La evolución de la ganadería argentina está modificando la forma de producir, conservar y aprovechar los recursos forrajeros. En ese escenario, la alfalfa se consolida como el cultivo estratégico para los sistemas de carne y leche, impulsando la incorporación de nuevas tecnologías y generando oportunidades de negocio tanto en el mercado interno como en el exterior.
La alfalfa impulsa un nuevo modelo forrajero y abre oportunidades para la ganadería
El crecimiento de la alfalfa como base de la alimentación animal está modificando las estrategias de conservación de forrajes y acelerando la incorporación de nuevas tecnologías. Desde Yomel sostienen que la demanda de sistemas más eficientes, el auge de las exportaciones y la necesidad de reducir el riesgo climático están redefiniendo las inversiones del sector ganadero.

Así lo aseguró Gustavo Cichello, gerente de Yomel S.A., quien explicó que el desarrollo de la maquinaria de la empresa parte de una premisa clara: priorizar las necesidades nutricionales del animal para luego diseñar las herramientas capaces de producir y conservar un forraje de mayor calidad.
"Nuestra visión está puesta primero en el animal. Después analizamos qué tipo de maquinaria necesita el productor para acompañar los distintos métodos de conservación", resumió.
La alfalfa se consolida como eje de la alimentación animal
Para Cichello, durante la última década cambió profundamente la forma de manejar la alfalfa. El cultivo dejó de estar asociado exclusivamente a la producción de heno para convertirse en la base de múltiples estrategias de conservación, incluyendo sistemas de almacenamiento en húmedo.
Actualmente, la demanda proviene tanto de establecimientos de carne como de tambos.
"Hoy trabajamos prácticamente en partes iguales con rodeos de carne y de leche", señaló.

El directivo destacó que la rápida adopción de estas tecnologías responde a los resultados obtenidos por los productores.
"Los métodos de conservación fueron muy bien aceptados. La satisfacción por los resultados se traduce en un creciente interés, primero en consultas y luego en inversiones", afirmó.
Exportación y microsilos, dos motores del cambio tecnológico
El crecimiento del mercado exportador representa otro de los factores que impulsan la modernización del sector. Según recordó Cichello, Yomel comenzó a trabajar en este segmento hace casi veinte años, aunque considera que hoy existen condiciones mucho más favorables para expandir el negocio.
"El abanico de oportunidades para exportar alfalfa es hoy muy atractivo", aseguró.
El desarrollo de plantas procesadoras y exportadoras elevó los estándares de calidad exigidos para los rollos destinados al mercado internacional, lo que obliga a producir forrajes con mayor valor nutricional y a incorporar maquinaria específica durante todo el proceso de confección.
En paralelo, la empresa apuesta al desarrollo de tecnologías basadas en microsilos, una alternativa que retomó hace siete años luego de permanecer relegada durante varias décadas.
El objetivo es reducir uno de los principales riesgos que enfrenta la producción forrajera: la incertidumbre climática.

"La ventaja competitiva consiste en adelantar los tiempos de cosecha para conservar la calidad que tiene la planta en pie, incluso un año después", explicó.
A su entender, esta estrategia permite disminuir el impacto de las lluvias o de condiciones adversas que suelen afectar las ventanas de cosecha.
"Estamos apostando a fortalecer toda la cadena forrajera para enfrentar los problemas climáticos que aparecen campaña tras campaña", agregó.
Financiamiento e inversiones con la eficiencia como objetivo
En materia de inversiones, Cichello sostuvo que los proyectos vinculados con maquinaria para la confección y conservación de forrajes presentan períodos de recuperación relativamente cortos, especialmente en establecimientos con una importante superficie implantada con alfalfa.

Según sus estimaciones, muchas inversiones pueden amortizarse en alrededor de dos años y medio, por lo que considera que las líneas de financiamiento deberían ofrecer plazos de al menos tres años para acompañar ese proceso.
No obstante, reconoció que el costo del crédito continúa siendo un condicionante para muchos productores. Frente a ese escenario, destacó que las decisiones de compra son cada vez más técnicas y menos intuitivas.
"Hoy nos sentamos con cada productor a hacer números. Analizamos sus costos, la escala del establecimiento y el impacto que tendrá la inversión. Son esos números los que finalmente determinan si el proyecto es viable", concluyó.

Con una ganadería que demanda alimentos de mayor calidad, un mercado exportador en expansión y tecnologías orientadas a minimizar el impacto del clima, la alfalfa dejó de ser solamente una pastura para convertirse en uno de los pilares de la transformación de los sistemas forrajeros argentinos.








