Poco se sabe de una pequeña población aborigen descendiente de Tehuelches que habitó suelo chaqueño en las inmediaciones del río Bermejo. Aquí va lo que sé...

Una comunidad aborigen, proveniente de Menoko, busca un nuevo hogar en el Chaco. Se establecen cerca del río Bermejo, priorizando la paz y la solidaridad.

Poco se sabe de una pequeña población aborigen descendiente de Tehuelches que habitó suelo chaqueño en las inmediaciones del río Bermejo. Aquí va lo que sé...
Una mañana apareció por esa zona un grupo de aborígenes, varones y mujeres con niños, todos de piel tostada y cabellos largos. Venían caminando desde Menoko, una tierra sagrada. Se habían separado de la tribu originaria con la intención de buscar un lugar más adecuado a su manera de vivir. Eran seres pacíficos y solidarios que buscaban vivir en un mutuo consentimiento.
Allí armaron sus chozas con ramas de árboles y barro amasado. Después de un día de trabajo se sentaron a comer un guanaco que habían asado sobre brazas. Las conversaciones se iniciaron con espacios de silencio porque ellos eran mayormente silenciosos y básicamente se entendían con señas y miradas.
Cuando iba anocheciendo y las estrellas habían encendido sus luces para acompañar a la divinidad lunar, un hombre alto y fornido se puso en el centro de la ronda y dijo lentamente:
- Hermanos, aquí vamos a vivir en paz, trabajando la tierra, los cueros y los tejidos. Tendremos nuestros hijos y elevaremos nuestros rezos al Dios que nos habita.
Todos afirmaron lo dicho diciendo sí, con una inclinación de la cabeza.
- Cuando haya problemas lo hablaremos lo necesario para no romper la unión entre nosotros. Pero como primera acción vamos a elegir a un cacique dado que yo he terminado mi mandato.
Todos sin decir palabra comenzaron a aplaudir y duró un rato largo. Entonces una mujer adornada con collares y aros, dijo:
- ¡Gran Hermano, creo que todos pensamos y sentimos que tiene que continuar usted!
Nuevamente todos aplaudieron con entusiasmo y se oyeron algunos "¡Sí, siii , siiii!" Se fueron levantando de los asientos y se abrazaban, se besaban y se daban palmadas en los hombros.
- Bueno, bien, que Dios nos acompañe. Vayamos a dormir. ¡Hasta mañana! (dijo el chamán)
- ¡Hasta mañana! (respondieron todos y volvieron a aplaudir)
Y así fue como comenzó este grupo de originarios, a vivir en una zona alta de Temuco. Se organizaron grupos de trabajo para cada actividad de caza, de recolección de frutos de los árboles , del cuidado de los niños y los ancianos y el de cocinar para cada día. Todo fue paz y prosperidad hasta que un día sucedió lo impensado.
Como era lógico, todas las noches dos o tres personas se dedicaban a la vigilancia para cuidar a los que dormían. Se prendía un fuego en el medio de la aldea con leños que recogían durante el día. Las llamaradas iluminaban las chozas y un espacio que iba unos metros más de lo edificado. Los que vigilaban hacían frecuentes rondas circunvalando la aldea.
Y una noche sucedió que el silencio nocturno fue roto por un aullido penetrante que sobresaltó a los guardias y despertó a algunos de los que dormían. Varios salieron de sus casas, entre ellos el cacique.
- ¿Qué pasa? (dijo)
- Hermano, hay un animal salvaje rondando el caserío y amenaza con entrar.
- ¿Qué puede ser?
- Puede ser un león o un puma.
- Da lo mismo (dijo el cacique). Avancen sobre él con troncos encendidos.
Así lo comenzaron a hacer los guardias y el animal intensificó sus bramidos. Varios hombres que se habían despertado, salieron con sus hachas y machetes.
- Es peligroso, tengan cuidado (dijo El Hermano Mayor).
Como una línea de fuego avanzaba hacia la oscuridad, el animal comenzó a retirarse. Los guardias se animaron más y le comenzaron a arrojar leños encendidos. El animal salvaje, al sufrir quemaduras, comenzó la retirada velozmente.
- ¡Lo vencimos! No creo que vuelva, pero tendremos que cuidarnos (dijo el cacique).
Todos, dándose palmadas y apretón de manos, volvieron a la aldea con la alegría de la victoria. Con la llegada de la luz, todo volvió a la normalidad y siguieron tejiendo su felicidad. El animal agresivo, no volvió nunca más.