Antes de comenzar el cursado de primer año, una noche fui a la casa de quien entonces era mi novia. Me acuerdo de que llegamos y en el fondo se escuchaban gritos que sonaban a festejos. Pero no, en realidad, era el comienzo de una pelea cuyo final alcanzamos a ver en primer plano: por un pasillo, largo, angosto y con curvas endiabladas, dos tipos adultos, dos señores mayores, dos… (si, con los años entendí que eran dos boludos) venían hacia el frente de la casa en una danza violenta, donde intercalaban insultos, ruidos guturales, soplidos de golpes que se erraban y finalmente, un aterrizaje en la puerta de la calle. Uno era el Turco, claro. Al otro nombre lo omitiré, porque con los años se hizo muy kirchnerista y como casi todos ellos, han perdido el sentido del humor.