I
Cotidianas lecciones políticas
En un tedeum sin sorpresas, Milei escucha con atención mientras monseñor García Cuerva aborda temas de pobreza y paz, reflejando la doctrina social de la Iglesia. La justicia avanza contra Cristina, exigiendo la devolución de bienes, a la vez que la sombra de un régimen cleptocrático persiste entre los kirchneristas.

Una jornada apacible para el día de la patria. O un tedeum previsible. El título no cambia el contenido. Lejanos los tiempos en que la ceremonia se realizaba en Tucumán o en cualquier otra ciudad por el gusto de Néstor y Cristina Kirchner de mojarle la oreja a la iglesia. Monseñor Jorge García Cuerva dijo lo que más o menos todos sospechábamos que iba a decir. Y Javier Milei escuchando en primera fila con cara de "yo no fui".
Lo que dijo monseñor está en sintonía con lo que pensaba Jorge Bergoglio o con lo que propone la doctrina social de la Iglesia: la pobreza, la paz, el amor. Por su parte, Milei demostró que se sabe comportar como un estadista sensato, paciente y sensible.

¿Es loco o se hace el loco? Vaya uno a saberlo. Por lo pronto, todo en armonía. Queda pendiente, para algunos, el interrogante acerca de la costumbre de los sacerdotes de dictar desde el púlpito normas de conducta política en nombre de la condición de ser confidentes de Dios. Nada más y nada menos.
Como episodio menor, la ausencia anunciada con anticipación de Victoria Villarruel. Y la decisión del protocolo de destinar a Patricia Bullrich al último banco del templo, algo así como un tirón de oreja para que no se olvide quién manda. ¿Y quién manda en estos menesteres? Karina, por supuesto.
II
Parece que los jueces están decididos a que la señora Cristina devuelva lo robado. Nada nuevo bajo el sol. La condena firme desde agosto del año pasado incluye la cárcel, la prohibición de ejercer cargos públicos y el decomiso. Sí, el decomiso de bienes. La que "robó, huyó y la pescaron", debe devolver. Así de simple. Debe devolver lo robado a las víctimas. ¿Y quiénes son las víctimas?
El pueblo, nosotros, usted, yo, el vecino de al lado y el de la otra cuadra. Todos. Sabemos que la justcia además de ciega es lerda. Demasiado lerda. Pero a veces algo se hace. A Cristina le toca pagar, celada que Carlos Saúl Menem pudo eludir. Estuvo preso, es verdad, algunos meses, pero recuperó la libertad y después se sentó en una banca de senador y se hizo el distraído hasta el día de su muerte, veinte años después.

El destino le permitió a Néstor eludir lo que ahora padece su esposa: la prisión. ¿Es la señora una presa política o una política presa? Yo no le quito la condición de política, pero tampoco le niego su condición de haber liderado un régimen cleptocrático. Esa verdad no la desconoce nadie.
Creo que hasta los propios kirchneristas en la intimidad de su corazón saben que, como dijera una dirigente peronista santafesina: "Robamos muchachos, robamos y perdónenme que lo diga así, robamos y no hay que robar en política, la plata del pueblo no se toca". Y en ese operativo hubo socios, secuaces, cómplices y vasallos a los que se les extendieron generosos beneficios.
Hay que admitir que los Kirchner robaron y repartieron. Ministros, legisladores, políticos y militantes, todos recibieron lo suyo "en su medida y armoniosamente". De la "piñata" se beneficiaron hasta los choferes y el personal de servicio.
III
El presidente Milei se queja de los periodistas por su costumbre de dar malas noticias y propiciar verdaderas campañas desestabilizadoras. De allí su consigna acerca de que hay que odiarlos.
Sin embargo, mientras pronuncia estas bellísimas endechas políticas del más limpio linaje liberal, parece no tener presente que son esos mismos medios y esos mismos periodistas que condena con pasión sagrada, los que en estas semanas anuncian que los índices de la macroeconomía son buenos, que la inflación empezó a bajar, que se mantiene el superávit fiscal, que crecen las reservas, disminuye el riesgo país, aumentan las exportaciones.
Recorro titulares de diarios en papel y diarios digitales, leo opiniones de periodistas de renombre nacional, escucho informes…y todos admiten, en diferentes tonos y registros, que el gobierno produce resultados satisfactorios en materia macroeconómica. Y toda esta información está en la calle.
Dicho de una manera imparcial y para contradecir los que anuncian catástrofes políticas y sociales: el gobierno controla la variables del poder; el gobierno gobierna. Por supuesto, hay problemas, hay refriegas internas, pero no sé de ningún gobierno en el mundo que no atraviese por esos percances.

No me atribuyo dotes de adivino, pero no es descabellado que Milei anticipe que dispone de altas probabilidades de ser reelecto el año que viene. De todos modos, queda mucho trayecto para recorrer y en este país las sorpresas siempre suelen estar a la orden del día.
"La inflación y el superávit fiscal son una condición necesaria pero no suficiente para asegurar el bienestar y el crecimiento". Linda frase. Interesante. Sobre todo porque quien la pronuncia se llama Javier Milei.
IV
Todo muy lindo, pero a las auspiciantes noticias macroeconómicas hay que contrastarlas con el curso cotidiano del hombre de la calle, de la familia del barrio, del comerciante de la ciudad, para quienes los sueldos no alcanzan, los empleos no llegan y el consumo no crece. Bolsillos flacos. Vivo en el centro y me gusta realizar mis propias encuestas microsociales. Todo muy chiquito.
El informe es de dos o tres manzanas. En el último mes, registro que cerraron cinco locales comerciales: un mercadito, un bar, un bazar y dos kioscos. En todos los casos, estos locales tenían más de quince años de antigüedad. Cualquiera puede refutar mi modesta encuesta, pero cualquiera que camine la calle sabe que su modestia no le impide ser aleccionadora.
Recuerdo que el dueño del bazar me brindaba sus breves lecciones de economía:
"Yo no necesito de expertos que me embarullen las cuentas para saber si ando bien o ando mal. Mi fórmula es sencilla: miro las estanterías y el cajero. Lo mejor ocurre cuando la estantería está llena y el cajero está lleno, pero no es mala noticia cuando la estantería está vacía pero la caja está llena. O a la inversa. Lo malo ocurre cuando la estantería está raleada y la caja está vacía".
¿Y qué pasa cuando esto ocurre? Cuando esto sucede, responde, hay que aguantarse un tiempo y si la mala racha persiste no queda otra alternativa que cerrar. Paso por frente del bazar: las persianas están bajas y en la ventana hay un letrero que dice "Se alquila".
La fórmula estantería vacía y cajero vacío llegó para quedarse. Una pena. El mes de junio llega y con él llega el mundial de fútbol. No sé cómo nos va a ir, pero sé que campeones o no, sus consecuencias políticas serán breves.
Un dato para tener en cuenta: de los veintiséis jugadores seleccionados solo dos juegan en clubes argentinos. No pretendo pasarme de listo, pero presiento que en ese dato palpita una excelente lección de economía política acerca de nuestras virtudes y nuestras carencias como nación.












