Un carnicero santafesino que utilizaba su condición de legítimo usuario de armas para abastecer de manera sistemática el mercado negro fue condenado a cinco años y medio de prisión de cumplimiento efectivo.
Carnicero santafesino condenado por proveer armas de fuego al mercado negro
Reconoció haber utilizado su credencial habilitante de legítimo usuario para comprar pistolas y revólveres que luego vendía clandestinamente. Firmó un juicio abreviado.

Salvador Alejandro Emmolo, de 38 años, fue sentenciado como autor del delito de “provisión ilegal de armas de fuego agravada por la habitualidad”. El fallo fue dictado por el juez penal Nicolás Falkenberg tras homologar un acuerdo de juicio abreviado. Además del encierro carcelario, el magistrado le impuso una inhabilitación especial por diez años para ser legítimo usuario ante la Anmac.

El procedimiento abreviado fue presentado por la fiscal del Ministerio Público de la Acusación (MPA), Juliana González, y contó con la plena conformidad del abogado defensor particular Luis Miguel Massot. El imputado prestó su consentimiento expreso desde la unidad penal donde permanece alojado desde diciembre del año pasado.
Durante la audiencia, la fiscalía acreditó que el acusado aprovechó su registro oficial para adquirir armamento a su nombre con el fin de desviarlo hacia personas no autorizadas, y que desplegó estas maniobras comerciales con fondos de origen desconocido que no pudo justificar legalmente.
5 armas desaparecidas
La investigación penal preparatoria reveló que Emmolo llegó a registrar a su nombre once armas de fuego de diversos calibres, entre ellas pistolas nueve milímetros, calibre 380 y calibre 40, revólveres 357 Magnum, escopetas y carabinas. Sin embargo, el armamento no se encontraba resguardado en el domicilio que había declarado.

El 3 de diciembre de 2025, efectivos de la Policía Federal Argentina e inspectores de la Anmac allanaron su vivienda de calle Gorostiaga al 4200. En el inmueble solo hallaron dos armas de las siete que debían estar allí: un revólver Taurus y una escopeta. Las cinco restantes habían sido volcadas al circuito clandestino.
El legajo fiscal desnudó un dato alarmante: de cuatro armas que Emmolo había denunciado como sustraídas en años previos, tres terminaron incautadas en causas criminales de gravedad. Una pistola calibre 40 apareció en un caso de violencia de género, mientras que una pistola nueve milímetros fue secuestrada a un convicto.

Aún más contundente resultó el hallazgo de un revólver calibre 357 Magnum registrado a su nombre. La poderosa arma de fuego fue secuestrada en el marco de la investigación por un homicidio agravado en Santa Fe, cuyo autor material ya fue condenado a 32 años de prisión.
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La evidencia troncal que selló la suerte del imputado provino del peritaje informático realizado sobre su teléfono celular secuestrado. En las extracciones forenses se descubrieron decenas de conversaciones de mensajería instantánea que el acusado mantenía bajo la cuenta identificada como “Carnicería Ale”, el negocio que explotaba en su casa.
A través de dicha aplicación, el comerciante ofrecía a distintas personas armas cortas y largas, enviaba fotografías de las piezas y pactaba montos de dinero en efectivo. Incluso instaba a terceros a tramitar la condición de legítimo usuario para facilitar la compraventa y el traspaso ilegal del material.

Asimismo, la pesquisa descartó la coartada propuesta, de que no habría tenido las armas consigo porque las había prestado a conocidos, debido a que se logró comprobar que las autorizaciones estaban vencidas y que las inspecciones en domicilios de allegados dieron resultado negativo.
Al dictar la sentencia condenatoria, el juez Falkenberg dio por acreditada la materialidad de los hechos y la habitualidad delictiva del imputado y dispuso el decomiso definitivo y posterior destrucción de las armas y municiones secuestradas.









