Organismos públicos manchados por la desidia, transiciones dificultosas en el poder político y decisiones que se toman en despachos sin medir el impacto, son moneda corriente de nuestro tiempo. Pero, al parecer, no son patrimonio exclusivo del siglo XXI, sino que en cada época adquieren fisonomías diferentes. Basta observar el archivo de los diarios de Santa Fe para encontrar ejemplos de esto, como el “cementerio de camiones” que descansaba hace 90 años en un local de calle Santiago del Estero y San Luis, sobre el trazado de la primera.



































