El avance de los consumos problemáticos, particularmente entre niños y adolescentes, volvió a ocupar el centro de la discusión durante una entrevista televisiva en la que el psicólogo y exdeportista profesional Matías Dalla Fontana trazó un diagnóstico crítico sobre la situación y reclamó una intervención estatal de mayor escala.
"Estamos ante una verdadera bomba sanitaria"; la advertencia de un especialista
El psicólogo Matías Dalla Fontana trazó un duro diagnóstico sobre el crecimiento de los consumos problemáticos en Argentina y puso el foco en los niños que comienzan a consumir a edades cada vez más tempranas. También cuestionó la falta de información suficientemente desagregada para conocer el impacto real de las drogas en cada ciudad y provincia.

Dalla Fontana, exintegrante de Los Pumas y con experiencia vinculada a la salud mental y a la gestión de políticas públicas sobre adicciones, fue entrevistado en el programa Santa Fe Policiales, que se emite por CYD Litoral, luego del testimonio de Gisela Martínez, referente de la vecinal de barrio San Lorenzo de la ciudad de Santa Fe.
El especialista sostuvo que las adicciones responden a múltiples causas y que su peso puede variar de acuerdo con la edad y las circunstancias personales. Sin embargo, puso especial énfasis en el crecimiento del consumo de marihuana y en la edad cada vez más temprana en la que algunos niños entran en contacto con esa sustancia.
"Estamos asistiendo en la Argentina en la última década aproximadamente a un crecimiento del 300% del consumo de marihuana", afirmó.
Según explicó, el fenómeno debe ser analizado no sólo como un problema individual o sanitario, sino también como una cuestión social que puede comprometer el desarrollo de los proyectos de vida de niños, adolescentes y adultos jóvenes.
Advertencia sobre la edad de inicio
Uno de los puntos centrales de su exposición fue la edad de inicio. Dalla Fontana retomó incluso lo expresado minutos antes por la referente de barrio San Lorenzo, quien había hablado de niños de entre 9 y 12 años expuestos al consumo.
"Son los niños los que están consumiendo marihuana desde los 9 años en los barrios de Santa Fe y en Argentina", sostuvo.
Para el psicólogo, el impacto de una sustancia sobre un organismo en desarrollo no puede ser equiparado con el consumo de un adulto. En ese sentido, advirtió sobre las consecuencias que puede tener la exposición temprana sobre la construcción de un proyecto personal, educativo, laboral y familiar. "Estamos frente a una verdadera bomba sanitaria", definió.

Dalla Fontana consideró que la dimensión del problema requiere reconocer su magnitud y evitar que el debate quede reducido a posiciones políticas o culturales enfrentadas.
A su entender, una de las claves pasa por recuperar una percepción de riesgo que permita a la sociedad conocer con claridad cuáles son los efectos asociados al consumo de las distintas sustancias.

"Hay que hablar con ciencia de evidencia, generando contenidos asequibles para que la población sepa lo que hace en términos de daño tal o cual objeto de consumo", explicó.
En esa línea, sostuvo que otros países que lograron frenar o reducir el crecimiento del consumo desarrollaron campañas sostenidas de concientización sobre los daños y articularon esas políticas con sus sistemas sanitarios.
Dimensionar las consecuencias
Durante la entrevista también surgió una cuestión particularmente sensible: la dificultad para determinar cuántas personas mueren en el país como consecuencia directa o indirecta de los consumos problemáticos.
Dalla Fontana explicó que la Argentina cuenta con organismos públicos destinados a elaborar estadísticas sobre drogas y consumos, pero advirtió sobre la falta de información suficientemente desagregada y actualizada para conocer con precisión qué ocurre en cada provincia y en cada ciudad.
El problema, señaló, se vuelve todavía más complejo cuando el consumo de sustancias aparece asociado a otras causas de muerte o a situaciones que no necesariamente quedan registradas estadísticamente como consecuencia de una adicción.
Mencionó, a modo de ejemplo, casos de personas que pueden ingresar a un hospital después de sufrir un accidente y encontrarse bajo los efectos de alguna sustancia, así como situaciones vinculadas con embarazos y recién nacidos que presentan síntomas de abstinencia. "Estamos frente a una agresión al pueblo argentino", afirmó.
Dalla Fontana habló incluso de una "triple deuda" que, según su interpretación, atraviesa a las generaciones más jóvenes: una deuda financiera, una deuda ecológica y una deuda neurológica.
Sobre esta última, explicó que el desarrollo cerebral durante la infancia y la adolescencia atraviesa etapas que resultan determinantes y que determinadas alteraciones durante esos períodos pueden tener consecuencias difíciles de compensar posteriormente.
Internación y qué ocurre después
Otro de los ejes planteados durante la entrevista fue la forma en que el sistema de salud aborda a las personas que atraviesan una adicción.
Dalla Fontana rechazó que el debate quede encerrado en una falsa disyuntiva entre internación sí o internación no. Afirmó que la internación puede resultar necesaria en los casos más graves, pero que sólo funciona adecuadamente cuando forma parte de un proceso integral de atención.

"La salud mental es un tema de salud y la adicción es un tema de salud", sostuvo. Para explicarlo recurrió a una comparación con una lesión deportiva. Señaló que una persona puede ser operada de una rodilla y recibir el alta, pero si después no realiza rehabilitación y no existe un seguimiento hasta recuperar progresivamente su actividad, el tratamiento queda incompleto.
A su entender, algo similar sucede con las adicciones cuando la internación aparece aislada de las etapas anteriores y posteriores. "Como está todo compartimentalizado y los eslabones están rotos, en general la internación no sirve, porque no hay un antes y un después", explicó.
Por eso consideró necesario construir una continuidad de cuidados que incluya prevención, detección temprana, tratamiento, internación cuando sea necesaria, seguimiento y reinserción.
Pero su propuesta no se limitó al sistema sanitario. Dalla Fontana sostuvo que la prevención debe comenzar mucho antes y que resulta necesario reorganizar aspectos básicos de la vida cotidiana de niños y adolescentes.
Pauta antropológica
"La Argentina debe resolver una pauta antropológica", planteó. En ese concepto incluyó cuestiones tan elementales como dormir ocho horas, realizar tres comidas, asistir a la escuela, aprender y disponer de espacios para jugar y practicar deportes.
Como ejemplo de intervención comunitaria mencionó un modelo que se desarrolla en el municipio bonaerense de San Miguel, donde se trabaja en la articulación entre municipios, clubes, instituciones religiosas y organizaciones de la comunidad.
La propuesta, explicó, apunta a transformar los clubes en espacios preventivos, donde los chicos puedan desarrollar actividades deportivas y, al mismo tiempo, acceder a intervenciones sanitarias.
Santa Fe y un desafío mayor
Para Santa Fe, sostuvo, el desafío debería tener una dimensión mucho mayor. "Hay que poner decenas de miles de chicos en la ciudad de Santa Fe en un esquema de contraturno que vincule la escuela con los clubes y las instituciones barriales", afirmó.
La propuesta apunta a que la familia pueda ser acompañada en el desarrollo de los niños y que, paralelamente, exista una inversión adecuada en recursos terapéuticos para aquellos que manifiesten síntomas de problemas de salud mental o adicciones.
El planteo final de Dalla Fontana fue contundente: frente a una problemática que considera de magnitud creciente, las respuestas no deberían reducirse a estadísticas, congresos o charlas aisladas.
"El Estado tiene que tener vocación de intervenir masivamente en la organización de la vida de los barrios", sostuvo.
En esa mirada, la prevención no comienza cuando aparece la adicción. Comienza mucho antes: en la escuela, en la familia, en los clubes, en las instituciones barriales y en la posibilidad concreta de ofrecerles a los chicos un proyecto de vida que no quede condicionado por el consumo.








