Con un epígrafe de Antonio Machado y una pregunta con cita de yapa al gran Francisco de Quevedo, el poemario "Ceremonias de la locura", de Julio Luis Gómez (Vinciguerra, Colección Metáforas), rinde homenaje a la poética española más clásica desde su inicio.
Reflexiones sobre "Ceremonias de la locura" y "Reescrituras"
Mirada profunda sobre las obras poéticas de Julio Luis Gómez, donde la historia argentina, el amor, los mitos y el lirismo clásico dialogan con maestría.

Los temas oscilan entre poemas amorosos, poemas dedicados a personalidades históricas, mitológicos y religiosos, además de algunos dedicados al río, a seres que ya no están entre nosotros, a víctimas de los bombardeos de la guerra, a la colonia de Esperanza y en ella al gran José Pedroni, quien inmortalizó en sus versos las realidades injustas vividas por los inmigrantes que la fundaron.
Si bien los temas de los poemas son variados, la forma y estructura de cada poema en sí mismo hace gala del uso de los recursos lingüísticos propios de la poética española, en versos firmes y decididos, a la vez que breves y elocuentes. El uso de la retórica y la metáfora, a la vez que las analogías y reelaboración de sitios o personalidades históricas es excelente.
"Amantes en su fuego derramados fuimos", "Ahora que los días y los años/ han injuriado nuestra sombra en pena", escribe en alguno de sus poemas amorosos, y en otro: "Y fue el tiempo de andarnos conmovidos/ piel a piel, rostro a rostro, estremecidos".
"Cada vez que su pueblo se levante/ para decir que nadie es más que nadie/ y en libertad campee por su vida/ allí estará Mariano/ mi Mariano". La actualidad de estos versos pone sobre la mesa las verdaderas grietas de la historia argentina.
"Curtidos en degüellos/ separan la cabeza de ese cuerpo,/ festín de los caranchos", dice en algunos de ellos. "He limpiado la tierra de esos gauchos./ Lo espero en el infierno,/ Domingo Faustino", dice en otros. "(...) Como aquel que en las islas numerosas/ de las aguadas firmes sabe el rumbo", dice en algún poema fluvial.
Pero también aparecen Helena de Troya, Andrómaca, Ulises, Esparta. "Los angustiados ojos de los niños/ otean el horror. Alzan las madres/ los cuerpecitos indefensos,/ la tierra ya es fosa común para esos ángeles", dice. Y "manantial de tu gracia bendecida/ lavándome la culpa más siniestra", cierra con un poema religioso.

Como verán, la sangre de la historia argentina, las guerras épicas de la mitología griega, el delta del río, el amor, los niños asesinados en la guerra, la religión, todos estos temas son tratados con altura lírica y hermosa poética en la voz de Julio Luis Gómez. Voz potente y exquisita que no tiene miedo de poetizar las heridas que aún hoy permanecen abiertas...
Troya, Ulises, Jesús y mucho más
En la primera parte del poemario "Reescrituras" (Vinciguerra, Colección Metáforas), Julio poetiza las historias de Troya, Ulises y Jesús. En la segunda, propiamente sus "reescrituras", retoma versos y palabras de grandes poetas admirados y los reedita en su propia voz lírica construyendo poemas propios.
Aparecen entonces Jorge Manrique, San Juan de la Cruz, Lope de Vega, Sor Juana Inés de la Cruz, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Leopoldo Lugones, Jorge Luis Borges, Antonio Requeni, César Bisso, Juan L. Ortiz, Eugenio Montale y Álvaro Mutis.
La lírica de Gómez, evidentemente, brota como manantial en versos como: "Cabalgan nuestros fuegos en la noche", "encendió el amor en nuestros labios/ sorpresa de aquel beso inaugurándolo", "me arrastro en mis pecados", "aurora de tu piel estremecida,/ gozo de varonía enardecida", "Un vendaval de sombra arremolina/ al corazón perdido en su espesura".
Y, en "A la Victoria de Samotracia": "Vuelan aún los pliegues de tu manto,/ desnuda transparencia me provoca./ Quisieran ser los besos de mi boca/ razón de tu existir, luz de tu encanto.", "llevarte en carne viva",/ "y que la muerte/ no sepa de tu atajo, fugitiva,/ creyéndote de mármol, siempre inerte".
La forma de imbricar los versos o palabras de otros poetas en poemas propios es tan admirable que no se puede decir, a ciencia cierta, quién escribe a quién.
La orfebrería artesanal de la voz de Julio Luis Gómez en esta obra sigue su estilo: poemas breves, sintéticos, condensados, polisémicos, que abrevan en el lirismo más clásico de la poesía española, esto se nota más que nada en el ritmo, construido con rima asonante preferentemente en "a" o en "o".












