A sus 99 años, Alberto Chab Tarab no habita el pasado: lo habita todo. Su día no comienza con el peso del siglo transcurrido, sino con el impulso del día que empieza. Se despierta entre las nueve y las diez de la mañana, se sienta en silencio a meditar, desayuna un tazón de yogur casero con frutas y frutos secos, y sale a buscar sus 6.000 pasos diarios. Si un día no alcanza la marca, se lo recrimina con la disciplina de un atleta. Después lee, atiende a sus pacientes, cocina para sus nietos y abre ChatGPT en la computadora para aprender algo nuevo.
El médico de 99 años que desafía al tiempo y le gana a la soledad con un clic
Alberto Chab deslumbró en Casa España con una lección vital: medita, camina 6.000 pasos diarios, usa ChatGPT y lidera un grupo de nonagenarios que rompe tabúes sobre la vejez, la muerte y el deseo.


Frente a casi un centenar de personas que colmaron Casa España en la ciudad de Santa Fe en un silencio cargado de emoción y asombro, este médico y psicoanalista con más de siete décadas de ejercicio compartió mucho más que una teoría sobre la longevidad. Ofreció una cátedra viva de reinvención.
La historia de esta nueva juventud comenzó hace dos años con un golpe de humor negro y un toque de lucidez. Durante una cena familiar, cuando tenía 97 años, su nieta Zoe le preguntó en qué andaba. Alberto, con la chispa intacta, le respondió con una broma que encerraba una verdad desgarradora: "Mis amigos tuvieron la mala idea de morirse". La frase no era una queja, sino la constatación de un vacío: la dificultad radical de encontrar pares con quienes hablar de igual a igual, no como el terapeuta que ayuda, sino como el hombre que comparte la misma altura del camino.

Zoe, que por entonces tenía 17 años, decidió filmarlo. Frente a la cámara, con una remera a rayas y pantalón beige, Alberto lanzó su mensaje al abismo digital de TikTok. La respuesta fue un alud: en solo 24 horas, más de dos mil personas le escribieron. Tras el arduo trabajo de revisar correo por correo, nació lo extraordinario: un grupo de debate compuesto por hombres y mujeres de entre 93 y 102 años que se reúne quincenalmente.
Hoy, ese grupo no solo es un refugio contra la soledad, sino un fenómeno en redes sociales que dio vida a su propio podcast. "Hablamos de todo, inclusive de temas que parecen prohibidos como la muerte o la sexualidad. No hay ningún inconveniente", relata Alberto con la naturalidad de quien ya no le teme a ninguna verdad.

Ese afán por comprender la mente humana no es nuevo. Despertó a los 15 años cuando descubrió las páginas de Sigmund Freud. Para convertirse en médico y psicoanalista tuvo que costearse cada año de estudio con trabajos diversos, forjando el carácter de quien sabe que las cosas valiosas se construyen a pulso. Hoy, lejos de retirarse, prepara un libro autobiográfico que rechaza el molde tradicional: quiere contar su vida hilvanada con la historia misma del país, desde su infancia en las calles de San Telmo hasta esta madurez plena que hoy inspira a distintas generaciones.
Durante la jornada organizada por el Centro de Estudios Encuentro, su coordinador, Lucas Simoniello, resumió el sentir de los asistentes: "Estos espacios son fundamentales cuando pensamos cómo queremos vivir y construir nuestra ciudad. Nos enseñan a encontrarnos con otros, a tomar lo mejor de los vínculos, a reinventarnos con el paso del tiempo y a comprender que nunca se debe dejar de tener un proyecto".
Alberto Chab no enseña a durar más años sobre la tierra; enseña a vivirlos. En tiempos donde la vejez suele asociarse al repliegue y al olvido, este médico de 99 años nos recuerda que las arrugas son solo la geografía del tiempo, y que mientras haya un motivo para levantarse, un libro por escribir o una charla pendiente con amigos, el alma se mantiene irrevocablemente joven.









