La cremación dejó hace tiempo de ser una práctica excepcional y pasó a formar parte habitual de los servicios funerarios del mundo. Hoy Rosario es centro de un debate legislativo sobre una propuesta que busca ir un paso más allá: incorporar la acuamación como alternativa para reducir emisiones y consumo energético respecto de la cremación convencional.
Acuamación: la alternativa a la cremación que busca reducir contaminación en Rosario
El concejal Damián Pullaro impulsa incorporar la hidrólisis alcalina como método para disposición final de restos humanos. Abre una discusión inédita en Argentina sobre impacto ambiental, regulación funeraria y nuevas prácticas post mortem, en una ciudad donde las cremaciones ya rondan las 250 por mes.

El proyecto fue presentado por Damián Pullaro y ya cuenta con el visto bueno de la comisión de Salud y Desarrollo Humano. “Es una alternativa a la cremación que es más sustentable”, explicó el concejal a este medio y aclaró que la iniciativa quiere abrir “una discusión adulta” sobre prácticas funerarias, medio ambiente y regulación estatal.
Cómo funciona la acuamación
La acuamación, también llamada biocremación o hidrólisis alcalina, es un método que utiliza la combinación de agua, temperatura, presión y agentes alcalinos para acelerar la descomposición de tejidos orgánicos. “Es una solución hecha de 95% agua y 5% de agentes alcalinos como hidróxido de potasio o sodio”, describió Pullaro y agregó que el resultado es un líquido estéril y restos óseos que luego si deben ser reducidos mediante un proceso similar al de la cremación habitual. Sin embargo, el concejal asegura que el balance ambiental general sigue siendo ampliamente favorable.

“En el cálculo global significa reducir un 75% la huella de carbono que habitualmente se genera con las cremaciones, donde se requieren más de 900 grados para trabajar y conseguir la reducción de los restos”, planteó.
A diferencia de los hornos pirolíticos tradicionales, que funcionan a gas y necesitan temperaturas extremadamente elevadas, la acuamación trabaja con un sistema presurizado y temperaturas considerablemente menores.

El método ya funciona en distintos estados de Estados Unidos y Canadá, además de países como Reino Unido, Bélgica, Ecuador y Guatemala. En Argentina no existen registros de implementación.
“Son problemas de las grandes ciudades que debemos enfrentar con seriedad y proyectos”, afirmó Pullaro.
Una ciudad donde la cremación crece
La propuesta aparece en un contexto donde la cremación ya ocupa un lugar central en el sistema funerario rosarino. Según datos de la Secretaría de Ambiente municipal, el Crematorio Municipal de Rosario realiza actualmente unas 250 cremaciones mensuales. De ese total, alrededor de 50 corresponden a personas fallecidas recientemente y otras 200 están vinculadas a procesos de desalojo y disponibilidad de espacios en tierra, nichos, urnas y panteones mutuales.

La cifra marca una particularidad del sistema rosarino: buena parte de las cremaciones están asociadas a la reorganización interna de los cementerios y no exclusivamente a decisiones familiares inmediatas. A eso se suma el movimiento del sistema privado y regional. De acuerdo con estadísticas aportadas por empresas fúnebres al municipio rosarino, ocho localidades de la región realizan aproximadamente 300 cremaciones mensuales adicionales: San Lorenzo, Granadero Baigorria, Pérez, Pueblo Esther, Villa Constitución, San Jorge, Casilda y San Nicolás.
Cómo funciona hoy el sistema público
La Municipalidad de Rosario cuenta con dos hornos pirolíticos destinados a cremaciones individuales, es decir, un ataúd por vez. Ambos funcionan mediante combustión a gas natural y poseen un sistema mecanizado de provisión de agua para controlar la temperatura durante el procedimiento. Cada servicio dura entre 60 y 90 minutos.
Desde la Secretaría de Ambiente remarcaron que los hornos poseen doble cámara de funcionamiento. En la primera se realiza la cremación y en la segunda se produce la combustión de los gases generados durante el proceso. Según explicaron desde el municipio, este sistema permite vaporizar esos gases antes de su liberación al exterior y reducir potenciales emisiones contaminantes.

Actualmente, el costo de una cremación en el sistema municipal es de 429.400 pesos, equivalente a 950 módulos tributarios.
En 2024, dentro del paquete de simplificación administrativa impulsado por el intendente Pablo Javkin bajo el lema “Rosario simple, ágil y pujante”, el municipio modificó distintos requisitos vinculados a las cremaciones. Entre los principales cambios se eliminó la necesidad de testigos para declaraciones voluntarias, redujo el plazo mínimo de espera de 48 a 12 horas, amplió la posibilidad de solicitud a concubinos y habilitó la gratuidad del trámite para personas sin recursos.
La reforma buscó agilizar un procedimiento que históricamente acumulaba demoras administrativas y pedidos reiterados de flexibilización por parte del sector funerario.
El debate ambiental
La discusión que abre la acuamación no pasa únicamente por una cuestión tecnológica sino también ambiental. Pullaro considera que la ciudad debe empezar a incorporar criterios de sustentabilidad también en los servicios funerarios. “Hoy es responsabilidad del Estado dar las opciones más amigables al medio ambiente y sustentables que estén disponibles y reguladas”, dijo Pullaro, pero desde la Municipalidad plantearon que es necesario hacer estudios técnicos. En particular, sobre los líquidos residuales generados durante el proceso. “Tiempo atrás eran conversaciones que no existían o se resistían”, dijo el concejal, quien se mostró optimista sobre el progreso del proyecto en el Concejo Municipal que luego de su paso por la Comisión de Salud deberá ir a la de Ambiente y luego a la de Presupuesto antes de llegar a votación en el recinto.








