Fue encontrada con vida dentro de una bolsa en un canasto de residuos del barrio 17 de Octubre de la ciudad de Rafaela. El caso salió a la luz por una denuncia en redes sociales y desencadenó una cadena de solidaridad.
María, la perrita rafaelina que la tiraron viva a la basura y ahora lucha por volver a confiar en las personas
La encontraron viva dentro de una bolsa, tirada en un canasto de basura en la ciudad de Rafaela. Llegó a la veterinaria con 42 grados de temperatura y un miedo tan profundo que todavía no se anima a mirar a nadie a los ojos. Una cadena de solidaridad logró cambiar su destino, pero María aún enfrenta su desafío más difícil: volver a confiar en las personas.

Llegó a la veterinaria con 42 grados de temperatura, el pelo completamente apelmazado y un miedo extremo hacia las personas. Hoy se recupera, mientras vecinos y rescatistas buscan esclarecer quién la abandonó.

María todavía no se anima a mirar a las personas a los ojos. Cuando alguien se acerca, desvía la mirada, permanece inmóvil o intenta refugiarse en su canil. Se deja acariciar, pero su cuerpo continúa en alerta, como si todavía no pudiera comprender que ahora está en un lugar seguro.
Tiene entre seis y siete años y nadie sabe con certeza qué vivió antes de aquel fin de semana de octubre en el que su historia comenzó a circular por las redes sociales. Lo que sí se conoce es cómo fue encontrada: dentro de una bolsa de nylon, abandonada en un canasto de basura de calle Terragni, en barrio 17 de Octubre de Rafaela, a pocos metros de un destacamento policial.
Lo que comenzó como una denuncia desesperada se convirtió en una cadena de solidaridad que involucró a vecinos, rescatistas, profesionales veterinarias y personas dispuestas a ofrecerle un hogar.
Sin embargo, detrás de la conmoción pública hay una historia que todavía está lejos de terminar. Porque, aunque María logró superar el cuadro de salud más urgente, ahora enfrenta otro desafío: volver a confiar en los seres humanos.
La denuncia en redes sociales que permitió conocer el caso
Todo comenzó durante el domingo 18 de octubre, cuando una publicación en redes sociales alertó sobre un presunto episodio de maltrato animal ocurrido en barrio 17 de Octubre.
Según denunciaron quienes difundieron el caso, un perro había sido arrojado dentro de una bolsa mientras todavía estaba vivo y abandonado en un canasto de residuos sobre calle Terragni.

Fueron vecinos de la zona quienes intervinieron para sacar al animal de la bolsa y ponerlo a resguardo. Desde el primer momento advirtieron que se encontraba extremadamente asustado. Entre quienes participaron del rescate había jóvenes que, al advertir la gravedad de la situación, comenzaron a pedir ayuda para conseguir atención veterinaria.
El miedo del animal dificultaba su manipulación y traslado. En medio de los intentos por asistirlo, lograron sujetarlo en las inmediaciones de una capilla, circunstancia que más adelante tendría un significado especial.
Mientras tanto, la publicación comenzó a compartirse y multiplicó los pedidos de colaboración. No solamente se buscaba garantizar que el perro recibiera atención médica, sino también esclarecer quién lo había dejado allí.
A través de las redes sociales, solicitaron a los vecinos del barrio que tuvieran cámaras de seguridad que aportaran las imágenes para reconstruir lo sucedido e intentar identificar al responsable. La denuncia pública fue el primer paso de una movilización que, con el correr de las horas, sumaría nuevas personas dispuestas a intervenir.
El traslado a la veterinaria y las primeras noticias sobre su salud
Una vez rescatado, el animal fue trasladado para recibir asistencia veterinaria.
En una actualización de la publicación original, quienes habían intervenido informaron que ya se encontraba bajo atención profesional. En ese primer mensaje señalaron que presentaba 40 grados de fiebre y que estaba previsto realizarle una placa para evaluar su estado de salud.
También difundieron un pedido de colaboración económica para afrontar los gastos de la atención de urgencia. Sin embargo, el cuadro que encontraron las profesionales que lo recibieron era todavía más preocupante de lo que reflejaban aquellas primeras publicaciones.
En una veterinaria rafaelina, las médicas veterinarias Luciana Ferrero y Soledad Aguirre comenzaron a trabajar para estabilizar a la perrita. “Sole”, quien la recibió inicialmente durante su guardia, recordó las condiciones en las que llegó.
"Lo primero que hicimos fue tomarle la temperatura. Tenía 42 grados, un golpe de calor muy marcado. Estaba muy decaída, deprimida y realmente en pánico. Nunca había visto tanto miedo en un animal", relató.

La bolsa dentro de la que había permanecido encerrada le cubría incluso las orejas. A eso se sumaba el deterioro de su pelaje, completamente apelmazado y con una acumulación tal que le dificultaba caminar.
"Tenía tanto pelo apelmazado que para tomarle la temperatura tuve que comenzar a cortarlo. Estaba en un estado de abandono muy marcado, incluso le costaba caminar", explicó la veterinaria.
Su compañera, Luciana, describió una imagen que resultaba difícil de olvidar. "Llegó en estado de shock, con muchísimo miedo. Estaba completamente rígida, como si estuviera anestesiada, pero estaba consciente", recordó.
Las profesionales comenzaron inmediatamente con las medidas necesarias para controlar el golpe de calor. La perrita recibió fluidoterapia y cuidados de estabilización hasta que su temperatura corporal comenzó a descender.
"Con todo lo que hicimos logramos que bajara la temperatura y que se estabilizara. Ahora falta trabajar toda la parte del comportamiento, para que vuelva a confiar en las personas", explicó Aguirre.
El primer objetivo era salvarla de la situación crítica en la que había llegado. Pero el comportamiento que mostraba desde su ingreso dejaba en evidencia que la recuperación no sería solamente física.
De ser un animal abandonado a tener un nombre: María
En medio de las primeras horas de atención y de las muestras de solidaridad, las jóvenes que habían colaborado con el rescate propusieron darle un nombre. La llamarían María.
La elección tuvo dos motivos especiales. Por un lado, el episodio ocurrió durante el fin de semana del Día de la Madre. Por otro, el hecho de que hubieran logrado sujetarla cerca de una capilla cuando necesitaban trasladarla para recibir asistencia.
Así, aquella perrita de la que inicialmente nadie conocía siquiera su nombre comenzó a ser identificada como María. El nombre empezó a acompañar las publicaciones sobre su evolución y los mensajes de vecinos que se interesaban por su estado de salud.
Mientras recibía los primeros tratamientos, también comenzó a conocerse el trabajo de las personas que buscaban establecer cómo había llegado a ese canasto de basura.
La búsqueda del responsable y el trabajo de los vecinos
El pedido inicial de imágenes de cámaras de seguridad no quedó solamente en una publicación de redes sociales. Martín Tuninetti, presidente del barrio 17 de Octubre, comenzó a movilizarse junto con vecinos para intentar reconstruir lo ocurrido.
A través de registros de cámaras y distintas averiguaciones, el grupo avanzó en la búsqueda de información sobre la persona que habría abandonado a María.
El lunes 19 de octubre, Daniela Guidobono, referente de la agrupación Rescatando Corazones y una de las personas que acompaña el caso, brindó detalles sobre esos avances en diálogo con Radio Rafaela.
La rescatista destacó especialmente el compromiso de Tuninetti y de quienes se involucraron en las averiguaciones. Según explicó, el trabajo realizado habría permitido identificar a quien sería el responsable del abandono, por lo que el presidente barrial avanzaría con la denuncia correspondiente.
La rescatista también agradeció el asesoramiento legal brindado por Brunone, abogada de PRADA, para acompañar la presentación. Pero en medio de esas averiguaciones apareció otra preocupación.
De acuerdo con lo manifestado por la rescatista, en el domicilio señalado habría otro animal que también se encontraría en malas condiciones. Por ese motivo, se buscaría intervenir para conocer su situación y ponerlo a resguardo si fuera necesario.
Para ese perro, además, sería fundamental conseguir un hogar de tránsito o una familia dispuesta a adoptarlo. La posibilidad de que existiera otro animal necesitado de ayuda amplió la preocupación de quienes seguían el caso, que ya no se limitaba únicamente al abandono de María.
El lunes 19 de octubre llegaron las primeras buenas noticias, pero el miedo seguía intacto. Después del golpe de calor y de la atención recibida, la temperatura corporal había descendido. La perrita comenzó a tomar agua y a alimentarse, señales importantes para su recuperación.
Sin embargo, su estado emocional seguía siendo motivo de preocupación.
"La perrita está en estado de pánico. Se deja acariciar sin problemas, pero no hace contacto visual. Está muy asustada", relató la referente de Rescatando Corazones. Aunque físicamente había logrado estabilizarse, María continuaba reaccionando con un temor profundo ante la presencia de las personas.
Las profesionales que la atendían habían decidido postergar algunas tareas de higiene, incluido el baño, porque consideraban que podían representar una experiencia demasiado invasiva.
En ese mismo contacto, Daniela, la rescatista, confirmó otra noticia esperanzadora: una persona ya había manifestado interés en adoptarla. Aunque todavía era prematuro hablar de un traslado a un hogar definitivo, la posibilidad de que María encontrara una familia empezó a tomar forma.
¿Qué tiene para decir “María?
Este martes 20 de octubre, las profesionales que la atienden volvieron a hablar sobre su evolución en un móvil de Radio Rafaela.
“Lu” y “Sole” reconstruyeron cómo había sido su llegada, los tratamientos realizados y, especialmente, las dificultades que todavía enfrenta la perrita para relacionarse con las personas. Una de las veterinarias describió una de las conductas que más les llama la atención.
"No te mira a la cara. Cuando intentás intercambiar una mirada con ella, mira hacia otro lado, como si quisiera desaparecer", expresó.
María permanece gran parte del tiempo refugiada en su canil. Aunque acepta ciertas formas de contacto, todavía reacciona con temor cuando necesita salir o ser manipulada.
"Cuando la sacás del canil o intentás manipularla, está todo el tiempo alerta. Es muy triste, pero vamos a trabajar para que pueda estar bien y vuelva a confiar", agregó Aguirre.
Las profesionales señalaron que ese comportamiento podría estar relacionado con experiencias previas de violencia, aunque aclararon que no es posible determinar con certeza qué situaciones atravesó únicamente a partir de sus reacciones.
Lo que sí saben es que necesitará paciencia.
María comenzó a comer, pero suele hacerlo cuando está sola y siente que nadie la observa. Todavía evita el contacto visual y requiere un acercamiento progresivo para no sentirse amenazada.
Las veterinarias estimaron que tiene entre seis y siete años, por lo que se trata de una perrita adulta que podría haber atravesado un período prolongado de descuido. Por ahora, el trabajo está concentrado en recuperar su salud y permitirle adaptarse a un entorno donde pueda sentirse segura.
María, la perrita que ahora tiene una segunda oportunidad
Desde aquella primera publicación en redes sociales hasta las entrevistas de los últimos días, la historia de María estuvo acompañada por una importante respuesta de la comunidad.
Las jóvenes y los vecinos que la rescataron, las personas que difundieron el pedido de ayuda, quienes aportaron información para intentar identificar al responsable, la agrupación Rescatando Corazones y las profesionales veterinarias forman parte de una cadena de colaboración que permitió cambiar el destino inmediato de la perrita.
Pasaron apenas unos días desde que María fue encontrada dentro de una bolsa en un canasto de basura. En ese breve tiempo, su historia pasó de una denuncia desesperada en las redes sociales a una movilización de vecinos, rescatistas y profesionales que hoy trabajan para ayudarla a salir adelante.
Llegó a la veterinaria con 42 grados de temperatura, con dificultades para caminar y paralizada por el miedo. Ahora come, toma agua y se encuentra físicamente más estable.
Pero todavía no mira a los ojos.
Quienes la atienden no saben cuánto tiempo necesitará para dejar de sentir temor. Tampoco pueden determinar exactamente qué experiencias atravesó antes del abandono.
Lo que sí saben es que cada acercamiento deberá ser paciente, sin forzarla, hasta que comprenda que ya no necesita mantenerse permanentemente en alerta.
Tal vez todavía falte para que pueda mirar a alguien a los ojos sin miedo. Pero esta vez, cuando se anime a levantar la mirada, habrá personas del otro lado dispuestas a cuidarla.








