El choque y vuelco ocurrido esta semana volvió a poner la mirada sobre una de las intersecciones más complejas del sistema vial de la ciudad de Santa Fe: avenida Alem y Belgrano. En ese punto confluyen movimientos vehiculares de características muy diferentes y, durante los últimos años, se realizaron modificaciones destinadas precisamente a reducir los conflictos que allí se producían.
Alem y Belgrano: por qué una de las esquinas más complejas de Santa Fe sigue generando situaciones de riesgo
El reciente choque y vuelco volvió a poner bajo la lupa una intersección donde confluyen tránsito urbano, interurbano, camiones, colectivos y vehículos particulares. Un trabajo realizado por estudiantes de Ingeniería Civil de la UTN analizó los antecedentes disponibles, aunque con datos de 2015 a 2021. Para el especialista Fernando Imaz, todavía falta información actualizada para evaluar qué ocurrió después de las últimas modificaciones.

Al reciente accidente se le suma otro, fatal, ocurrido el pasado 22 de mayo. Una pregunta permanece abierta: ¿qué tan peligrosa sigue siendo actualmente esa esquina y cuáles son las causas de los siniestros que continúan ocurriendo?

La respuesta requiere, antes que nada, una aclaración. Los datos disponibles para analizar históricamente la siniestralidad del lugar no son recientes. Según explicó el ingeniero mecánico Fernando Imaz, docente e investigador de la UTN Santa Fe e integrante del Centro de Estudios de Transporte, Accidentología y Movilidad (CETRAM), la fuente básica de información es la Agencia Provincial de Seguridad Vial (APSV) y los registros utilizados abarcan el período 2015-2021.
A partir de esos antecedentes, estudiantes de la carrera de Ingeniería Civil —que actualmente ya son ingenieros— realizaron un proyecto final en el que procesaron la información y analizaron distintos puntos de la ciudad. En ese trabajo aparece también un estudio específico de la intersección de Alem y Belgrano.
El dato es importante porque permite dimensionar el problema histórico, pero también marca un límite: no alcanza para saber con precisión qué está ocurriendo hoy.

“No hay antecedentes, al menos nosotros no los tenemos, desde que se sacó el semáforo que salía del puerto”, explicó Imaz. Por eso, cualquier evaluación actual de la peligrosidad de la esquina debería incorporar nuevos registros y comparar la situación previa y posterior a esa modificación.
Un cruce donde se mezclan demasiados movimientos
Más allá de las estadísticas, hay una característica estructural que ayuda a explicar la conflictividad del lugar.
“Esa esquina es muy conflictiva porque hay cruces de todos lados y además se juntan tránsito urbano con interurbano (pasante) y vehículos livianos con pesados (camiones y colectivos de larga distancia)”, describió Imaz.

La avenida Alem concentra una circulación importante de vehículos que atraviesan la ciudad, mientras que en su entorno se encuentran la zona portuaria y la Terminal de Ómnibus. Eso genera una combinación poco sencilla: vehículos que continúan por la avenida, otros que necesitan ingresar o salir de la zona portuaria, colectivos de larga distancia, camiones y automóviles particulares que realizan giros.
El CETRAM ya había estudiado esa configuración y detectado problemas vinculados con la geometría de la intersección, la capacidad de almacenamiento de vehículos y la coordinación semafórica.
Uno de los principales conflictos se producía en la antigua salida desde el sector portuario hacia Alem. El semáforo que regulaba ese movimiento tenía un tiempo muy reducido de habilitación. “Cuando estaba el semáforo de los 14 segundos (el que salía del puerto) las situaciones de riesgo eran habituales”, recordó Imaz.

La situación cambió posteriormente con la eliminación de ese movimiento. La modificación permitió reorganizar los flujos y mejorar los tiempos de circulación sobre Alem. Pero, según el especialista, eso no significa que la intersección haya dejado de ser conflictiva. “Algo se mejoró eliminando esa salida pero sigue siendo conflictiva porque la información para el usuario sigue siendo un tanto confusa”, sostuvo.
El problema de los giros
Uno de los movimientos que actualmente merece especial atención es el de los vehículos que circulan por Alem y pretenden ingresar hacia Belgrano. “Usuarios que van por la vía principal (tránsito rápido) intentan doblar por calle Belgrano hacia el norte y ahí se arman los líos”, explicó Imaz.

En ese tipo de situaciones, la interpretación que hace el conductor de los carriles disponibles, los movimientos permitidos y la señalización adquiere un papel central. Y allí aparece una posible línea de trabajo: más que pensar solamente en grandes obras, estudiar nuevamente cómo está funcionando la semaforización y cómo interactúan los distintos movimientos.
¿Cerrar el giro? Una solución que podría generar otro problema
Una de las alternativas que podrían imaginarse frente a los conflictos de la esquina es restringir alguno de los movimientos, particularmente el giro desde Alem hacia Belgrano.
Pero para Imaz esa medida tendría consecuencias importantes.
“Yo creo que la seguridad vial siempre es prioritaria versus la conectividad o fluidez en el tránsito”, señaló. Sin embargo, advirtió que las decisiones sobre una intersección de estas características deben considerar el funcionamiento de todo el sistema.

“Si intentás resolver el tema de la seguridad vial —por ejemplo cerrando el giro desde Alem a Belgrano como hicieron con la rotonda de la bajada del puente en la 168— hacés un lío bárbaro porque los colectivos de larga distancia no podrían ingresar a la terminal, y además, hoy el flujo que dobla a la izquierda es muy importante”.
Por eso, considera que no existe una solución sencilla ni una intervención que permita mejorar un aspecto sin afectar otro. “No es fácil porque no podés dejar contentos a todos. Seguramente cuando resolvés un problema pueden aparecer otros”, resumió.
Buscar la “solución menos mala”
En ese escenario, la alternativa que plantea Imaz pasa por una herramienta mucho más precisa: analizar nuevamente la programación semafórica y simular los diferentes escenarios posibles.
“Quizás la solución —siempre de conveniencia, es decir con ganadores y perdedores— sea analizar la semaforización para ver los tiempos de verde, y evitar que cuando termina el giro a la izquierda no habilite el flujo por avenida Alem hacia el sur”, propuso.

Actualmente existen herramientas informáticas capaces de modelar el funcionamiento de una intersección semaforizada a partir de datos como cantidad de vehículos, velocidades, movimientos y horarios. “Hoy hay software que permite modelar las intersecciones semaforizadas y con la información que hay sobre flujos, velocidades, etc. se puede definir la solución ‘menos mala’”, sostuvo.
La expresión resulta significativa: el objetivo no necesariamente sería encontrar una solución perfecta, sino aquella que reduzca los riesgos sin trasladar el conflicto a otra calle o afectar de manera excesiva la circulación.
Para llegar a ese punto, sin embargo, hay un paso previo que parece imprescindible: actualizar la información.

Los registros históricos disponibles, según Imaz, llegan hasta 2021 y fueron proporcionados por la APSV. El trabajo realizado por los estudiantes de Ingeniería Civil permitió procesar esos datos y estudiar la intersección, pero no reemplaza una evaluación actual.
Sobre todo porque después de ese período se produjo una modificación importante: se eliminó el semáforo que regulaba la salida desde el puerto.
Sin una nueva serie de datos posterior a ese cambio, resulta difícil determinar si disminuyeron los siniestros, si cambiaron los tipos de conflictos o si el riesgo simplemente se desplazó hacia otros movimientos.

Por eso, el reciente accidente puede servir también como una oportunidad para volver a mirar Alem y Belgrano con herramientas de análisis más actuales. Contar los siniestros, conocer cómo se producen, identificar los movimientos que intervienen y comparar esos resultados con la situación anterior a las modificaciones permitiría discutir soluciones sobre evidencia y no solamente sobre percepciones.
En una esquina donde conviven tantos tipos de tránsito, quizás el desafío no sea encontrar una gran obra que resuelva todo de una vez, sino entender exactamente dónde se produce el conflicto y ajustar, movimiento por movimiento, el funcionamiento de la intersección.








