Radicado en la tranquilidad de Hasenkamp, disfruta de los encantos del lugar al que siempre volvía. “Cuando jugaba, mis vacaciones eran aquí, en mi pueblo”, dice Paolo Goltz, aquel defensor que se convirtió en emblema de Colón cuando el club consiguió, hace cinco años, el título de campeón. Y que hablló en La Primera de Sol.
Paolo Goltz: “Desde antes de llegar a Colón, sabía que venía a ser campeón”
El veterano defensor, referente de aquel plantel en 2021, se lesionó y no pudo jugar la semi y la final. “Estaba más nervioso que si hubiese jugado”, recordó.

-¿Qué recuerdo tenés de aquel día?
-Que estaba muy nervioso, porque estando de la línea de cal para afuera no se puede hacer nada. En cambio, adentro de la cancha, no me costaba nada entrar en partido y enseguida se iban los nervios. Entonces, lo viví con nerviosismo, pero creo que los dos partidos que me tocó estar en el banco y que le agradezco a Eduardo Domínguez, porque también estaba lesionado pero tuvo la la gratitud de de llevarme también al banco y vivirlo de ahí desde cerca, lo hice con mucho nerviosismo, tanto la semifinal con Independiente como la final con Racing.
-¿Cuándo te convenciste de que estaban para campeón?
-Yo tenía un convencimiento, producto de muchas charlas que tuvimos con Eduardo, hasta te diría desde antes de venir a Colón. Yo llegué unos días antes de ese arranque en Santiago del Estero, pero desde un mes antes, él me contaba casi todos los días qué hacían, cómo entrenaban. Entonces, cuando llegué, no me costó nada la adaptación, jugué desde el primer partido de titular, conocía también con qué compañeros iba a jugar. Todo. Pero volviendo a tu pregunta, cuando pasaron cinco o seis partidos me dí cuenta de que la cosa venía bien.

-¿Dónde lo ubicas a Eduardo Domínguez dentro de del universo de técnicos que te tocó en toda tu carrera?
-En el escalón de arriba, con algunos técnicos más, pero siempre en el escalón de arriba. Yo, de Eduardo, era amigo, porque todos conocen mi historia y que fui compañero de él en un par de de oportunidades en Huracán, concentrábamos juntos, nos conocíamos de memoria. Yo era el capitán de de ese equipo, en Huracán, teniendo otros líderes como el mismo Eduardo, Gastón Esmerado, Chiche Arano, Araujo, mucha gente grande. Y yo era uno de los más chicos y era el capitán de ese plantel en Huracán. Ellos me ayudaron también a ser quién era yo adentro de la cancha, un líder, me ayudaron a ser líder, me ayudaron a ser capitán. Yo a eso lo valoré mucho, siempre.
-Siempre dio la impresión de ser un técnico con temple…
-Es muy cauto con las dos cosas. Cuando las cosas van mal, trata de de mantener la tranquilidad. Eso se contagia hacia el grupo. Muchas veces he escuchado que los técnicos dicen que “no se puede hacer nada de la línea para afuera", pero se puede hacer muchísimo. Y creo que lo que es el técnico y lo que hace a lo largo de un partido, se contagia mucho a los jugadores.
-¿Cuál fue la clave del equipo?
-Cuando hay un funcionamiento y hay una seguridad y un trabajo atrás que lo respaldan, hay jugadores que se pueden caer y nada se resiente. Pasó con varios de nosotros pero cuando hay un funcionamiento atrás y hay una seguridad en eso, entran chicos o suplentes y nada se resiente. Lo mismo nos pasó con el Huracán de Cappa. Y desafiamos así a los puntos flacos.
-¿Cuál es la evaluación que hacés de lo que pasó posteriormente y que vos también lo tuviste que que vivir, Paolo?
-Que no hay que llegar a una relajación… Se cometieron errores, principalmente de parte de nosotros, de los jugadores. Y también de todos, porque ese objetivo del campeonato no fue de los jugadores, fue de la gente, fue de los dirigentes, del resto de la gente que trabajaba en Colón, de todos. Se dejaron pasar cosas que no debieron dejarse pasar.

-¿Por ejemplo?
-Quizás se hizo mucho hincapié en la Libertadores y se descuidó el torneo local. Ojo, llegamos a octavos y fue buena la actuación, pero haber descuidado el torneo terminó siendo un error… También es cierto que jugamos otra final, contra River. No fue malo lo que hicimos a partir del título de campeón en ese torneo posterior, donde salimos sextos o séptimo. Y hay cosas rescatables. Pero entramos en la mala y no pudimos salir. Y en mi caso, no era el final para una carrera de 22 años que yo deseaba tener.
-¿A Delfino no lo entendieron?
-Iván es un técnico bárbaro, un técnico de Primera. El hizo las cosas lo mejor que pudo y nosotros no pudimos responderle de la mejor manera. Hubo allí también problemas “extra cancha”, por así decirlo, y también muchos cambios de entrenadores.
-¿Cuáles fueron esos problemas “extra cancha”?
-Económicamente, Colón no estaba bien… Y el jugador ha cambiado mucho hoy en día. El tema redes sociales, hoy, repercute mucho. Me ha tocado hablarlo mucho con los chicos. Entonces, ese trabajo sicológico tiene que estar siempre de parte de nosotros, de los grandes, para tratar de contener a los más chicos y que no le den tanta importancia a las redes sociales.
-Y la presión por ascender, que debe ser peor que la supuesta presión por ser campeón…
-Presión va a haber siempre en Colón, es inevitable. Pero hay otras cosas que también tienen que ver con lo sicológico que hoy, en el fútbol, es fundamental. Cuando descendimos, llegaron 15 jugadores a ese torneo y, desde el comienzo, teníamos esa presión por corresponder a tamaña expectativa de la gente de volver a Primera. Hubo cosas que se tendrían que haber manejado de otra manera.
-¿Nunca te ofrecieron dejar de jugar y hacerte cargo inmediatamente del equipo?
-Nunca me comentaron o me me dijeron algo… Es cierto que yo estaba jugando, pero hubieron muchos casos. Ubeda, en Huracán, era jugador y agarró el equipo. Con el Turco Mohamed pasó lo mismo en México. Con Eduardo Domínguez también pasó lo mismo.
-¿Venís a Santa Fe?
-Viajo seguido, tengo a mi hija estudiando allí, me cruzo mucha gente por la calle y Colón me trató como si fuera de la familia.









