La primera imagen que muchas mujeres reciben sobre la lactancia suele ser idealizada: un bebé que se prende al pecho sin dificultades y una mamá que sabe exactamente qué hacer.
Lactancia materna: la verdad que nadie te cuenta y que puede hacer la diferencia al empezar a amamantar
La lactancia suele presentarse como un proceso natural, pero no siempre resulta sencilla. Dolor, dudas sobre la cantidad de leche, cansancio y culpa son algunas de las dificultades más frecuentes.

Sin embargo, la realidad suele ser bastante diferente. La llegada de un hijo implica un aprendizaje para toda la familia y la lactancia forma parte de ese proceso.
Comprender que no tiene por qué ser perfecta y que pedir ayuda a tiempo puede marcar una gran diferencia no solo facilita la alimentación del bebé, sino que también protege la salud física y emocional de la madre.
La verdad sobre la lactancia
Hay algo que nadie te cuenta sobre la lactancia", resumió la licenciada en Psicología y puericultora, Lorena M. Martín (Mat. 1762) . Y ese aspecto, aseguró, es que la lactancia no es solamente un acto biológico.

"También ayuda a construir el vínculo entre la díada mamá-bebé. Es un encuentro entre ambos que va mucho más allá de alimentar", explicó.
Sin embargo, durante los primeros días pueden aparecer múltiples obstáculos que muchas veces sorprenden a las familias.
Las dificultades para lograr una buena prendida, el dolor en los pezones, las grietas o la incomodidad durante las tomas son algunas de las consultas más frecuentes. Pero, según la especialista, esos problemas rara vez aparecen solos.
"Al mismo tiempo, esa mujer está atravesando un cambio enorme. Se está convirtiendo en mamá, quizás por primera vez, o está transitando nuevamente la maternidad con otro hijo. Hay emociones intensas, cansancio, incertidumbre y muchas expectativas. Todo eso también influye en la lactancia."
Por eso insistió en que reducir la lactancia únicamente al acto de alimentar al bebé es un error.

"Tenemos que mirar a esa mamá de manera integral. No solamente cómo está dando la teta, sino también cómo está viviendo ese momento."
Una de las preguntas que más se repite en los consultorios tiene que ver con una preocupación que atraviesa prácticamente a todas las madres.
¿Tengo suficiente leche?
La duda puede parecer simple, pero suele convertirse en una importante fuente de ansiedad.
"La mayoría pregunta si está produciendo lo que su bebé necesita. Cuando el bebé tarda en aumentar de peso o llora mucho, esa incertidumbre crece y muchas veces termina interfiriendo con la propia lactancia."
Para Martín, el acompañamiento emocional resulta tan importante como las indicaciones técnicas.
"No alcanza con explicar cómo prender al bebé al pecho. También hay que contener emocionalmente a esa mamá porque la ansiedad puede jugarle en contra."
La especialista remarcó además una idea que muchas mujeres escuchan recién después del nacimiento.
Amamantar también se aprende.
"Todas las mujeres podemos dar la teta, pero también todas tenemos que aprender. Y no solo aprende la mamá. El bebé también aprende a tomar el pecho."

Ese proceso requiere tiempo, paciencia y acompañamiento.
No ocurre de un día para otro ni existe un plazo igual para todas las familias.
No existe la lactancia perfecta: existe la que funciona para cada mamá y cada bebé
Las redes sociales y algunos discursos instalados generan la idea de que existe una única forma correcta de amamantar.
Para Martín, esa búsqueda de perfección puede convertirse en uno de los principales enemigos de la lactancia.
"En realidad, existe la lactancia que funciona para esa mamá y para ese bebé."
La especialista sostuvó que cada díada construye su propio camino.
"No todas las lactancias son iguales. Incluso una misma mujer puede vivir experiencias completamente distintas con cada uno de sus hijos."

Por eso consideró que intentar cumplir estándares ideales suele aumentar la culpa y la frustración.
"Cuando queremos alcanzar una lactancia perfecta, muchas veces aparece la ansiedad. Y esa ansiedad termina interfiriendo."
En cambio, propone cambiar la pregunta.
En lugar de preguntarse si la lactancia es perfecta, invita a pensar:
¿Está funcionando para esta mamá y para este bebé?
Responder esa pregunta permite encontrar soluciones más realistas y disminuir la presión que sienten muchas mujeres durante el puerperio.

El rol de la pareja y de la familia
Otro de los aspectos que suele pasar inadvertido es el acompañamiento del entorno.
Para la puericultora, la ayuda no consiste solamente en alcanzar un vaso de agua mientras la madre amamanta.
"Sostener al que sostiene."
Así resume el papel que deberían asumir quienes rodean a la mujer durante esta etapa.
Eso implica colaborar con las tareas domésticas, cuidar a otros hijos si los hay, participar de las noches difíciles y, sobre todo, validar el cansancio.
"No hay que minimizar lo que siente una mamá diciendo: '¿De qué te quejás si estás todo el día en casa con el bebé?'"
La especialista recuerda que cuidar a un recién nacido demanda atención permanente y un enorme desgaste físico y emocional.
La presencia afectiva de la pareja, la familia o las personas cercanas puede aliviar gran parte de esa carga.
¿Cuándo conviene consultar a una puericultora?
Uno de los errores más frecuentes es esperar a que aparezca un problema importante.
Martín aclaró que la consulta puede realizarse incluso antes del nacimiento.
"Durante el embarazo podemos prepararnos para la lactancia."
Y después del parto no hace falta esperar una urgencia.
Se recomienda buscar acompañamiento cuando aparecen: dolor al amamantar; grietas o lastimaduras en los pezones; dificultades para que el bebé se prenda correctamente; dudas sobre si el bebé está tomando suficiente leche; molestias durante las tomas; pérdida importante de peso del recién nacido e inseguridad sobre las posiciones para amamantar.
"No hay que esperar a salir corriendo de urgencia. Muchas dificultades pueden resolverse mucho más fácilmente cuando se consulta a tiempo."
Pedir ayuda también forma parte de la crianza
Para cerrar, la profesional dejó un mensaje que busca aliviar una de las mayores cargas de las madres recientes: la sensación de tener que resolver todo solas.
"Confiá en tu cuerpo y confiá en tu bebé."
Pero también recordó que la confianza no significa hacerlo todo sin ayuda.
"La crianza no se puede transitar en soledad."
Consultar, preguntar o expresar dudas no es un signo de debilidad.
Todo lo contrario.
"Hay muchos profesionales preparados para acompañar este momento. No hay que sentir vergüenza, culpa ni miedo por pedir ayuda."
Porque, al fin y al cabo, la lactancia no se mide por la perfección ni por cumplir expectativas ajenas.
Se construye día a día, entre dos personas que también están aprendiendo a conocerse. Y cuando esa experiencia está acompañada, respetada y libre de exigencias imposibles, tiene muchas más posibilidades de convertirse en un vínculo saludable para la mamá y para su bebé.









