En 1869 Domingo Faustino Sarmiento era presidente de la Nación. Había asumido en el cargo el 12 de octubre del año anterior y llevado a cabo la considerada, en perspectiva, segunda presidencia histórica o fundacional tras la de Bartolomé Mitre. En su gestión, Sarmiento se basó en tres objetivos bien precisos: “Nación, Constitución y Libertad”. La nación era comprendida como la unión definitiva de las provincias, con base en la Constitución y la libertad como pilar para garantizar el progreso de los ciudadanos.


































