Hoy, caminando bajo la lluvia, el mundo se me presenta de forma cíclica. Parecería que la historia se repite inexorablemente, como un búmeran que siempre termina alcanzándonos. En la infancia a los franceses se les enseña que el estado es un padre protector, con valores de justicia social, con instituciones y tribunales con jueces imparciales que los protegen del mal y respetando sus derechos y castigando a quienes no lo hacen.
Octubre francés: la di-visión
Crónica de una Francia sacudida por la violencia y el descontento, donde los saqueos y la represión exponen la profunda fractura de una sociedad en crisis, partida en dos. Es el relato de las protestas que conmueven las calles francesas, entre incendios, posturas irreconciliables y un malestar que interpela al poder institucional.

Sin embargo, ¿qué pasaría si un día descubrimos que la historia siempre la escriben los que ganan? Entonces, como decía Lito Nebbia, ¿eso quiere decir que hay otra historia? ¿Una historia donde la división parecería ser el hilo conductor que dirige al mundo?
La di-visión es también una di-versión, pero con solo dos versiones posibles adaptadas y divididas en partes desiguales, al binarismo del mundo actual. Versiones con visiones opuestas, que rechazan toda complementariedad que no sea aquella que sujeta la víctima al victimario y viceversa. Dos sujetos complementarios que se unen para dar sentido a la existencia de cada una de las partes.
Hoy tenemos feministas y masculinitas, políticas de izquierda y de derecha, dictaduras y democracias, conservadores y libertarios, israelíes y palestinos, occidente y los otros… solo por citar algunos top-hits del momento. Pero, ¿qué es lo que ha pasado de diferente en Francia este mes de octubre en 2026?
Tengo como la impresión de que, de repente, nos encontramos frente al colonizador que se vuelve el colonizado, o cuando la víctima se convierte a su turno en adversario, o una sociedad que decide revelarse y desafiar al poder de turno. Y allí se encuentran ante un mundo real que se les viene encima, a trompadas de realidad, y que ya nada ni nadie parecería poder detener.
Hoy nos damos cuenta que a seguro, se lo llevaron preso…. Y entonces vender carteras de Louis Vuitton o ropa de alta costura en la rue Montaigne ya no es más el lugar seguro que creíamos, o donde pensábamos estar a salvo, teniendo todo bajo control solo por ser un mercader parisino aristocrático…
Siempre se dice por ahí que Europa es el primer mundo, París la ciudad de las luces, y Francia aun luce en su bandera, sin ponerse colorada de vergüenza, su slogan de "Liberté, Fraternité, Égalité". Pero hace apenas una semana nadie hubiera imaginado ver quemado el Ayuntamiento de la ciudad de Limoges, con una historia de 143 años y a pesar del respaldo histórico de haber sobrevivido a dos guerras mundiales.
Toda esa estirpe edilicia no le bastó para protegerse y salvarse del fuego causado por la bronca de ciudadanos vestidos de jogging y capuchas negras, a quienes aquí algunos llaman "jóvenes de ultra izquierda" y otros les dicen "anarquistas".
Pero también hay psiquiatras que ponen "etiquetas mentales" para justificar encerrar personas en un manicomio… así que yo preferiría solo llamarlos los "hombres de negro" descargando bronca, violencia y sed de venganza. Creo que el pensamiento político en estos casos queda completamente en segundo plano.
En todo caso, lo que nos dejan los saqueos, los incendios y la violencia, en lugares que jamás hubiéramos imaginado posibles, es que lo imposible a veces es posible. Parecería que los gobiernos y la justicia ya no protegen otra cosa que sus propios intereses, y la violencia represiva de las instituciones les impide entender que los sentimientos siempre son recíprocos, como decía Jacques Lacan.
Por eso hoy la violencia del poder trae más violencia y venganza de quienes la padecen, ya que no todos tienen la capacidad de correrse del juego del binarismo y di-visión, tan útil al poder.
En estos días, pudimos ver un video de una chica haciendo su footing tranquilamente por un bulevar en París, mientras alrededor los policías y los de jogging negro se tiraban piedras, incendiaban autos o destruían boutiques de luxe.
También se vieron dos turistas con sus valijas, tal vez buscando su hotel, caminando por el medio de la batalla campal por una avenida en el centro parisino, aunque ellos caminaban tranquilamente y esquivaban como podían la violencia. Algunos llaman esto "hacer con lo que hay", otros lo llaman individualismo exacerbado, y tal vez ambos tengan razón.
Pero... ¿qué se puede hacer hoy aquí en un París del siglo XXI? ¿Seguir tocando el piano como si nada? ¿Salir a correr como todos los días? ¿Quemar autos? ¿Robar carteras Louis Vuitton? ¿Tirar piedras a los policías? … O desviar trompadas, para ganar peleas como lo haría Nicolino Locche.
Otra pregunta resuena hoy aún más: ¿quién gana con todo esto? La extrema derecha, a pesar de ser la más beneficiada hoy, le echa la culpa de todo a la extrema izquierda y a los inmigrantes, en vez de agradecerles la campaña presidencial a su favor. El gobierno acusa a los "otros" de querer desestabilizarlo.
Mientras tanto, aquí ya hay toque de queda y menos libertad para los ciudadanos. Claro que es para proteger la sociedad del mal…. ¿o habría que decir "proteger a la sociedad, del mal"? ¿Quién es el mal? ¿La culpa la tienen los políticos? ¿O la tiene la sociedad que eligió a esos políticos? ¿Son los inmigrantes? ¿Son los colonizados o los colonizadores?
¿Las feministas o los masculinistas? ¿Los de izquierda o los de derecha? ¿Jean-Luc Mélenchon o Marine Le Pen? ¿Emmanuel Macron o algún incompetente de sus ministros? ¿Quién es competente hoy aquí?
Algunos quieren renunciar, otros emigrar lo más lejos posible, otros luchar y otros seguir su vida como siempre, haciendo el footing de las 18.30 cada día, pase lo que pase y esquivando las piedras de derecha a izquierda. La justicia ya condenó en tiempo récord a varios chicos que se robaron chocolates o un par de zapatillas, o que simplemente estaban por ahí manifestando, fáciles de atrapar.
Luego de estar detenidos 72 horas en comisarias y tratados como terroristas de Estado, la sociedad francesa se deleita al escuchar en BFM-TV las condenas de meses y años de prisión efectiva, cenando y viéndolo todo en el informativo de las 20. Sin embargo, parece que a los "hombres de negro" nadie los pudo atrapar… ya que los de negro, esta vez fueron más astutos que los de casco azul.
Por lo general un solo gato casi nunca atrapa varios ratones a la vez, y casi nunca los que corren más lento son los culpables de haberse robado todo el queso. La sociedad pide venganza y la justicia rinde cuentas a los pagadores de impuestos. Aunque esta vez las cuentas de suma y resta no están muy bien hechas, pero eso ya no le importa demasiado a nadie.
Aquí lo que importa hoy es pagar y cobrar lo que sea. El problema es cuando el que cobra también es el que paga, mientras el negocio lo hacen otros… La historia se repite una vez más. Por eso hoy llueve en París,... como cada mes de octubre.










