Delfina sobrevivió, pero el miedo sigue: la familia duda en regresar a San Cristóbal
Tras el intento de asesinato y nuevas amenazas por redes, la madre teme por la seguridad de sus hijos. Asegura que denunció en distintos ámbitos lo que podía pasar, pero no fue escuchada. La menor se recupera luego de una cirugía.
La adolescente fue sometida a una cirugía reconstructiva. Foto: archivo El Litoral
Delfina tiene 15 años y pelea por reconstruir su vida desde una cama del hospital Cullen. Sobrevivió a un ataque brutal en San Cristóbal, donde fue golpeada y cortada en el rostro por cinco jóvenes. La agresión, que rozó el homicidio, fue el punto final de una historia de acoso, amenazas y violencia sostenida que, según su madre, nadie quiso frenar a tiempo.
Luciana, su mamá, habla con la voz quebrada pero firme. Mientras acompaña a su hija tras una cirugía reconstructiva, exige justicia y denuncia que el hostigamiento no terminó: hoy continúa a través de redes sociales.
Cirugía y recuperación compleja
Delfina fue intervenida quirúrgicamente en el hospital Cullen, donde permanece internada. La operación se realizó el martes por la mañana y, según relataron los médicos a la familia, el procedimiento salió bien.
Delfina y su mamá, juntas en su hora más difícil. Foto: Gentileza
“Entró al quirófano y salió todo bien, gracias a Dios”, contó Luciana. Aun así, el proceso recién empieza. La adolescente enfrenta una recuperación física delicada y un daño emocional profundo.
El parte médico suministrado por el director del hospital Cullen, Dr. Bruno Moroni, precisa que "la paciente está cursando post-operatorio de toilette y suturas de tres lesiones a nivel de rostro. Es una paciente que se encuentra en sala general continuando con tratamiento médico con curaciones y tratamiento de antibiótico con evolución favorable".
“Psicológicamente está muy dañada”
El impacto del ataque excede lo corporal. Delfina sufre pesadillas, crisis de angustia y un cuadro de trauma severo, según indicaron los profesionales que la asisten.
“Es un hecho muy traumático, va a necesitar tratamiento psicológico y psiquiátrico por mucho tiempo, quizás de por vida”, explicó su madre. La reinserción social —volver a salir, a vincularse, a caminar por la calle— aparece hoy como uno de los mayores desafíos.
Bullying y advertencias ignoradas
El ataque no fue un hecho aislado. Luciana asegura que su hija era víctima de acoso constante, tanto en la escuela como en redes sociales. Las agresiones verbales y las amenazas se prolongaron durante meses.
La adolescente permance internada en el hospital Cullen: Foto: archivo El Litoral
“Yo hablé con los padres, me acerqué a la Secretaría de Niñez, hice todo lo que correspondía. Advertí que algo podía pasar”, sostuvo. Nadie actuó. “No imaginé esta magnitud, pero sabía que algo grave iba a ocurrir”.
Los agresores eran compañeros de escuela o excompañeros. Según la denuncia, el grupo ya tenía antecedentes de conductas violentas con otros adolescentes.
Delfina dejó de asistir a la escuela por miedo. Evitaba lugares públicos, no salía sola, vivía en alerta permanente. Aun así, fue alcanzada por la violencia.
“Mi hija hoy está viva de milagro. No porque ellos quisieron, sino porque no lograron su objetivo”, remarcó Luciana, convencida de que se trató de un intento de asesinato.
Miedo a volver a casa
Lejos de calmarse, la situación se agravó tras el ataque. La familia sigue recibiendo amenazas e intimidaciones por redes sociales. Incluso otros familiares fueron hostigados.
Luciana ya realizó las denuncias correspondientes ante la Policía de Investigaciones y aportó pruebas digitales. Sin embargo, el temor persiste.
Vecinos de San Cristóbal reclaman justicia. Foto: Gentileza
“No tenemos garantías para volver a San Cristóbal. Quizás busquemos otro lugar para vivir. Tengo miedo por mi hija y por mis otros hijos. No puedo exponerlos otra vez”, afirmó.
Una madre sola
Luciana vive sola con sus tres hijos menores. Es comerciante y hoy no puede trabajar: su prioridad absoluta es acompañar a Delfina.
“Quieren que me calle, pero no me voy a callar. No hasta que se haga justicia”, advirtió. El dolor, la bronca y el miedo conviven con una determinación inquebrantable.
En medio del drama, la madre destacó la atención recibida en el sistema público de salud. “No sabía que había cirujanos plásticos en hospitales públicos. No tenía dinero para pagar una cirugía”, confesó.
“La atendieron de manera inmediata y gratuita. Estoy profundamente agradecida”, señaló sobre el equipo del Cullen, que ahora acompaña el largo camino de recuperación.
“Queremos vivir en paz”
Delfina permanece junto a su madre. Juntas, intentan atravesar el momento más oscuro de sus vidas.
“Solo quiero que mi hija esté bien y que se haga justicia”, repite Luciana. El deseo es simple, pero el camino será largo: sanar las heridas visibles y las que no se ven, y recuperar una vida que la violencia intentó arrebatar.