Uno de estos relatos es el que inmortalizó Lina Beck Bernard (1824-1888) en su libro “El río Paraná”, publicado primero en París en 1864 y, tras el hallazgo de la pieza de gran valor histórico, en Argentina en 1935. “Entramos a un brazo del río, separado del gran Paraná por unas encantadoras islas”, relata la autora en aquella joya literaria, sin saber que nombra por primera vez al riacho Santa Fe. “Las aguas son demasiado bajas para poder seguir avanzando -continúa-. Aprovechamos para visitar una isla encantadora a la derecha: es Rincón, que separa el Paraná de la laguna Grande del Salado (la Setúbal), un gran lago de entre quince y dieciocho leguas de largo y tan ancho que parece un mar”.