El fútbol femenino santafesino sigue dando pasos hacia adelante y ahora las protagonistas son las más pequeñas.
Sub 10 femenino: las más pequeñas también quieren jugar
Este sábado, el predio Coliseo será escenario de una jornada especial para las niñas que empiezan a transitar sus primeros pasos en el fútbol. La propuesta Sub 10 de fútbol femenino infantil busca generar un espacio propio de juego, encuentro y diversión, con la mirada puesta en construir desde abajo el futuro de la disciplina en Santa Fe.

Este sábado, de 9 a 12, el predio Coliseo abrirá sus puertas para una nueva experiencia destinada a la categoría Sub 10, una iniciativa que nace de una necesidad concreta: que las niñas también tengan su propio lugar para jugar, competir, divertirse y sentirse parte.
“Las nenas lo pidieron y la profe las escuchó”, resume el espíritu de una propuesta que tiene a la profesora Natalia Lomello como una de sus principales impulsoras.
La idea no persigue ningún beneficio personal, sino generar un compromiso colectivo que permita que las jugadoras más chicas puedan contar con encuentros específicos dentro de la Liga y no tengan que buscar permanentemente alternativas fuera de Santa Fe.

La iniciativa parte de una realidad. Ya existen niñas participando en las categorías Sub 14 y Sub 16, pero todavía son pocos los equipos y, especialmente en las edades más tempranas, las posibilidades de competencia son reducidas. Por eso, la intención es comenzar a construir desde abajo una estructura que permita acompañar el crecimiento de las futbolistas desde sus primeros años.
Un espacio propio para ellas
La propuesta contempla encuentros de Escuelitas de Fútbol Femenino Sub 10, que podrían realizarse todos los sábados o cada quince días, de acuerdo con lo que definan los clubes participantes. La actividad está pensada entre las 9 y las 12, con una modalidad ágil que permita que todas las niñas tengan una importante cantidad de minutos de juego.
Serán equipos de siete jugadoras y los partidos tendrán una duración de un solo tiempo de 15 minutos. La organización dispondrá de las canchas necesarias según la cantidad de equipos confirmados, buscando reducir los tiempos de espera y favorecer una jornada dinámica.

El formato permitirá que las pequeñas futbolistas se enfrenten con diferentes rivales durante la mañana. No habrá solamente competencia: el gran objetivo será que cada niña pueda disfrutar de su encuentro, compartir con otras chicas de su edad y comenzar a construir el sentido de pertenencia hacia el fútbol femenino.
Como reconocimiento a la participación, todas las jugadoras recibirán una medalla. Porque en esta etapa, cada partido ganado, cada gol y cada aprendizaje tienen el mismo valor que la posibilidad de compartir una mañana jugando a la pelota.
Sembrar hoy para tener futuro
La propuesta también pretende convertirse en una herramienta para los clubes y escuelas que participen. Cuando les toque ser sede, podrán generar recursos a través de la organización de la jornada, fortaleciendo así sus propias estructuras y demostrando que el fútbol femenino infantil también puede ser una fuente de crecimiento institucional.
No será sencillo al comienzo. Habrá que sumar equipos, organizar traslados, sostener la participación y convencer a más instituciones de que el proyecto merece continuidad. Pero la idea es concreta y posible: son siete niñas por equipo y, con compromiso, la cantidad puede crecer rápidamente.
“Las más peques también tienen que participar”, es el mensaje que atraviesa esta iniciativa. Muchas familias ya realizan viajes hasta Paraná u otras localidades para que sus hijas tengan rodaje. Ahora se busca que esas oportunidades también existan en Santa Fe.

El desafío es que las niñas no solamente entrenen, sino que tengan sus propios encuentros. Que puedan crecer jugando contra otras chicas, que encuentren un espacio donde pertenecer y que, con el tiempo, las inferiores femeninas estén conformadas en cada vez más clubes.
La semilla está plantada. Este sábado, en el predio Coliseo, comenzará a tomar forma un proyecto que apunta mucho más lejos que una jornada de fútbol. Porque si las nenas lo pidieron, alguien tenía que escucharlas. Y ahora el desafío es de todos: acompañarlas para que puedan seguir jugando.









