La llamada ortosomnia se presenta como una nueva preocupación relacionada con el descanso nocturno que, paradójicamente, puede comprometer la calidad del sueño.

Se trata de un fenómeno asociado al uso de pulseras y relojes inteligentes para medir el sueño que puede derivar en ansiedad nocturna y peor calidad del descanso, advierten especialistas.

La llamada ortosomnia se presenta como una nueva preocupación relacionada con el descanso nocturno que, paradójicamente, puede comprometer la calidad del sueño.
Aunque no figura aún como un diagnóstico médico formal, expertos en sueño señalan que la fijación en lograr cifras “perfectas” de descanso —basadas en datos de dispositivos tecnológicos— puede generar estrés, dificultad para conciliar el sueño y somnolencia diurna.
El término ortosomnia describe un patrón de preocupación excesiva por la calidad del sueño que está vinculado al uso de dispositivos de monitoreo, como pulseras o relojes inteligentes.
Estos aparatos, diseñados para registrar parámetros como duración del sueño, fases del descanso y calidad del sueño, se han popularizado en los últimos años como herramientas orientadas a mejorar los hábitos saludables.

Sin embargo, especialistas en medicina del sueño advierten que algunas personas pueden comenzar a centrarse de manera obsesiva en los datos que estos dispositivos proporcionan, interpretándolos como indicadores absolutos de “buen” o “mal” descanso.
Esta preocupación persistente por optimizar cada noche según métricas externas puede generar lo que algunos investigadores han llamado ortosomnia.
La idea de buscar un sueño perfecto se apoya en la creencia de que dormir un número específico de horas o alcanzar determinados puntajes de calidad es esencial para una buena salud. Aunque existe evidencia de que dormir lo suficiente es importante para el bienestar físico y mental, la interpretación rígida de esos parámetros puede convertirse en una fuente de ansiedad.
Este fenómeno no está reconocido formalmente como un trastorno del sueño por organismos oficiales de salud, pero sí ha sido objeto de análisis en estudios científicos y observaciones clínicas.

Investigaciones iniciales identificaron comportamientos en los que personas pasaban tiempos prolongados en la cama intentando mejorar sus “números” de sueño, lo que terminaba afectando negativamente su descanso.
Los síntomas atribuidos a la ortosomnia pueden ser similares a los de otros trastornos del sueño, pero con un origen más ligado a la ansiedad que a una causa fisiológica concreta.
Las señales frecuentes incluyen dificultad para iniciar el sueño, despertares nocturnos o despertarse temprano sin poder volver a dormir, incluso cuando las horas totales de sueño son suficientes según guías generales.
Además, quienes experimentan este fenómeno pueden sentir que no descansan aunque objetivamente lo hayan hecho, experimentar cansancio o somnolencia durante el día y desarrollar preocupación anticipada por el próximo período de sueño.
Este ciclo de ansiedad y vigilia puede interferir con otras áreas de la vida cotidiana, como el rendimiento laboral o la calidad de las relaciones personales.
Especialistas en salud del sueño coinciden en que la obsesión por datos no suele ser beneficiosa. En lugar de mejorar la calidad del descanso, la fijación con cifras específicas puede aumentar la tensión mental antes de dormir, lo que en muchos casos impide que el organismo se relaje de manera natural.
Para prevenir o revertir comportamientos asociados con la ortosomnia, recomiendan adoptar hábitos de higiene del sueño que favorezcan un descanso reparador sin depender exclusivamente de métricas tecnológicas.
Entre estas prácticas se incluyen: mantener horarios regulares para dormir y despertarse, preparar un ambiente tranquilo y oscuro para dormir, limitar el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse y moderar la atención prestada a los datos de los aparatos de monitoreo.

Los médicos también señalan que, si la preocupación por el sueño se vuelve persistente o interfiere de forma significativa con la vida diaria, es recomendable consultar con un profesional de la salud, preferentemente con formación en medicina del sueño o salud mental.
Un enfoque multidisciplinario puede ayudar a distinguir entre problemas fisiológicos del sueño —como el insomnio clásico, que afecta a un alto porcentaje de la población adulta— y los efectos contraproducentes de la ansiedad relacionada con el sueño.
En este contexto, es importante considerar que no todas las personas necesitan dormir la misma cantidad de horas: las necesidades varían según la edad, el estilo de vida y las características individuales.
Más allá de cifras absolutas, los expertos subrayan que un indicador práctico de buen descanso es despertarse sintiéndose renovado y capaz de enfrentar las actividades cotidianas, más que enfocarse en métricas específicas de dispositivos.