Por Alejandro Larriera

En una proeza que nunca nadie antes (y nunca nadie después consiguió), Alejandro Larriera unió las costaneras de Coronda y Santa Fe nadando contra la corriente durante más de una jornada y sin frenar. El error en el cálculo y las influencias de su propio padre y Florencio Romero en una travesía que al día de hoy ningún nadador se animó a repetir.

Por Alejandro Larriera
A las 18 horas del 26 de Diciembre de 1988, en un acto de inconsciencia planificada y acompañado por una quincena de nadadores, amigos, médicos y fiscales, distribuidos en un barco, dos lanchas y dos piraguas, partí de la costanera corondina con rumbo a Santa Fe para lograr lo que nadie había hecho.
Honestamente, no era eso un objetivo en sí mismo, subestimé el esfuerzo tomándolo como un entrenamiento para algo más grande. Hacía un par de semanas había nadado mi sexta Santa Fe - Coronda, unos meses antes el Lago San Juan, y mi gran meta para este verano era nadar Santa Fe-Rosario y sumar antecedentes en pos de la invitación a la “Doble San Juan” en Canadá.
Nadar en contra de Coronda a Santa Fe, en mi planificación era la preparación para el gran desafío de marzo. El raid a Rosario lo estimaba en 24 horas y mi muy mala estimación de la prueba corriente en contra era de 18 horas. Terrible equivocación, el entrenamiento terminó siendo más largo que el gran desafío.
El único intento anterior (y posterior) para Coronda - Santa Fe había sido el del querido Florencio Romero unos años antes, pero tuvo que abandonar a la altura de Sauce Viejo. El mismo Florencio fue mi director deportivo en este intento.

Sin entrar en tecnicismos, mi error de 7 horas en el cálculo de la duración se basa en que todos los chequeos de ruta previos, los hice en el tramo entre Sauce Viejo y Santa Fe, sin saber que cuando las aguas no están muy altas, el río se “encajona” en el tramo entre Coronda y Sauce, haciendo que corra más fuerte.
Las supuestas 8 horas de la primera mitad, terminaron en 15, peor imposible. Finalmente, la segunda parte se dio dentro de lo calculado para hacer un total de 25 horas, 11 minutos y 29 segundos al tocar la escalinata de la cabecera del Dique 1 del Puerto.
Por aquellos tiempos, estaba muy habituado a nadar corriente en contra. Tres veces por semana hacía la vuelta a la “Isla del León”, frente al Club Náutico Sur. Era un entrenamiento cómodo, no tenía que molestar a nadie, dejaba el coche en el Náutico, me tiraba al agua, cruzaba el río a la isla y luego el regreso.

Treinta minutos a favor y una hora y media en contra. Esta experiencia me enseñó a nadar pegado a la costa por lo “playito”, que es donde corre menos. Pero claro, también es donde hay más riesgos de pegarle a algo, y sobretodo mucha fauna.
Sin dudas que nadar más de 25 horas corriente en contra y con agua caliente es una exigencia enorme, pero el esfuerzo mental de soportar picaduras de todo tipo con camarones, mojarras bravas, dientudos y varias palamentas que se entretenían con mi cuerpo, lo supera ampliamente.
Creo que en gran medida esta es la razón para que nadie lo haya intentado después, no porque no se pueda batir el récord, sino porque hoy nadie le encuentra el sentido al desafío.

La historia dice que en el marzo siguiente nadé desde Santa Fe a Rosario con éxito y conseguí mi ansiada invitación a la Doble San Juan en la que no tuve tanto éxito. Al año siguiente corrí mi última maratón, con mi mejor tiempo histórico y mi peor ubicación también. Un claro mensaje llamando al retiro.
La vida siguió con grandes realizaciones familiares y profesionales, pero a los fines prácticos, luego de siete Santa Fe Coronda y más de 50 competencias locales e internacionales, en el ámbito de las aguas abiertas se me reconoce aún como el único loco que nadó en contra la carrera.

Ese entrenamiento mal planificado, con la complicidad de Degano, Fleitas, Vignolo, Araya, Fael Navarro, Edu Mosso, López Domínguez, Florencio, obviamente Carlos Larriera y una cantidad incomprensible de gente apoyando, hicieron que esa prueba me convierta para las estadísticas, en la persona que más tiempo y distancia nadó corriente en contra alguna vez en el mundo, y me incluya en el célebre “club de las 24 hs”, que reconoce a las algo menos de 200 personas que en la historia, nadamos más de un día de corrido.
La verdad es que subestimé la prueba antes de hacerla, y a pesar del esfuerzo y dolor que demandó, también la subestimé después, pero hoy, a casi 40 años del evento, ya le estoy tomando cariño.