La Cámara de Apelaciones en lo Penal de Santa Fe confirmó la condena a prisión perpetua impuesta a Martín Kunz, el exliceísta que en 2022 atacó a un grupo de cadetes del Liceo Militar General Belgrano y asesinó al chofer que los trasladaba.

La Cámara de Apelaciones ratificó el fallo que impuso la pena máxima a Martín Kunz, quien en 2022 acuchilló a Rubén Walesberg, intentó matar a cuatro liceístas y privó de la libertad a siete.

La Cámara de Apelaciones en lo Penal de Santa Fe confirmó la condena a prisión perpetua impuesta a Martín Kunz, el exliceísta que en 2022 atacó a un grupo de cadetes del Liceo Militar General Belgrano y asesinó al chofer que los trasladaba.
La resolución, fechada el 24 de febrero pasado, desestimó todos los agravios presentados por la defensa pública y ratificó que el imputado actuó con una "ultra finalidad" delictiva. Los jueces Martha Feijoó, Roberto Prieu Mántaras y Jorge Andrés concluyeron que la sentencia de primera instancia fue debidamente fundada y que no se vulneraron garantías constitucionales durante el proceso.
El caso, que se remonta al mediodía del 19 de agosto de 2022, dejó una huella imborrable tanto en las víctimas y sus familiares como en la comunidad toda. Kunz fue hallado culpable de “homicidio calificado criminis causa” por la muerte de Rubén Walesberg, además de cuatro “tentativas de homicidio” y siete “privaciones ilegítimas de la libertad” de los cadetes que viajaban en el transporte escolar.
Con esta sentencia confirmatoria, la Justicia reafirmó que el asesinato del transportista no fue un hecho aislado, sino el medio necesario que el atacante eligió para tomar el control total del vehículo y de sus jóvenes ocupantes.

A pesar de los intentos de la defensa por anular el juicio o reducir la calificación a un homicidio simple, la alzada fue contundente en su análisis. Los magistrados consideraron que la prueba producida, que incluyó registros fílmicos, testimonios de las víctimas y pericias forenses, es abrumadora y no deja lugar a dudas sobre la autoría y la intención de Kunz.
La reconstrucción de los hechos plasmada en el fallo judicial describe una secuencia de terror que se inició en la parada habitual de la panadería "La Perla de Colastiné", en el kilómetro 1 de la Ruta Provincial N° 1. Según los testimonios coincidentes, el transporte que trasladaba a los cadetes del Liceo Militar de Santa Fe hacia San Javier se detuvo allí para que compraran el almuerzo.
Fue en ese momento cuando Kunz ingresó de forma intempestiva al vehículo y, sin mediar palabra, atacó a Walesberg con un cuchillo de 27 centímetros de largo. El chofer, herido de muerte en la zona auricular, alcanzó a descender de la camioneta antes de desplomarse ensangrentado sobre la vereda, a la vista de todos.

Con el conductor fuera de combate, Kunz inició un segundo ataque dentro del habitáculo contra los menores de edad. Las heridas no fueron superficiales: uno de los cadetes sufrió lesiones de tal gravedad que perdió la consciencia y sufrió una parálisis facial como resultado del ataque.
Tras herir a otros jóvenes y darse cuenta de que tres cadetes habían logrado escapar, Kunz cerró las puertas, impidiendo la salida del resto de los pasajeros. Bajo amenazas de muerte y con una frase que quedó grabada en las víctimas -"recen, recen para que no los mate"-, obligó a un chico de 14 años a conducir el vehículo por varios kilómetros, hasta que fueron interceptados por la policía.
Durante la apelación, la defensa de Kunz intentó invalidar el proceso cuestionando la falta de presencialidad física del acusado -quien siguió el juicio por Zoom- y la supuesta irregularidad en la cadena de custodia de una bolsa con evidencias.
Sin embargo, la jueza Feijoó fue clara al señalar que el sistema de videoconferencia permitió a Kunz observar todo lo ocurrido y comunicarse con su abogada en todo momento, garantizando así su derecho de defensa.

El tribunal también rechazó la teoría del "fruto del árbol envenenado", argumentando que la condena no dependía exclusivamente de la prueba cuestionada por la defensa, sino de un plexo probatorio sólido y autónomo.
Respecto a la calificación legal, el tribunal ratificó el criminis causae. Los jueces explicaron que para que exista esta figura debe haber una conexión ideológica en el agente: Kunz mató al chofer para "sacárselo de encima" y así poder privar de la libertad a los alumnos y llevárselos a otro lugar.
"La muerte de Walesberg fue el medio elegido por Kunz para tomar el control del vehículo", sentencia el fallo.

Finalmente, la Cámara desestimó la conjetura defensiva sobre una supuesta agresión inicial por parte de los cadetes, aclarando que los sables que portaban eran netamente ornamentales y carecían de capacidad lesiva frente al arma blanca utilizada por el condenado.
Con el rechazo de todos los agravios y la confirmación de su condena, Kunz permanecerá en prisión cumpliendo la pena máxima.