Durante el reinado de Carlos III de España, la creación del Virreinato en el Rio de la Plata, con cabecera en Buenos Aires, cambió de modo rotundo la estructura económica de las regiones que comprendía, lo cual fue un determinante fuerte del desequilibrio de poder comercial y político para la historia rioplatense.
Desequilibrios regionales en el territorio del Virreinato del Río de la Plata
La reorganización territorial bajo el virreinato impactó las economías locales, exacerbando desigualdades y centrando el poder en la naciente élite porteña.

Fueron seis las regiones que se eligieron para integrarlo, cercenándolas al gran virreinato del Perú que abarcó -durante el proceso de conquista y ocupación- todos los territorios hispanos en Sudamérica. Estos espacios, desde antes de la llegada española, poseían perfiles poblacionales diferentes, profundizados en los más de dos siglos transcurridos (XVI, XVII y fracción del XVIII), hasta 1776.
Sus características geográficas, productivas y comerciales eran notorias y, en consecuencia, tuvieron evoluciones disímiles.
Por otra parte, el cambio ideológico en la teoría económica, desde el rígido proteccionismo monopólico que imponía el mercantilismo, a la corriente fisiocrática -menos aferrada al metálico-, más productiva y práctica, alentaría rutas de comercio más directas y abrió la oportunidad de la legalidad al puerto atlántico.
Unir a Potosí con Buenos Aires implicaba acortar la ruta marítima del metálico, alargando el recorrido terrestre, pero por el interior virreinal. Una visión que arraigó en los Borbones pero que movilizó también a los otros dos imperios coloniales que navegaban buscando oportunidades de asiento y negocios, uno de los cuales -Portugal-, era el vecino que asediaba incansable los territorios rioplatenses.
El noroeste minero
Al comenzar el proceso de ocupación y conquista de Sudamérica, este espacio pertenecía al Imperio Incaico, uno de los primeros sometidos.
A la hora de organizar las tierras conquistadas, los Austrias eligieron el Perú para asentar al virreinato y a Lima como ciudad cabecera y puerto destinado a ser la puerta única para el ingreso de las manufacturas europeas y salida de los metales que se producían en la región, que iniciaban una complicada y peligrosa ruta por el istmo de Panamá, el Caribe y el Atlántico, bajo el desafío de la piratería inglesa
El Alto Perú era la región clave por las minas potosinas, pero, además era, aun antes de la conquista incaica, un territorio poblado por la etnia aymara, un pueblo que había alcanzado un alto nivel civilizatorio, con lengua escrita, conceptos de urbanización y trazado de caminos que conectaban su compleja geografía.
Durante su pertenencia al Perú mantuvo una importante vinculación con la gobernación del Tucumán que abarcaba las ciudades de, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Córdoba, Salta y Santiago del Estero, la cabecera se alternó entre estas dos últimas.
Toda la región se benefició del comercio movilizado por el ingreso de las importaciones, el derrame de la plata y el sistema de comunicaciones prehispánicos. que encontraba sus raíces en los antiguos caminos del inca.
El Paraguay y el Guayrá
Estos espacios habían cumplido un rol fundamental desde la ocupación fundacional, con la instalación del fuerte de Asunción y su función estratégica como "madre de ciudades", así como en el ejercicio de control de una frontera compleja con los portugueses en permanente expansión y ambición de extender su dominio mediante sus bandeirantes, cazadores de esclavos que asolaban a los guaraníes en sus pueblos jesuíticos.
Tuvo un valor económico tangible mientras Asunción fue cabecera de la gobernación y la región se convirtió en la productora y abastecedora de yerba mate, exportando a todo el espacio rioplatense. Fue una región que el virreinato rioplatense dejo abandonada a su suerte, agravada tal situación por la expulsión de los jesuitas.
La Región de Cuyo y la Patagonia
Cuyo comprendía a las ciudades de Mendoza, San Juan y San Luis y sus jurisdicciones, que dependieron de la Capitanía de Chile, en el siglo XVIII, fueron objeto de un cambio crucial al crearse el virreinato. Giraron su orientación productiva y comercial hacia los caminos que llevaban al Atlántico. Era una zona agrícola con grandes dificultades por la frontera con indígenas muy agresivos.
La Patagonia, en sus dos costas, fue un territorio disputado por objetivos diferentes en cada siglo. Inicialmente, en el XVI las expediciones se centraron en hallar y luego reconocer el Estrecho que lleva el nombre de su descubridor, Hernando de Magallanes.
El otro propósito era asegurar la soberanía española en el área previniendo el avance de ingleses y portugueses, que nunca descartaron su interés colonial (ya el mismo Magallanes, al explorar buscó al pirata con patente inglesa Sir Francis Drake). También se organizaron avances al interior patagónico en busca de la mítica "Ciudad de los Césares".
En el siglo XVIII, los intentos de las potencias marítimas pasaron del mero reconocimiento a los intentos de ocupación. A partir de 1760, ante el temor de usurpación inglesa, se intensificaron los viajes españoles como los de Francisco Machado y Nicolás de Lobato y Cuenca, en las costas pacíficas y los archipiélagos.
Importante fue la acción jesuítica en el territorio por el afán exploratorio, los logros cartográficos y las misiones que instalaron que fueron de corta duración por la expulsión de la Compañía en 1766.Todos lo referido a la necesidad de Carlos III de asegurar el dominio hispánico en la gran zona patagónica contribuyo a volcar el poder a la costa atlántica.
El Litoral y la Banda Oriental
Desde el siglo XVI se localizaban las ciudades de Santa Fe y Corrientes. La primera contaba con el primer puerto fluvial rioplatense y su jurisdicción abarcaba un enorme territorio con el entre ríos, adonde se multiplicaba el vacuno.
Enfrentaba una frontera caliente con los aborígenes del Chaco que desgastaban a sus pobladores y hasta pusieron en peligro su continuidad y, además, una larga puja con la ciudad de Buenos Aires que impedía su comercio fluvial, por desarrollar un intenso comercio ilegal entre un embarcadero en la boca del río de las Conchas (hoy Tigre), con la colonia de Sacramento, enclave largamente conflictivo sobre territorio de la Banda Oriental.
La Colonia, fundada por portugueses en 1680, alternaba de manos atraves del tiempo, pero, mientras era portuguesa, llegaban libremente a ella, productos de toda Europa, dando lugar al contrabando, problema que fue precisamente una de las cuestiones que se quería resolver con la creación del virreinato.
La fundación de Montevideo en 1724 tuvo como objetivo poner un obstáculo militar al avance portugués sobre esta zona, pronto también adquirió valor comercial compitiendo con Buenos Aires. El Tratado de San Ildefonso (1777) estableció los límites, que dejaron a la Banda Oriental bajo la jurisdicción del Virreinato del Río de la Plata.
Desde el punto de vista productivo poseía iguales características que el litoral y la zona rural bonaerense: explotación del ganado cimarrón, la producción de cueros y la cría de ganado en grandes estancias.
La creación del virreinato con cabecera en Buenos Aires, convalidó los negocios porteños crecidos al calor del contrabando, afianzó una elite dominante y al imponer que todas las producciones de las regiones integradas se dirigieran a este puerto produjo un desequilibrio en el desarrollo productico, comercial y político del territorio rioplatense generando una realidad que se volvió inmodificable.
Contenidos producidos para El Litoral desde la Junta Provincial de Estudios Históricos.












