Si bien puede responderse que cuando hacemos psicoanálisis hacemos una forma de psicoterapia, la cuestión no se cierra tan fácilmente. Por ejemplo, Sigmund Freud entendía que el psicoanálisis es al menos tres cosas al mismo tiempo:
¿Qué hacemos cuando hacemos psicoanálisis?
El psicoanálisis, más allá de ser una terapia, es un método de investigación y una teoría del psiquismo, según lo planteó Sigmund Freud hace más de un siglo.

1) Un procedimiento de investigación de los procesos psíquicos inaccesibles por otra vía; 2) Una teoría general del psiquismo; 3) Un método psicoterapéutico basado en tal indagación. Más de un siglo después, estas tres acepciones aún conservan su vigencia y mutua dependencia entre sí.
En la primera acepción, Freud se refiere a los procesos psíquicos inconscientes. No se trata de una creencia metafísica, sino de admitir un tipo de pensamiento que escapa a la consciencia, que trabaja a espaldas del yo.
Es una hipótesis que se deduce de las llamadas "formaciones del inconsciente", por ejemplo: síntomas psíquicos, chistes espontáneos, tropiezos de la palabra, actos fallidos, olvidos sintomáticos, entre tantos otros.
Por supuesto, han de considerarse como tales si el trabajo de un análisis permite reconstruir en ellos un sentido específico, vinculado a la singularidad del propio sujeto. En pocas palabras, no todo error es una formación del inconsciente, sino cuando allí irrumpe una verdad que interpela.
Freud también afirmó que el sueño es una vía privilegiada de acceso al inconsciente. En efecto, nadie se propone soñar con tal o cual cosa y, sin embargo, más allá del carácter bizarro de algunos sueños, aun así se aprecian escenas cuyo simbolismo puede reconstruirse según una lógica particular.
Si el sueño solo fuese una manifestación pasiva y errática de un cerebro que se desconecta de la vigilia, ¿cómo explicar entonces los giros narrativos que producen esa angustia que despierta al soñante de su merecido descanso? Si se dice que la angustia es un afecto que no engaña, es porque su causa está allí latente, al menos para quien se deje interrogar por ella.
La segunda acepción, una teoría general del psiquismo, suele calificarse de "psicología profunda", especialmente por sus contribuciones a la comprensión de las operaciones de constitución subjetiva y la psicología de la vida cotidiana. Dicho sea de paso, el carácter especulativo de esta teoría es una consecuencia directa de las características de su objeto de estudio, a saber, la subjetividad.
En tal sentido, en las disputas que acontecen entre las diferentes corrientes psicoterapéuticas, se dice que el psicoanálisis sufre de la falta de evidencia científica. En efecto, las variables del cerebro pueden medirse, desde un encefalograma hasta la neurotransmisión.
Las funciones cognitivas también son susceptibles de medición, sea la memoria, la atención o el uso instrumental del lenguaje. Sin embargo, ¿acaso la subjetividad puede medirse? Por supuesto que no.
Según la forma de pensar, dicha imposibilidad será concebida como una falta del psicoanálisis mismo o, por el contrario, como un límite del método científico en sí. Sea como fuere, lo cierto es que nuestra época sueña con reducir la subjetividad al número y la cuantificación, lo cual no quiere decir que eso funcione.
Sobre la tercera acepción, un método psicoterapéutico, efectivamente el psicoanálisis es en esencia un modo de tratamiento del malestar en la existencia entre otros posibles. Asimismo, posee un rasgo diferencial, en su noción de sujeto, en la orientación del tratamiento y en su ética.
Esta última acepción se vincula a la pregunta que oficia de título en este escrito: ¿qué hacemos cuando hacemos psicoanálisis? No podría existir una respuesta unívoca, dado que nuestro campo no es matemático. A su vez, en todo este tiempo, el movimiento psicoanalítico se ha diversificado y coexisten corrientes muy diferentes entre sí. Aun así, es posible introducir algunas precisiones.
Comencemos por el principio. El motor más afortunado de un psicoanálisis es la irrupción de malestar. Incluso así se dirimen los límites de la intervención del analista, en tanto no se enseña a vivir a nadie, solo se invita a trabajar aquello que funciona como causa del malestar y no más.
Es claro que en la existencia hay que arreglárselas con muchas cosas, sea la relación con los otros, con uno mismo y con el propio cuerpo; sea la finitud, la incompletud estructural del saber o las contingencias que depara el mundo exterior.
Ahora bien, no alcanza solo con sufrir de esto o aquello, es también necesario decidirse a tomar la palabra sobre el asunto y, en su horizonte, buscar un cambio en la posición inicial. Precisamente, es en las primeras entrevistas donde se intenta constatar si hay consentimiento a la oferta analítica o no.
Por extraño que parezca, no todo sujeto busca cambiar de posición, por mucho que se queje de ella. Lo cual no está ni bien ni mal, son solo elecciones de vida. Tal como recordaba Freud, un síntoma no es solo malestar, sino también un arreglo que sostiene cosas a pesar de todo. Si aun así un psicoanálisis es posible, es porque el síntoma ha devenido demasiado costoso para un sujeto.
A diferencia de la lógica médica tradicional, donde la relación síntoma-curación se espera que sea directa, en psicoanálisis se interpone un rodeo necesario. Jacques Lacan lo decía así: "El análisis no consiste en que uno esté liberado de sus síntomas (…) El análisis consiste en que se sepa por qué se está enredado en eso".
Como se aprecia, el acento recae sobre la construcción de un saber sobre las causas del propio malestar. Ya en un segundo tiempo, sabiendo a qué se está atado, lo nuevo es la posibilidad de hacer otra cosa con eso. Mientras dicho saber permanece en su estatuto inconsciente, retorna al modo de la repetición en los síntomas.
Tras un trayecto de análisis, en cambio, cada cual podrá elegir si jala o no de esa cuerda que ahora se tiene en la mano. A propósito, un poema de Manuela Mantica concluye así: "Las cosas no mejoran con el tiempo, sino con palabras".
El autor es psicoanalista, docente y escritor.
Charla abierta
Por este medio invitamos a la próxima fecha del ciclo "Psicoanálisis en el Bar". La misma tendrá lugar el día jueves 16 de abril, a partir de las 20, en Parientes del Bar, Paraná, bajo el tema: "¿Qué hacemos cuando hacemos psicoanálisis?". Disertantes invitados: Manuela Mantica e Ignacio Neffen. Más información: 343-4713062.










