En medio de la alienada modernidad en que viven las grandes ciudades, donde todo pasa rápido y urgente, la gente pierde sus objetos personales. Y en una fracción segundo, el descuido de extraviar un DNI, una billetera o una licencia de conducir puede volverse un dolor de cabeza (hacer un engorroso trámite administrativo) y de bolsillo, porque reemplazar un par de lentes recetados que se perdieron, por ejemplo, es costoso.

































