“Suprímase servicios de pasajeros interurbanos prestados por Empresa Ferrocarriles Argentinos a partir del 31/7/92”, con esa orden el gobierno de Carlos Menem daba por concluida la mayor parte de la actividad del ferrocarril en el país. Era el inicio del fin para millones de historias de criollos e inmigrantes que forjaron a base de locomotoras y rieles la etapa moderna de Argentina.




































