¡Qué suerte la mía! O "Achalay" diría un quechua (¡Qué lindo! ¡Qué bueno!), las dos expresiones conducen a lo mismo. En mi caso, para agradecer el obsequio del artista plástico de Santo Tomé, José Luis Milocco, de esta magnífica obra de arte. No sé de pintura. Nunca aprendí a descifrar una obra con los ojos de un crítico, pero este cuadro me atrapó y me obligó.
La bailarina de tango
Una obra del artista José Luis Milocco inspiró un análisis sobre el tango de Horacio Sanguinetti y el valor de la mujer en la historia de la danza porteña.

Sí, me obligó a buscar un tango; analizar su letra para que ello me permita, desde mi destino tanguero, relatar lo que dicen esos trazos coloridos que entre pinceles, lápices, acrílicos, lienzo, espátula, óleos, témperas, carbonillas y grafito intentó expresar el artista.
Así fue como mi lupa tanguera encontró que en 1948 el uruguayo Horacio Sanguinetti, con la colaboración de Oscar de la Fuente en el pentagrama, le dieron vida al tema "Bailarina de tango". Es un tributo a la figura de la bailarina de tango, una mujer que encarna la pasión y el misterio de este género musical.
Desde el inicio, la letra nos sumerge en la imagen visual de la bailarina: pollera para la ocasión y zapatos de tacón. Símbolo de su presencia y prestancia: figura, elegancia y actitud que llama la atención. El dibujo que la bailarina realiza en el piso denotará la belleza de su danza que convierte en arte.
No voy a relatar la situación desde afuera, lo voy a hacer desde mi propia mirada por haber formado bailarines durante treinta años y observar cientos de parejas pero que el espectador no logra percibir.
No lo voy a hacer desde el tecnicismo del baile sino desde mi observación específica sobre dos cuerpos que se funden en un abrazo y donde se destaca por sobre todo la mujer (aunque "duela" admitirlo), independientemente de que en la pareja ambos posean cualidades que los dignifiquen y distingan por igual.
Las bailarinas de tango, más allá de sus piernas, sus zapatos de tacón, postura, eje, forma de caminar, pausa y juego que denotan su personalidad, no solo ejecutan figuras demostrando su destreza, sino que se adueñan virtualmente de la música.
Y no es exagerado cuando se la considera "sacerdotisa del tango" porque alguien, después de entregar una vida entera al baile, termina siendo algo así como una autoridad espiritual. Entonces les abro las puertas al baile y a esta imaginaria pareja tanguera. Pasen y miren…
La letra de este tango está escrita desde la fascinación por la mujer que baila. No describe una historia de amor; describe a una mujer que conoce un secreto, impone un orden, un sentido y ejecuta con absoluta precisión lo que sabe hacer:
"De satén y color negro, la pollera/ De charol y tacos altos, los zapatos/ Dibujando garabatos/ el ritmo que se adueña/ tu estampa de porteña"
Más que danzar, acá nos debemos detener e imaginar la conversación que emerge de la pintura, fundamentalmente de la mano del pintor que tomó esos versos y los llevó al óleo. ¿Y a quién representó? A ella, claro. Y no la presentó de cuerpo entero, ni puso su nombre... sino que realzó los elementos que constituyen la figura femenina.
Resalta sus pies, que no realizan garabatos ni denotan desprolijidad, porque el artista imaginó movimientos que destacan la "escritura" corporal de la bailarina.
"Tú conoces el secreto de los tangos/ y es por eso que lo bailas como nadie/ y en los brazos que te abrazas/ que mística que pasas/ danzando en el salón"
No cualquiera baila tango. Podés conocer figuras, técnicas de desplazamiento, pasos, salidas y otras vinculantes al género, pero conocer el secreto del baile es otra cosa. Aun a cuenta de considerar que una pareja está en coordinación y funciona al unísono es importantísimo saber que hay algo que hace que una bailarina sobresalga, simplemente porque interpreta más.
El abrazo es fundamental para lograr una conexión emocional suprema y una atmosfera íntima que solo se logra en las milongas (como se dice, "en la cancha..."). Es la mística, la que no se enseña en las academias:
"Sacerdotisa del tango/ sacerdotisa sentida/ Rito es la danza en tu vida/ y el tango que tú amas/ Te quema en su llama"
Hay quienes aprenden a bailar tango y otros quienes terminan siendo habitados por el tango, y en este grupo está nuestra bailarina la que termina convirtiendo su baile en un rito y su pasión en una forma de vida. La letra también destaca el conocimiento profundo de la bailarina sobre el tango, lo que le permite bailarlo como nadie más.
Este conocimiento no es solo técnico, sino también emocional y espiritual, lo que se refleja en la mística que emana mientras danza en el salón. Así, la bailarina se convierte en una "sacerdotisa del tango", una figura casi sagrada que realiza un rito cada vez que baila.
Y esta metáfora de la sacerdotisa sugiere, justamente, que el tango es más que una danza; es una forma de vida, una pasión que arde intensamente en el corazón de la bailarina:
"Sacerdotisa del tango/ que en los salones de rango/ bailas en brazos de un hombre/ que luce el renombre/ del gran bailarín"
El tango se baila de a dos, y aparece el hombre en escena, pero la protagonista sigue siendo ella. Él tiene renombre, ella tiene secretos; él es gran bailarín pero ella es sacerdotisa y cobra sentido amplio, una frase con la que simpatizo y estoy muy de acuerdo: "el hombre conduce… la mujer seduce".
El tango, en esta canción, es presentado como una llama que quema y consume, una fuerza poderosa que define la vida de la bailarina. En los salones de rango, ella baila con hombres que también son grandes bailarines, pero es su presencia y su entrega lo que realmente se destaca.
La canción celebra no solo la habilidad técnica de la bailarina, sino también su capacidad para transmitir emociones profundas y su dedicación al arte del tango. En resumen, "Bailarina de tango" es un homenaje a la pasión, la elegancia y la devoción que caracterizan a las verdaderas maestras de esta danza emblemática.
Nos vemos en la próxima milonga.
Como ninguna
María Nieves Rego (1934-2026) nació para bailar el tango y lo hizo como ninguna. Por eso los invito a disfrutar de la entrevista publicada hace diez en el número 13 de la revista Damiselas en Apuros, de la periodista Moira Soto. Durante varias décadas, María Nieves formó pareja de baile con Juan Carlos Copes, hasta que se separaron en los noventa.
No necesitó ni de la academia ni de Pigmalión alguno para convertirse en una verdadera maestra y conquistar el lugar más alto como bailarina de tango. Ella aprendió colándose en la milonga desde los 10 años, observando y practicando por su cuenta.
Cuando Juan Carlos apareció como un rayo apolíneo en el club La Estrella de Maldonado, ella -que entonces tenía 14-, ya sabía danzar mejor que cualquiera, incluido su propio bailarín. El pasado 6 de septiembre hubiese cumplido 92 años. En su honor se conmemora de manera oficial en Argentina como Día de la Bailarina de Tango.











