Colón, la ilusión de su gente lo empuja a un protagonismo que es irrenunciable
Otra dirigencia, plantel renovado casi en su totalidad, heridas del pasado reciente que tardaron en cicatrizar y un “viaje de 36 estaciones (partidos)” en un tren del que nadie debe bajarse.
Ha llegado, por fin, la hora de volver a la cancha, de renovar la ilusión y de empezar a mostrar, desde el inicio, que las pretensiones y los sueños tienen un fundamento sólido. Pasaron más de 120 días que sirvieron para que concluya un ciclo muy negativo en lo deportivo, de lo peor que ha sufrido Colón en sus 121 años de existencia, con heridas que tardaron en cicatrizarse. Se mira el futuro con otras expectativas, aunque esto no quita el compromiso de responderlas con una campaña acorde con el protagonismo que Colón requiere en esta categoría y que el año pasado faltó a la cita.
Es un plantel nuevo, que este sábado se empezará a ver cómo responde y cuánto le falta para convertirse en un equipo. Fueron 16 incorporaciones que estuvieron a tono con lo que se dijo desde el principio del ciclo, tanto de la dirigencia encabezada por Alonso como de la dirección deportiva encarnada en Colotto: “Vamos a traer de 12 a 15 jugadores”, dijeron aquella vez. Fueron 16.
Medrán se encargó de decir, a cuanto micrófono o grabador que se le cruzara, que está conforme con el plantel que se armó. No tiene excusas. Trajo jugadores de experiencia en puestos clave (por ejemplo, Pier Barrios y Rasmussen, que se conocen de Godoy Cruz, para integrar la zaga), más otros que conocen a pleno lo que es jugar en esta categoría (Muñoz, Antonio, Marcioni, Bonansea). Pocos nombres rutilantes (como había en el plantel anterior) y más “hambre de gloria” para ir por un objetivo que es el de máxima.
Es difícil pedirle paciencia a la gente y todos saben, en Colón, cuál es el grado de exigencia después de los últimos fracasos. El respaldo está intacto y esto se ha visto reflejado en los más de 27.000 socios y en la venta de palcos y plateas. La ilusión del hincha se renueva rápidamente, pero habrá que corresponderla y para ello es necesario que el equipo empiece a dar respuestas positivas desde el arranque.
El torneo dura 36 fechas. Alguna vez, Delfino dijo que “hay que llegar bien a octubre” y tenía razón. Empezar bien es bueno porque calma ansiedades y acumula confianza en la gente, pero lo importante es terminar mejor. Los ejemplos sobran en el fútbol argentino. No solo en esta categoría, sino también en Primera. La diferencia es que, en la Primera Nacional, salir primero tiene su premio: el que lo logra, participa por los dos ascensos.
Diego Colotto, el director deportivo y Ezequiel Medrán, el DT. Crédito: Manuel Fabatía.
Hay jugadores curtidos en este plantel. Y otros que deben saber que la mochila que tienen es pesada y que la camiseta de Colón no es la de cualquier otro equipo que va haciendo “camino al andar”, para ver qué pasa. Colón no puede jugar al “ver qué pasa”, tiene exigencias de club grande y un protagonismo que lo exige su historia.
Medrán, un DT sin excusas
Medrán llegó a Colón a remontar un barrilete sin nada de viento, lo fagocitó la debilidad de un plantel absolutamente deteriorado en lo anímico, lo físico y lo futbolístico, detonado mentalmente y que terminó sumergido en un profundo fracaso. Poco y nada quedó de ese plantel. El técnico es uno de los “sobrevivientes” y sabe con total certeza la misión que asume y también los riesgos que corre. Pudo armar el plantel que quiso y ya no tendrá la “excusa” de la carga que recibió el año pasado.
Arranca una historia que es larga, que ha despertado expectativa y que tiene el respaldo de una dirigencia a la que le sobra experiencia y que también va en búsqueda de curar una herida y retomar el camino del éxito. Justamente en este 2026 en el que se cumplirán cinco años de aquella gesta de San Juan, de la que muchos de los que hoy están, en el gobierno del club, fueron protagonistas.