Con esta máquina los cascos se inician con menos 20 grados, pero a flor de piel llega a 12 grados constante, eso por la unión de los 36 grados del cuerpo humano. “Hasta ahí está todo bien, porque científicamente, se sabe que hay que bajar la temperatura entre un 30 y 35% la temperatura corporal; ahora nosotros quisimos ir un poco más allá, rigiéndonos por la temperatura de los gorros. Las drogas quimioterápicas atacan todas las células de rápida multiplicación en el cuerpo, las cancerígenas, junto con las células capilares, son las que más rápidamente se multiplican, es por eso que se pierde el pelo cuando se realizan las quimioterapias. Con esto lo que hacemos es congelar el folículo para que no pase el medicamento. Cuando comienza el proceso en el que le dan los primeros analgésicos previos a la quimio, se ponen el gorro y en una media hora ya se congela el folículo, ahí se ponen una cofia de peluquería para que no se pegue el pelo congelado al gorro, y después el gorro. Cuando la temperatura llega a 9 grados, el motor corta, aunque el frio sigue, hasta los 5 grados, ahí el cuerpo comienza a defenderse y subir la temperatura, al llegar nuevamente a 12 grados vuelve a encenderse, así para evitar que los enfermeros tengan que estar pendientes de la temperatura”.