Los constituyentes de 1962 pensaron y plasmaron en el texto de la Carta Magna la gobernabilidad intentando garantizar una mayoría de 28 sobre 50 diputados al ocupante del Poder Ejecutivo. El sistema de boleta única y una reglamentación demasiado liberal volaron por los aires ese número. Ya le había pasado al gobernador Antonio Bonfatti en el período 2011-2015 tener una Cámara de Diputados con mayoría justicialista mientras el Frente Progresista era la primera minoría. Ahora Omar Perotti tiene el problema agravado. El Frente Progresista es mayoría y su antecesor - Lifschitz-armó una lista compacta políticamente donde sobresalen socialistas (14) y radicales (11) más otros socios de la coalición (Gen, PDP, Creo). Pero además, el justicialismo tiene apenas 7 bancas. El resto de la Cámara está dividida entre Juntos por el Cambio (5), 6 legisladores que llegaron de la mano de Amalia Granata divididos en tres bloques y dos bloques de izquierda (Igualdad y el Frente Social y Popular). En este panorama, el Frente tiene el manejo total de la agenda parlamentaria y se ha mostrado implacable ante ello. También es cierta que gran parte de la agenda planteada ha quedado estancada en el Senado donde la mayoría justicialista ha servido de defensa al Poder Ejecutivo más allá de las diferencias políticas que existen en el partido de gobierno.