Hoy es uno de esos días en los que se me vienen a la memoria todos esos momentos rojiblancos de mi vida. Así aparece, por ejemplo, la foto de mi niñez, dicéndole a mi vieja: “Me voy a lo de Pablo a escuchar el partido por la radio”. Pero Pablo supo guardar el secreto. Porque Pablo lo escuchaba solo, mientras yo caminaba las 15 cuadras que separaban mi casa de 4 de Enero al 2646 hasta el “15 de Abril”, me acercaba a la puerta y esperaba a algún tipo que entre solo. Entonces me arrimaba y le pedía: “¿Puedo entrar con usted?”. El tipo me tomaba de la mano y así accedía a ese espectáculo único. Una vez adentro de la cancha buscaba una butaca y gritaba los goles del Turco Alí, después los del Pelado Centurión o le gritaba que la tire a la tribuna al Choclo Regenghardt. Así fue toda mi infancia, hasta que puede “legalizar” en casa que iba a la cancha.

































