El dato es contundente: el 35,5% de los estudiantes secundarios en Argentina utilizó vapeadores o cigarrillos electrónicos al menos una vez en su vida. Esto implica que más de uno de cada tres adolescentes tuvo contacto con estos dispositivos, según el Séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias en población escolar (2025).
Vapeadores el 35% de los estudiantes secundarios ya los usó
El dato surge de un relevamiento nacional que también advierte sobre el uso de nicotina y la falta de controles en el mercado.

La cifra marca un punto de inflexión. Por primera vez, el uso de cigarrillos electrónicos supera al consumo de tabaco tradicional, que alcanza al 28,7% de los estudiantes, y también se ubica por encima de otras sustancias como la marihuana.
El fenómeno no solo crece en magnitud, sino que también presenta características que preocupan a los especialistas en salud pública. Entre quienes vapean, casi un tercio (32,4%) consumió productos con nicotina, lo que implica exposición directa a una sustancia altamente adictiva en edades tempranas.

Pero el dato más alarmante es otro: el 11,4% de los adolescentes que usaron estos dispositivos no sabe qué sustancia consumió. En un mercado donde la comercialización está prohibida y no existen controles oficiales, esta falta de información expone a los jóvenes a riesgos difíciles de dimensionar.
Además, el informe advierte que el 77,1% de los usuarios opta por líquidos saborizados, muchos de ellos diseñados para resultar atractivos al público joven. Esta variedad —que incluye miles de sabores— es uno de los factores que explican la expansión del vapeo entre adolescentes.
Nicotina en nuevas formas
Cuando se amplía la mirada y se combinan todas las formas de consumo de nicotina, el panorama se vuelve aún más significativo. El estudio estima que el 31,7% de los estudiantes secundarios consumió nicotina alguna vez en su vida, ya sea a través de cigarrillos tradicionales o dispositivos electrónicos.

Incluso, un 8,5% utilizó ambas formas, lo que evidencia una coexistencia de prácticas y no un reemplazo absoluto. Sin embargo, la tendencia indica que los vapeadores están ganando terreno como puerta de entrada.
Este cambio se da en un contexto donde los dispositivos electrónicos suelen ser percibidos como menos dañinos, una idea que no está respaldada de manera concluyente por la evidencia científica y que es cuestionada por organismos sanitarios.
Perfil de los usuarios
El crecimiento del vapeo no es homogéneo. El informe identifica patrones claros en la población adolescente. Las mujeres presentan niveles de consumo más altos que los varones, tanto en el uso alguna vez en la vida como en el último año.

A su vez, el uso aumenta de manera sostenida con la edad. El salto más significativo se registra a partir de los 15 años, lo que ubica a la adolescencia media como una etapa crítica para la prevención.
Otro aspecto relevante es la percepción de riesgo. Los estudiantes que vapean tienden a considerar que estas prácticas implican menos peligro, no solo en relación con los cigarrillos electrónicos, sino también respecto al tabaco y la marihuana. Esta baja percepción funciona como un factor que facilita la continuidad del consumo.
El avance de los cigarrillos electrónicos contrasta con la evolución del tabaco tradicional, que mantiene una tendencia descendente sostenida desde hace más de una década.

En 2025, el 28,7% de los estudiantes secundarios declaró haber fumado cigarrillos —con o sin filtro, de paquete o armados— alguna vez en su vida. En 2007, ese porcentaje era del 46,3%.
También se redujo el consumo reciente: el 20,6% fumó en el último año y el 13,8% en el último mes. Este descenso está acompañado por un leve retraso en la edad de inicio, que pasó de 13,3 años en 2014 a 13,8 en 2025.
A pesar de estos avances, el tabaco sigue siendo una sustancia presente en la vida de los adolescentes, muchas veces asociada a factores sociales y emocionales.

Dónde y por qué consumen los jóvenes
El estudio aporta, por primera vez, datos sobre los contextos de consumo. En el caso del tabaco, el espacio público —como calles, plazas o esquinas— es el principal escenario, con el 35,6% de los casos.
Le siguen los boliches y bares (18,8%), la casa propia (17,1%) y la casa de amigos (16,7%). En general, el consumo se da en entornos sociales: cerca del 60% de los adolescentes fuma en compañía de amigos o compañeros de escuela.
En cuanto a los motivos, predominan razones vinculadas al bienestar subjetivo. El 48,5% fuma por placer, el 30,1% para relajarse o calmar nervios, y el 19,4% para afrontar situaciones difíciles.
Sin embargo, también se detecta una falta de estrategias de autocuidado: más de un tercio de los fumadores actuales no toma ninguna medida para reducir riesgos.









