registro de sus sueños.
Históricamente, el sueño entró en la literatura con una justificación funcional o como un marco de seguridad. Argentina tiene una tradición muy rica en el tratamiento de lo onírico, tal vez por su estrecha ligazón con el fantástico.
Pensemos en que para Jorge Luis Borges la vigilia es solo otro orden del sueño. En "Las ruinas circulares", el acto de soñar es demiúrgico. Julio Cortázar confesaba que muchos de sus relatos nacían directamente en sus pesadillas y que su escritura era un intento de tolerar ese material.
"La noche boca arriba" es el ejemplo definitivo de la inversión de jerarquías entre vigilia y sueño. Y en Silvina Ocampo, en cambio, los sueños son crueles, infantiles y ambiguos, hibridan la realidad cotidiana con la distorsión del deseo.
Hoy ya no se usa el sueño para explicar una trama: el sueño es la trama. Pasar del relato de la vigilia al relato del sueño traslada la autoficción hacia el territorio del inconsciente. El yo deja de ser testigo lúcido de su biografía para convertirse en un sujeto pasivo de sus mitos nocturnos, un sujeto descentrado.
El soñante se convierte en objeto de su propia mente, es el perseguido y el perseguidor, la casa que se derrumba y el que la mira caer. Al abandonar la lógica causal del yo consciente, la narrativa se entrega a la lógica del deseo y del trauma.
Acaso los sueños propongan una literatura del yo despojada de la máscara social, donde la identidad se fragmenta y se revela más auténtica precisamente porque es ingobernable.
La edición de la materia prima del sueño para volverla "legible" sin que pierda su naturaleza extraña es el núcleo del problema de la escritura onírica: ¿cómo otorgar sintaxis y estructura a lo que, por definición, no las tiene?
La controversia surge entre los defensores del automatismo psíquico puro y quienes defienden la técnica de "traducción" que utiliza estructuras tradicionales del cuento para volver el relato accesible. Pablo no transcribe el sueño como un flujo inconexo, sino que lo traduce a una prosa lúcida que mantiene la atmósfera inquietante sin perder la claridad.

El resultado es una narrativa donde lo absurdo y lo distorsionado conviven con naturalidad y anulan la vacilación del fantástico de la que hablaba Tzvetan Todorov. Al pensar en la tradición genérica en que se inscribe el libro, esta convivencia nos obliga a hacer equilibrio entre el fantástico y el realismo y a abandonar las dos visiones para ubicarnos en una zona fronteriza.
Ante la ausencia de vacilación y la consecuente anulación del extrañamiento, ensayamos nuevos nombres: ¿estamos ante la presencia de un realismo documental introspectivo, de una continuación de la vanguardia surrealista, de un realismo psíquico, de la manifestación aumentada del hiperrealismo? ¿Estamos frente a una variante extrema de la literatura del yo?
En medio de estas discusiones aparecen los relatos de "Algo nos salvará" con su mapa de inconsciencia desbocada. Bigliardi se hace cargo del proceso de creación que analizaba Maurice Merleau-Ponty: la deformación coherente.

La deformación funciona primero atravesando la realidad del soñante, que "deforma" la familiaridad de la vigilia, y luego al transformar el material de sus sueños en crónica, al momento de la escritura.
El autor sostiene este proceso sin presentarse a sí mismo ni como heroico ni como poeta, ni siquiera como dueño de sus acciones, sino como un sujeto manejado por fuerzas que no se muestran. En el relato "Punto", el protagonista se siente como una marioneta o un títere, como un yo que ha perdido su soberanía.
Como resultado de esta ausencia de postureo, el sueño se erige en la sustancia de una identidad. Y como resultado de la escritura, Pablo logra que no nos sintamos extranjeros en su mundo. Lo acompañamos en su travesía onírica justamente porque y gracias a que la escritura domestica el caos.
Experimentamos estos relatos como fragmentarios y enigmáticos, pero también como un mundo coherente con sus propias leyes físicas. En "Cosecha roja", por ejemplo, la presencia de un hombrecito del tamaño de un juguete convive con la preocupación realista por la cosecha de trigo y los yuanes escondidos.
La presencia de un Ernest Hemingway liliputiense en un campo de trigo chino no es un error de continuidad, sino la manifestación de cómo el inconsciente procesa la historia: mezclando lecturas, cine y memoria familiar en un mismo plano.
La rememoración implícita en los relatos nos recuerda que nuestra memoria dista de ser cronológica y ordenada, que no está gobernada por las leyes de causa y efecto. La vivimos como un collage anacrónico en el que pueden convivir épocas y personajes distantes, la memoria familiar, la historia global y la literatura.
Se puede estar en el invierno de 1920 en París y, al mismo tiempo, recordar a una empleada del siglo XXI. En "Vie Bohème", el protagonista está atrapado en el París de la bohemia, pero su conciencia está "atrapada en un indirecto libre" que lo conecta con su vida original.
Aparecen figuras como Sándor Márai o Charles Aznavour en una yuxtaposición temporal que desafía la lógica de la vigilia. Bigliardi propone para el sueño una función política y vital. Como se plantea en "Siesta tornasol", la comunicación con el plano onírico busca "espabilar a los humanos" sobre el riesgo de la destrucción del planeta.
El título mismo sugiere una urgencia. La única salida de un mundo que resulta insoportable es el reconocimiento de nuestra propia duplicidad. "Algo nos salvará" sugiere que esa salvación reside, quizás, en recuperar la conexión con nuestra propia sombra.
El eje gravitacional del libro es esa sombra, la figura del doble cuántico, la entidad que acompaña al narrador en sus sueños. Pablo recurre a la física cuántica como metáfora estructural. La figura recurrente del Doble Q funciona como el nexo técnico que permite el traslado entre dimensiones y tiempos.
Aunque "invisible para los demás", el doble está adherido al cuerpo del narrador, lo guía o lo salva de desastres. En "Juglar", aparece para salvarlo de un accidente en un barrio peligroso que mezcla Italia con Rosario. En "La herencia de Gastón", el acoplamiento con el doble le devuelve la movilidad perdida por un veneno.
Pero no siempre ocurre así. Un punto crítico en la obra es lo paradojal y asimétrico del entrelazamiento, que acerca al soñante a su doble pero a la vez lo mantiene a distancia. Mientras el yo físico sufre las agresiones de la vigilia -las trompadas de los patovicas en "Punto" o el horror en el pozo de "Al Kahf"-, el Doble Q lo observa imperturbable.
No puedo sino verlo como una representación brutal de la fragmentación del sujeto contemporáneo y de la sociedad disuelta -y en red- del capitalismo tardío. "¿Quién es ese tercero que camina siempre a tu lado?". La pregunta se queda conmigo al terminar la lectura y va revelando toda su potencia. Abrazar su ambigüedad es un desafío vital.
Recordemos la propuesta de Robert Venturi, que se rebeló contra el "menos es más" del Movimiento Moderno y se manifestó a favor de la riqueza de significado, de la suma más que de la resta, aunque en esa suma aparezcan desajustes y ambigüedades.
Trasladado a la literatura esto implica, entre otras cosas, la capacidad de instalar una contradicción y negarse a resolverla. Creo que esto justamente hace "Algo nos salvará": nos enfrenta al misterio de la identidad desdoblada, a la conciencia de ser más de uno y a veces ni siquiera uno.
Me llevo de este libro preguntas que se hacen cada día más urgentes en la sociedad que habitamos y nos habita. Con algunas ambigüedades se puede convivir: ¿somos el que anda solo y también el que acompaña, somos el miedo y también el que se aterra? Y hay contradicciones que algún día tendremos que resolver. ¿Somos el que levanta al que se cae o el que mira imperturbable la desgracia del otro?
Sobre el autor
En consonancia con una tradición de los pueblos originarios de la Patagonia, Pablo Bigliardi se adjudica dos lugares: Saavedra, en la provincia de Buenos Aires, donde nació en 1968, y San Antonio Oeste, Río Negro, de donde son oriundos sus ancestros. Vive en Rosario desde 1991.
Es autor de las novelas "Determinación" (2013) y "El santo de saco viejo" (2015), así como de los libros de cuentos "REM" (2018) y "Al pie del sillón" (2019). Colabora como ensayista y periodista cultural en medios locales y nacionales, como Mirador Provincial, El Litoral, Página 12 y El Ciudadano, además de las revistas REA y Barullo.
Sinopsis de la obra
¿Qué sucede cuando la literatura, en vez de proponerse explicar el mundo, habita sus grietas?
En "Algo nos salvará", Pablo Bigliardi recupera la pureza automática del surrealismo para construir un mapa de lo imposible. en el campo de batalla de lo inconsciente, el mundo interior emerge como una cosecha roja de imágenes potentes y perturbadoras para capturar ese instante exacto en que la lógica se rinde ante la potencia de la visión.
Como en las mejores piezas del surrealismo pictórico, los objetos cambian de escala, los cuerpos se traspasen en una comunión tan íntima como inquietante y el yo se desdobla en un juego de espejos cuánticos donde la identidad es una sustancia maleable.
Así, un peluquero puede ser médico en París en 1920 o un esclavo en un pozo dominado por clanes orientales; puede quedarse con el dinero del gobernador o salvar a su amante de una golpiza.
En un tiempo en que la narrativa parece haber olvidado el poder de la invención, estos cuentos recuperan la capacidad de maravillar. Con este asombroso laberinto de lo nocturno, Pablo Bigliardi reafirma que el sueño es la manera más honesta de enfrentar fantasmas y derrotas.
S.I.













