En Argentina, la enfermedad renal representa un problema de salud cada vez más relevante, en gran medida porque puede avanzar durante años sin dar señales claras.

La enfermedad renal suele avanzar sin síntomas hasta etapas tardías. Una profesional advirtió que los chequeos anuales y el control de factores de riesgo como diabetes e hipertensión son claves para detectarla a tiempo y evitar complicaciones graves.

En Argentina, la enfermedad renal representa un problema de salud cada vez más relevante, en gran medida porque puede avanzar durante años sin dar señales claras.
De acuerdo con datos del Ministerio de Salud de la Nación alrededor del 12,7% de la población adulta presenta algún grado de afectación renal. En otras palabras, aproximadamente una de cada ocho personas convive con esta condición, muchas veces sin saberlo.
La nefróloga Sabrina Agüero, remarcó en una entrevista con Viví Mejor que la detección temprana es el principal desafío. “Inicialmente es una enfermedad silenciosa, es decir, no presenta síntomas hasta estadios avanzados”, explicó. Por ese motivo, insiste en la importancia de los controles médicos de rutina, especialmente en personas que presentan factores de riesgo.
El tema cobra especial relevancia en el marco del Día Mundial del Riñón, que se conmemora cada 12 de marzo y busca generar conciencia sobre la prevención, el diagnóstico temprano y el cuidado de estos órganos vitales.

Según explicó Agüero, la enfermedad renal crónica afecta a una proporción significativa de la población adulta. En Argentina, la prevalencia estimada alcanza el 12,7%, una cifra que refleja la magnitud del problema sanitario.
La situación no es exclusiva del país. En América Latina la prevalencia supera el promedio global: 10,5% frente al 9,5% registrado a nivel mundial. Este crecimiento está estrechamente vinculado al aumento de enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión arterial y la obesidad.
“La diabetes, principalmente, y la hipertensión son las dos principales causas de ingreso a diálisis en nuestro país”, explicó la especialista, citando datos del Registro Argentino de Diálisis Crónica.
Pero no son los únicos factores. También influyen otros elementos relacionados con el estilo de vida y las condiciones sociales. El nivel educativo, la calidad de la alimentación, el sedentarismo y las dificultades para acceder al sistema de salud pueden favorecer tanto el desarrollo de la enfermedad como su detección tardía.
Por eso, desde la nefrología se insiste en reforzar estrategias de prevención y control que permitan identificar el daño renal en etapas tempranas.

Los riñones cumplen múltiples funciones fundamentales para el organismo. Su tarea más conocida es la filtración de la sangre: eliminan toxinas y exceso de agua a través de la producción de orina.
Sin embargo, su rol va mucho más allá.
Agüero explicó que estos órganos también participan en el equilibrio de minerales esenciales como sodio, potasio, calcio y fósforo. Además, producen hormonas que intervienen en procesos clave del cuerpo humano.
Entre esas funciones se destacan el control de la presión arterial, la producción de glóbulos rojos y el mantenimiento de la salud ósea. Cuando los riñones comienzan a fallar, todas estas funciones pueden verse alteradas, lo que impacta directamente en la salud general de la persona.
Uno de los mayores desafíos de esta patología es que, en sus primeras etapas, suele transcurrir sin síntomas evidentes.
“En etapas tempranas la enfermedad no suele dar síntomas, por eso es llamada silenciosa”, señaló la especialista.
Recién cuando el daño progresa pueden aparecer algunas señales de alerta. Entre ellas, la nefróloga mencionó:
Cambios en las características de la orina, como presencia de sangre o espuma
Alteraciones en la frecuencia urinaria, como orinar menos o levantarse varias veces por la noche
Hinchazón en piernas o en la cara sin otra causa aparente
Ante cualquiera de estos signos, recomendó consultar con un médico, preferentemente un especialista en nefrología, para realizar una evaluación adecuada.
Una de las claves para evitar complicaciones es realizar controles médicos periódicos, incluso cuando no existen síntomas.
En personas sanas, Agüero recomendó realizar un control anual con el médico clínico. Estos chequeos incluyen estudios de sangre y orina que permiten evaluar la función renal.

Entre los análisis más importantes se encuentran:
Urea y creatinina en sangre, que permiten medir cómo están funcionando los riñones.
Examen de orina, que puede detectar la presencia de proteínas u otras alteraciones que indiquen daño renal temprano.
En pacientes con factores de riesgo —especialmente diabetes e hipertensión— los controles deben ser más frecuentes.
Factores de riesgo que pueden dañar los riñones
La enfermedad renal suele estar asociada a múltiples condiciones que afectan la salud general.
Entre los principales factores de riesgo se encuentran: diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial,
enfermedades cardiovasculares, obesidad, tabaquismo y antecedentes familiares de enfermedad renal. Estas condiciones pueden dañar progresivamente los riñones si no se controlan adecuadamente.
Por eso, la prevención no solo implica cuidar la salud renal en sí misma, sino también mantener bajo control las enfermedades que pueden afectar su funcionamiento.

Para reducir el impacto de la enfermedad renal, los especialistas promueven una serie de hábitos saludables conocidos como las “8 reglas de oro” para la salud renal.
Estas recomendaciones incluyen:
Mantenerse activo y en forma
Mantener estable el nivel de azúcar en sangre
Controlar la presión arterial
Llevar una alimentación saludable
Mantenerse bien hidratado
No fumar
Evitar la automedicación
Realizar controles de la función renal, especialmente en personas con factores de riesgo
La prevención, subrayó Agüero, no solo mejora la calidad de vida de los pacientes sino que también reduce el impacto sobre el sistema de salud.
El lema del Día Mundial del Riñón de este año es “Salud renal para todos: cuidando a la gente, protegiendo al planeta”. La campaña busca destacar el vínculo entre el cuidado del ambiente y la salud humana.
Según explicó la especialista, factores ambientales como el calentamiento global o el acceso limitado al agua potable pueden aumentar el riesgo de enfermedad renal crónica o acelerar su progresión.
Frente a este escenario, la difusión de información, los talleres comunitarios y herramientas como la telemedicina pueden ayudar a reducir la brecha entre los pacientes en riesgo y el sistema de salud.
“El objetivo es llegar a la detección precoz, disminuir las complicaciones y garantizar un tratamiento oportuno”, concluyó la nefróloga.