Cuando los responsables de la Escuela N.º 49 “Dr. Agustín Araya”, de Santo Tomé, llegaron este martes al establecimiento de Estados Unidos de México y Richieri, en el barrio Las Vegas, encontraron buena parte de la instalación eléctrica destrozada. Los ladrones habían ingresado durante la noche y arrancado cables correspondientes a tres aulas y al sector del pasillo de acceso.
Otra vez vandalizaron la escuela Agustín Araya: cables arrancados, destrozos y clases suspendidas
Delincuentes ingresaron durante la madrugada al establecimiento ubicado en barrio Las Vegas y provocaron importantes daños en la instalación eléctrica. También se llevaron caños de los equipos de aire acondicionado y algunos caloventores. La comunidad educativa debió suspender las actividades ante el riesgo que representaban las conexiones expuestas.

El ataque no terminó solamente en el robo. También fueron sustraídos caños pertenecientes a los equipos de aire acondicionado y algunos caloventores, mientras que en distintos sectores del edificio quedaron cables tirados y conexiones expuestas.
Por razones de seguridad, las clases debieron ser suspendidas. La comunidad educativa decidió además aguardar la intervención de los peritos antes de avanzar con el ingreso al establecimiento, ante el riesgo que podía representar la presencia de cables sueltos o instalaciones que todavía conservaran electricidad.
"Había mucho destrozo. Estaban todos los cables tirados en la entrada y en los pasillos de las aulas", relató Sonia, colaboradora de la institución, durante una entrevista con El Litoral.

El episodio volvió a dejar en evidencia la vulnerabilidad de una escuela que, según quienes integran su comunidad, ya sufrió otros robos en un período relativamente corto.
Ataques reiterados
Para Sonia, lo ocurrido durante las últimas horas no puede analizarse como un hecho aislado. Recordó que apenas dos semanas atrás el establecimiento también había sido víctima de un robo.
En aquella oportunidad, explicó, la escuela había quedado sin servicio de internet después de que los delincuentes cortaran y sustrajeran cables vinculados con la conexión. También se llevaron puertas de aluminio de los baños utilizados por los alumnos.

La sucesión de episodios alimenta la preocupación entre las familias y quienes colaboran con la institución. "La escuela es lo que necesita", sostuvo Sonia al referirse a la necesidad de contar con una presencia preventiva permanente en las inmediaciones.

La mujer contó que a lo largo del tiempo se intentaron distintas alternativas para proteger el edificio, entre ellas cámaras y alarmas. Sin embargo, consideró que ninguna de esas medidas alcanzó para impedir los ingresos.
"Necesitamos un patrullero"
"La escuela necesita un patrullero constantemente afuera, no hay otra opción", afirmó.

El reclamo se produce en un contexto en el que el robo de cables se convirtió, según el testimonio de la colaboradora, en una preocupación que también alcanza a vecinos de la zona. Sonia relató incluso que sufrió personalmente dos robos de la bajada de luz durante este año y vinculó esos episodios con la búsqueda de cobre.
Más allá de las circunstancias particulares de cada hecho, lo concreto es que el nuevo ataque volvió a tener una consecuencia inmediata: una escuela sin clases.
Ahora resta determinar la magnitud total de los daños, completar el relevamiento de los elementos sustraídos y establecer cómo se produjo el ingreso al establecimiento. Mientras tanto, docentes, alumnos y familias quedaron nuevamente a la espera de que las reparaciones permitan recuperar la actividad normal.
El episodio también vuelve a instalar una pregunta que la comunidad educativa viene formulando desde hace tiempo: cómo evitar que, una vez reparada la escuela, la historia vuelva a comenzar.








