La noticia llegó luego de una más de una década de cifras que ya habían superado la barrera del 90%. En la primera semana de octubre el Uruguay logró que el 99,2% de la totalidad de los meagavatios que consume provengan de fuentes renovables.
Uruguay logra que sea renovable el 99% de la electricidad que consume
Recién en 2010, varios años después que en la Argentina, se diseñaron políticas públicas de largo plazo para promover las energías limpias. Hubo viento a favor pero a los molinos los obtuvieron los acuerdos políticos.

En términos técnicos es un objetivo cumplido desde 2015, pero para los títulos periodísticos ese tentador "casi 100%" es más impactante. Más si las cifras para comparar con lo que ocurre en la Argentina están al alcance de cualquier interesado.
Vale la pena revisar qué ha sucedido en las dos orillas de los ríos Uruguay y De La Plata. Por lo pronto, lo que sucede es que allá la composición de su matriz energética no tiene derivados del petróleo, aquí en cambio más del 40% del total proviene de su combustión.
Los uruguayos han alcanzado la generación de energía limpia para la totalidad de sus necesidades. Los argentinos apenas en un 55%. Y en ambos casos se considera a las hidroeléctricas en esta categoría, como si no tuvieran efectos ambientales.

El récord uruguayo de estos días es, en rigor, producto del ciclo húmedo que vive la región. La hidroeléctrica cubrió el 55,6%, y la segunda fuente de mayor peso fue la energía eólica con el 28,7%. Solar y biomasa aportaron el resto.
En nuestro país, en cambio, apenas 12 ó 13% de los requerimientos totales son producto del viento y dentro de las energías limpias las represas hoy cargadas al máximo un 30%.
Qué hacen los vecinos
Uruguay había alcanzado recientemente una cifra apenas más baja también cercana al redondo 100, que provino de una extraordinaria producción eólica, que aportó 55% de los requerimientos energéticos eléctricos. Ahora, fueron las represas el principal componente. En aquella oportunidad 27% del total generado por los uruguayos fue exportado a la Argentina, según los datos de la Administración del Mercado Eléctrico (ADME) difundidos por SEG Ingeniería.
En la Argentina, en cambio, rara vez cambian tanto las porciones de la torta de la matriz de la generación eléctrica que, por otra parte, aquí tiene una mayor diversificación, con el aporte de origen térmico de las centrales nucleares.
Un informe de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde) ubicó a Uruguay como el segundo país con mayor índice de renovabilidad eléctrica de América Latina y el Caribe. Sólo Paraguay, por las represas que comparte con Argentina y Brasil tiene mejores guarismos.
Buenos vientos
Los expertos argentinos y uruguayos plantearon al comenzar el milenio la necesidad de enfocarse en otras fuentes de generación de energía eléctrica, más amigables con la naturaleza.
La Argentina desarrolló políticas y regulaciones con anterioridad, entre 2004 y 2005, pero recién se tomaron seriamente en 2016. El gobierno de Mauricio Macri agregó ventajas impositivas y un plan de metas que buscaba que al menos 20% de los requerimientos provengan de renovables en 2025.

Hubo inversiones promovidas con ventajas fiscales y las renovable no convencionales (eólica, solar y biomasa) crecieron, pero no tanto como en el Uruguay.
La diferencia allá no fueron los vientos que cruzan al pequeño territorio charrúa sino la estabilidad. Tanto de sus condiciones fiscales como de sus dirigentes políticos.
El Acuerdo Multipartidario de 2010 creo una política de Estado, inamovible. Y en estos quince años se han alternado en el gobierno nacional oriental tanto partidos de centro izquierda como de centro derecha.
En cinco años, la eólica de Uruguay pasó de ser prácticamente inexistente (menos del 1% en 2013) a representar más de un tercio de la matriz nacional. Para 2015, Uruguay ya celebraba de manera sostenida haber alcanzado aproximadamente un 95% de su generación eléctrica anual proveniente de fuentes limpias: viento, agua y sol.








