En lo que respecta a la salud de los más chicos, las denominadas enfermedades poco frecuentes (EPF), también conocidas como “raras”, encierran, entre otras particularidades y aspectos distintivos, el rol trascendental que cumplen los padres. La característica principal de las EPF es la baja prevalencia, es decir que se producen con una escasa frecuencia en la población en general. Es prioritario y hasta crucial, entonces, que el adulto pueda darse cuenta de determinados indicios y vislumbre ciertas sospechas. En dicho contexto sobresale la historia que le tocó vivir a Roberta Anido de Pena junto a su hija, porque fue el puntapié inicial de la lucha contra estas patologías en el país, al menos desde la posición y el derrotero que deben afrontar los pacientes.


































