Las precipitaciones registradas durante las últimas semanas mejoraron las reservas hídricas en distintas regiones agrícolas del país, pero también complicaron el avance de las labores y condicionaron la evolución de los cultivos.
Las lluvias mejoran la humedad de los suelos, pero complican las siembras y el desarrollo de los cultivos
La Bolsa de Cereales de Buenos Aires advirtió que las precipitaciones y las bajas temperaturas ralentizan las labores de maíz y girasol. Mientras tanto, el trigo enfrenta demoras en la cosecha, posibles pérdidas de rendimiento y preocupación por las condiciones ambientales durante su etapa crítica


Así lo señaló la Bolsa de Cereales de Buenos Aires en su último informe de seguimiento agrícola, que relevó situaciones dispares para el maíz, el girasol, el trigo y la cebada.
En el caso de los cultivos de verano, las lluvias y las bajas temperaturas ralentizaron la implantación en algunas zonas, mientras que en los cereales de invierno la mayor disponibilidad de humedad contribuyó a sostener las condiciones generales, aunque con riesgos asociados a las heladas, la falta de radiación solar y las enfermedades.
El maíz y el girasol avanzan, pero las lluvias frenan las labores
La siembra de maíz con destino a grano comercial para la campaña 2026/27 alcanzó el 34,8% de las 8,4 millones de hectáreas proyectadas. De esta manera, mantiene un adelanto de aproximadamente cinco puntos porcentuales respecto de la campaña anterior.
Las tareas continúan sobre el centro y oeste del área agrícola, aunque las precipitaciones recientes ralentizaron la incorporación de nuevos lotes en sectores del centro y sur. En el centro-norte de Córdoba, los cuadros que no pudieron implantarse por falta de agua pasarían a planteos tardíos.

Los lotes ya sembrados transitan mayormente entre emergencia y cuatro hojas desplegadas (V4). Si bien se registraron problemas puntuales de emergencia y amarillamiento, asociados a las bajas temperaturas y la escasa radiación solar, la condición general del cultivo se mantiene entre normal y buena, con una disponibilidad hídrica adecuada a óptima.
Por su parte, la siembra de girasol llegó al 41,9% de las 3,1 millones de hectáreas previstas, tras avanzar 5,8 puntos porcentuales en la última semana. El progreso supera en 11,6 puntos porcentuales al promedio histórico y en 6,6 puntos al promedio de las últimas cinco campañas.
Sin embargo, las lluvias y las bajas temperaturas también demoraron los trabajos en las regiones del sur del área agrícola. A esto se suma la incertidumbre generada por los pronósticos de nuevas precipitaciones, que podrían dificultar el cumplimiento de los planes de siembra.

En los lotes implantados, con excepción de los primeros cuadros del NEA que ya alcanzaron el botón floral, predominan cultivos de entre dos y ocho hojas expandidas. Además, se mantienen focos de isocas cortadoras y daños provocados por aves, que continúan reduciendo la cantidad de plantas por superficie.
El trigo enfrenta riesgos durante una etapa clave
En el norte del área agrícola, las lluvias reiteradas y la elevada humedad demoraron el inicio de la cosecha en lotes que ya alcanzaron la madurez fisiológica. Los rindes esperados oscilan entre 10 y 40 quintales por hectárea, con promedios estimados de alrededor de 20 quintales en el NOA y 30 en el NEA.
En el resto de las regiones, las precipitaciones de octubre mejoraron la humedad de los suelos y permitieron sostener la condición general del cultivo. No obstante, en sectores del centro del área agrícola se esperan mermas de rendimiento de entre el 10% y el 30% respecto de la campaña anterior, como consecuencia del aborto de macollos y los daños ocasionados por las heladas.

A estos factores se suma la preocupación por la escasa radiación solar, que se manifiesta en el amarillamiento de las plantas. También se advierte sobre un bajo cociente fototermal durante el período crítico, una condición que podría limitar la cantidad de granos por superficie y afectar el potencial productivo.
En materia sanitaria, continúan los controles de enfermedades foliares, principalmente mancha amarilla y roya. Asimismo, se evalúan aplicaciones preventivas contra la fusariosis de la espiga, debido a que las actuales condiciones de humedad y temperatura podrían favorecer su aparición.
La cebada recupera humedad, pero persisten los efectos de las heladas
En cebada, las lluvias de octubre mejoraron considerablemente las reservas de agua en el suelo, en un momento oportuno para atravesar las etapas de encañazón y espigazón.

Sin embargo, en el oeste bonaerense las heladas provocaron daños y posibles pérdidas de rendimiento. En esa zona, las expectativas se ubican en torno a los 40 quintales por hectárea, mientras que en el resto del área agrícola las estimaciones oscilan entre 35 y 60 quintales.
En el sudoeste de Buenos Aires y el sur de La Pampa, la falta de agua durante el macollaje y la escasa radiación solar podrían limitar los resultados productivos. En tanto, en el sudeste bonaerense, el cultivo presenta un buen estado general, aunque con un desarrollo algo retrasado.
De esta manera, el escenario agrícola combina una mejora en la disponibilidad de agua con dificultades operativas y riesgos productivos. La evolución de las lluvias, las temperaturas y la radiación solar será determinante para el avance de las siembras y el resultado de los cultivos en las próximas semanas.








