La LIJ, así llamamos los amigos a la Literatura Infantil y Juvenil (1), luego de sus duros inicios, por fin ya se hizo grande. Por mucho tiempo, fue la "hermana pobre" de la Literatura. Pero creció y ya nadie le discute el derecho a ser llamada literatura, siempre y cuando pertenezca al mundo del arte y no al de tantos "refritos" que andan circulando.
La literatura infantil ya es mayor de edad
El reconocimiento de la literatura infantil como arte responde a su capacidad de comunicación estética entre adultos y niños, adaptándose a sus necesidades.

Es más fácil hablar de algunas literaturas cuando las circunscribimos por su carácter preponderante, ya sea nombrándolas por un gentilicio, por ejemplo literatura española, literatura alemana, es decir que hemos recurrido a un parámetro geográfico. Cuando hablamos de literatura medieval, literatura moderna, etc., la clasificación pasa por la sincronía del "corpus".
Y así, si la denominamos literatura dramática, literatura folclórica, nos estaremos refiriendo a un género, a un estilo, a sus orígenes, etc. Si la llamamos regional, meridional, etc., hacemos referencia a lo "situado" de esa literatura. Así, los ejemplos son infinitos. Pero en el caso de la literatura infantil, ya no es tan fácil fijar sus límites.
Para ella, su problemática es otra y por ende diferente ya que "es un acto de comunicación, de carácter estético, entre un receptor niño y un emisor adulto, que tiene como objetivo la sensibilización del primero y como medio, la capacidad creadora y lúdica del lenguaje y debe responder a las exigencias y necesidades de los lectores". (2)
"Dos de la características fundamentales y diferencias de las obras literaturas para niños: el vocabulario y el estilo (...) los recursos que se emplean para este tipo de obras, no pueden ser los mismos que se utilizan en al literatura para adultos".
"Este planteo reconoce la existencia de una limitación para los escritores, la necesidad de una nueva forma de análisis para la crítica y la exigencia de criterios de selección para padres y maestros, que son los que suelen poner libros en mano de los niños". (3)
Desde su definición podemos rastrear su historia. Lo de literatura infantil nos señala que es la destinada a los niños. Eso nos marca su propia antigüedad; su historia nace con el descubrimiento que la sociedad hace del niño. Alguien dijo que el niño es un invento del siglo XIX. Prefiero pensar que el niño es un descubrimiento anterior.
Recién cuando la psicología (y la psicología evolutiva principalmente) comenzó a descorrer los velos sobre el psiquismo infantil, la pedagogía y la didáctica aprendieron de ella que el niño posee necesidades e inclinaciones que le son propias.
Paul Hazard, reflexionando sobre esto, llegó a decir que si durante siglos no se pensó siquiera en dotar a los niños de trajes adecuados, ... ¿cómo se pensaría siquiera en brindarle libros para ellos? Un claro ejemplo lo da el famoso óleo "Las meninas", de Diego Velázquez.
En cuanto estamos ante el cuadro, lo primero que salta a la vista es la alhajada figura de la infanta Margarita Teresa de Austria, hija del rey Felipe IV y Mariana de Austria, quien en el cuadro tenía 5 años y antes de aprender a caminar ya estaba prometida en matrimonio con su tío, Leopoldo I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, claro ejemplo de lo que luego llamaremos homunculismo.
Recién cuando se dejó de creer que el niño era un hombre chiquito y que esa única diferencia desaparecería con el tiempo, la cultura occidental fijó su atención en las características de cada etapa de la vida infantil. Y fue recién entonces cuando se pensó en destinar para cada estadio de esa infancia, cuentos y poesías que respetasen esa zona de vida, esa edad mental.
Es en ese momento cuando surge el fenómeno llamado Literatura Infantil. Pero hubo algo que se destinó desde siempre a los bebés, a los muy pequeños: las nanas, las canciones de cuna. Existieron antes que la imprenta y se trasmitieron (¡Y se trasmiten!) en forma oral.
Cuando apareció la imprenta, fue un gran salto para lo que se destinaría a los niños. John Newbery (1713-1767), considerado "el padre de la literatura infantil", editor inglés, vio que esta literatura podía activar el mercado literario y se aplicó a ella.
Fue la Organización Internacional para el Libro Juvenil (IBBY su sigla en inglés, por International Board on Books for Young People) la entidad que eligió el 2 de abril para celebrar el Día Internacional del Libro Infantil en 1967, y conmemorar así el nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen (nacido el 2 de abril de 1805), autor de clásicos como "El patito feo", "La sirenita", "El traje nuevo del emperador", "La reina de las nieves" y "Pulgarcita".
Para hacerle verdadera justicia, habría que destinarle tiempo para leer su biografía. Incluso hay casi una confesión del autor cuando dice que en realidad él es el patito feo. Andersen fue también poeta y si se leen en profundidad sus cuentos, hasta hay en ellos una crítica social. "Uno de los aspectos más revolucionarios fue la forma de escribirlos", le dijo a la BBC Jens Andersen, autor de la biografía "Hans Christian Andersen: una nueva vida".
"Eran muy orales, algo totalmente novedoso, y mal visto. Despertó rechazo, pero fue gracias a eso que creó una literatura tan vibrante". "Los animales, se expresan claramente: un ruiseñor canta verdades que un emperador no quiere oír, y una mariposa reflexiona 'Vivir no basta. ¡Se necesita sol, libertad y una pequeña flor!'. Cada historia es una miniatura que parece simple, pero habla de lo humano". (4)
Y el círculo iniciático de los cuentos para niños, en la historia de su literatura, se completa cuando citamos aquellos nombres que la redefinieron, que la rescataron de la oralidad, que dejaron brotar su ingenio y fantasía y la escribieron. Por orden cronológico, primero cabe mencionar a Charles Perrault (1628-1703), un escritor y funcionario francés.
Le abrió las puertas a la literatura infantil moderna y le dio forma literaria a cuentos de hadas clásicos como "Pulgarcito", "Barba Azul", "Caperucita Roja", "La Cenicienta", "El Gato con Botas" y "La Bella Durmiente". Luego están los hermanos Grimm, Jacob (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859), inolvidables narradores y célebres filólogos alemanes.
Los hermanos Grimm hicieron un inmenso aporte a la lengua alemana, al popularizar varios relatos tradicionales. Dieron a conocer, por ejemplo, una famosa versión de "Blancanieves", una de las más populares de la literatura universal, la que engrosó su extraordinaria recopilación en dos volúmenes titulada "Cuentos de la infancia y del hogar" (1812 y 1815).
Esta obra fundamental de la tradición oral germánica reúne una colección de clásicos como "Hansel y Gretel", "La Cenicienta", "El príncipe rana", "Rapunzel" y "La Bella Durmiente". Cierra este círculo feérico el propio Hans Christian Andersen (1805-1875). Gracias a todos estos autores tenemos para deleitarnos, tanto grandes como chicos.
Aclaraciones
(1) ¡Por favo: infantil! No infanto.
(2) Perriconi, Graciela y otras. "El libro infantil. Cuatro propuestas críticas!. Editorial El Ateneo. Bsuenos Aires, 1985. Página 6.
(3) Merlo, Juan Carlos. "La literatura infantil y su problemática". Editorial El Ateneo. Buenos Aires, 1986. Página XV.
(4) A fuerza de ser honesta, no nombro al autor de esas citas, pues las recobré de apuntes que tenía.










