"Lo esencial de la distopía es reflejar un mundo distanciado del real, pero que sirve para revelarlo"
El eco de la fractura
A propósito de "Los Bastiones de Rukterian. La Rebelión", novela distópica de Mirta Yngui.

Jean-Paul Engélibert (1)
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Retomamos las palabras de María del Pilar Rodríguez, que en su libro "Después del sol" (2), nos expresa lo siguiente:
"Se escribe en soledad. La hoja en blanco o la pantalla vacía y, sin más aliados que sus fantasmas y obsesiones, el autor intuye que habrá que dar pelea. Pero entre vientos y mareas la historia fluye. Los personajes cobran vida, se independizan y logran una autonomía que desorienta a quien suponía ser el administrador del relato (…)".
Seguramente Mirta Yngui, escritora santafesina de larga trayectoria, sintió esta experiencia infinita para construir su primera novela de ciencia ficción distópica: "Los Bastiones de Rukterian. La Rebelión".

En ese largo proceso creativo fueron surgiendo los elementos comunes que caracterizan esta variante de la narrativa: la desigualdad social extrema, hambre, control de todos los aspectos de la vida de los ciudadanos, pérdida de libertad de expresión y de privacidad, utilización del miedo para control, degradación ambiental y una catástrofe de salud.
Las distopías suman el miedo o la angustia, gobiernos tiránicos, desastres ambientales y un declive cataclísmico de la sociedad. Simplemente cabe recordar a los grandes maestros del género con sus obras emblemáticas, "Fahrenheit 451" (Ray Bradbury), "1984" (de George Orwell) y "Un mundo feliz" (de Aldous Huxley"), para introducirnos en el mundo creado por la autora.
Una característica común en los tres libros es el gran desarrollo tecnológico llevado a cabo en la sociedad. Esto también es extensible a nuestro mundo actual. Sin ir más lejos, estos libros predijeron innovaciones actuales, tales como las que aquí se decriben:
Escribir por reconocimiento de voz, la televisión, las cámaras de seguridad inteligentes y los teléfonos móviles (las telepantallas de "1984" y las " televisiones murales" del libro de Bradbury), la publicidad subliminal (la "hipnopedia" o "educación durante el sueño" de Huxley), los métodos anticonceptivos modernos, la modificación genética y los bebés probeta (aparecen en "Un Mundo Feliz").
E incluso elementos como los generadores de contenido de inteligencia artificial, a los cuales George Orwell llama "versificadores", o los "Airpods" de Apple, cuyos antecesores literarios son los auriculares "seashell" de Bradbury. Aunque parezca una ensoñación absurda, muchos escritores han fantaseado sobre cómo será nuestro futuro.
Mirta se atrevió a romper las barreras establecidas socialmente, aunque algunos lo imaginaron alegre y optimista, y escribieron lo que llamamos novelas utópicas; ella, sin embargo, imaginó y diseñó un futuro en el que el hombre se deshumaniza, y en el que la vida está controlada totalmente por grupos de mayor poder.
Surge así su novela distópica. Según la Real Academia Española, una distopía es una "representación ficticia de una sociedad futura de características negativas, causantes de la alienación humana". Es el término contrario al de "utopía", que usa por primera vez Santo Tomás Moro para referirse a una sociedad futura deseable.
Mientras avanzamos en la lectura de esta novela de ciencia ficción distópica, nos apropiamos de la intensa mirada de Mirta para aceptar que el mundo que conocimos no terminó con un suspiro, sino con el rugido de un océano que decidió reclamar sus dominios.
En apenas unas horas, la geografía de la memoria fue borrada por el cataclismo, dejando tras de sí un rompecabezas de islas aisladas, continentes desgarrados y un silencio tecnológico que devolvió a la humanidad a la humildad de la tierra y la piedra.
Rukterian no es solo un nombre en un mapa superviviente; es el último bastión de la esperanza y, al mismo tiempo, el laboratorio de una ambición silenciosa. Mientras en los valles de las Tierras Libres hombres como Saúl y Corys luchan por preservar la pureza de la esencia humana y la sencillez de la vida, en las sombras de los acantilados del sur, el misterio se gesta en probetas y laboratorios.
Allí, donde los Mentores custodian los restos de una ciencia antigua y prohibida, la evolución ha dejado de ser un proceso natural para convertirse en un diseño. Esta es la historia de un mundo dividido. Por un lado, la resistencia de quienes se niegan a olvidar el olor del perfume de una abuela o el calor de un hogar familiar.
Por otro, el surgimiento de nuevas razas: los imponentes turstens guerreros de ojos dorados, que surgieron por mutación y mestizaje con humanos del macizo selvático, y los pacíficos y sufridos turstens de las ciudades, de padres humanos que por un misterioso motivo mutaron y dieron origen a la nueva especie, quienes se llamaban a sí mismos "hijos de las estrellas".
También están los enigmáticos Alados, obra de los Mentores, seres nacidos por manipulación genética, utilizando jóvenes humanas traficadas, con la sola intención de diseñar una superespecie, sin importar que ello pudiera significar el sacrificio y, a veces, un amor traicionado.

Entre ciudades fantasmas que emergen de la ceniza y mares de sal que esconden secretos milenarios, se gesta una conquista que va más allá de los territorios de Sartus. Es la lucha por decidir qué significa ser humano en un planeta que ha dejado de reconocernos.
Es imprescindible recurrir a personajes como Corys, Saúl, Hásper y a lugares como el mar de la Sal, las ciudades fantasmas, las Bóvedas, para que el lector sienta una cohesión inmediata con la Parte 1. La propuesta de la narradora es enfatizar el choque entre la vida sencilla de los nativos "puros" y la manipulación genética realizada por los Mentores, que es el núcleo del conflicto de la obra.
El tono utilizado es evocador, épico y un tanto melancólico, que conecta el pasado perdido con la nueva y cruda realidad que se describe en los primeros capítulos.
La intención es sumergir al lector en la atmósfera sensorial y emocional de la distopía, utilizando recursos de estilo como la metáfora, la personificación (el mar como un ente vivo) y el contraste de texturas (la piel humana frente al metal de los Mentores).
Recorriendo el texto debemos asumir que el mundo no murió con un estrépito, sino con un zarpazo de agua y sombra. El Cataclismo no solo redibujó los mapas; devoró el tiempo mismo, dejando a la humanidad náufraga en un presente de ceniza y salitre.
Rukterian, esa gran isla de geografía herida, se alza hoy como un testamento de piedra frente a un océano que todavía ruge con el hambre de los siglos, guardando en sus profundidades el esqueleto de una civilización que olvidó cómo hablar con el cielo.
En los valles de las Tierras Libres, la vida se aferra a la pureza del surco y al sudor de la frente. Allí, el recuerdo es un tesoro peligroso: el aroma de un perfume antiguo o el azul de unos zapatos en la huida son las últimas anclas que sujetan a hombres como Corys a una humanidad que se desvanece.
Es un mundo de manos rudas y silencios largos, donde la tierra aún guarda el calor de los ancestros, pero el horizonte siempre devuelve el brillo gélido de la sospecha. Sin embargo, Rukterian tiene otra cara, una tallada en el frío metal de los acantilados. En las Bóvedas de los Mentores, el silencio no es paz, sino cálculo.

Allí, donde la ética se fundió hace tiempo en los crisoles del laboratorio, la vida ya no nace: se diseña. Entre muros de una blancura quirúrgica, se gestan los Alados, quimeras de carne y propósito que desafían las leyes de lo natural.
Es el reino de la perfección sin alma, donde el latido del corazón ha sido reemplazado por la eficiencia del código. A pesar de ello, en algunos Alados, sobre todo en Hásper, persiste en sus genes lo humano, la impronta materna.
Esta es la crónica de una colisión inevitable. La lucha entre el hombre que respira el polvo de los campos y el ser que despliega alas de laboratorio bajo una luz artificial. Es la historia de Hásper, un puente entre dos abismos, y de una conquista, la de Sartus, que marcará el destino de quienes aún se atreven a llamarse hijos de la Tierra.
Pero la novela plantea, que, no obstante, la cruzada de Corys con sus nativos puros, y la aparente y cada vez más difusa hegemonía humana, los acontecimientos propondrán la necesidad de una convivencia entre especies por elemental supervivencia.
El invierno del mundo ha terminado, pero lo que está brotando de la nieve negra no es lo que esperábamos y las imágenes que acompañan a la novela son el testimonio crudo.

De todos modos, como vislumbra Hásper, como vivencian Roni y Ludmila, o Coral y Parris, una sola cosa podrá elevarlos de ese destino de sobrevivientes que habitan a la deriva en un continente desmembrado y con pocas oportunidades de salida: el amor. Bienvenidos a los últimos bastiones de la voluntad y a los Bastiones de Rukterian. El eco del desastre aún resuena, pero el futuro está abriendo sus alas.
Referencias
(1) Escritor francés, catedrático de literatura comparada en la Universidad de Bordeaux-Montaigne, Francia. Está especializado en formas narrativas modernas y contemporáneas.
(2) Publicado por editorial CG, Santa Fe, año 2023. Para mayores detalles e información sobre esta obra, se puede ver: https://www.ellitoral.com/ opinion/poblar-soledades_0_m87MaOfECH.html.
La autora de esta nota es profesora en Letras UNL-Santa Fe.












