Uno va caminando por ese lugar lleno de tesoros astronómicos -hay libros del siglo XIX, miles de revistas y hasta un telescopio de 1912, bien guardados bajo siete llaves- y se encuentra con ladrillos por doquier, cascos de obreros, escaleras… Al levantar la cabeza puede verse la imponente cúpula geodésica, que cada vez parece agrandarse más y más: será el "techo" del planetario, donde la gente podrá disfrutar de una odisea espacial y virtual inmersiva.


































