El manejo de malezas se convirtió en uno de los principales desafíos agronómicos. La creciente diversidad de especies, junto con la expansión de biotipos resistentes y tolerantes a herbicidas, obliga a revisar las estrategias de control y a mejorar el diagnóstico antes de definir una intervención.
La digitalización suma precisión al manejo de malezas y al uso de herbicidas
La creciente presencia de malezas resistentes y tolerantes exige diagnósticos más precisos y estrategias adaptadas a cada lote. En un caso de Tucumán, la tecnología permitió tratar 70,67 hectáreas de un lote de 175 y dejó sin aplicar el resto de la superficie relevada.

En ese escenario, conocer qué especies están presentes, en qué estado de desarrollo se encuentran y cómo se distribuyen dentro del lote resulta determinante para elegir las herramientas de manejo y el momento de aplicación.
Estos conceptos fueron abordados por el ingeniero agrónomo José Lazcano, especialista en manejo de malezas, durante la Academia Agro de BASF titulada “Manejo de Malezas Difíciles y Digitalización en el Norte”. En la jornada también se presentó el Mapeo Digital de Malezas de xarvio®, la marca de agricultura digital de BASF, que permite incorporar información georreferenciada al diagnóstico y transformarla en prescripciones para aplicaciones sectorizadas.

La propuesta combina el conocimiento agronómico con herramientas digitales para identificar los sectores afectados y ajustar las intervenciones a las condiciones reales de cada lote.
El diagnóstico, el primer paso para controlar las malezas
Lazcano explicó que el manejo debe contemplar la interacción entre el cultivo, la maleza y el herbicida. Dentro de esa relación, conocer la biología y el comportamiento de las especies es fundamental, ya que una misma maleza puede presentar diferencias según las condiciones ambientales.
Como ejemplo, mencionó que el sorgo de Alepo puede tener comportamientos distintos entre Córdoba y el norte de Salta debido a las diferencias de temperatura.
La diversidad de especies también representa un desafío. Durante la presentación, el especialista expuso los resultados de un estudio realizado en distintas localidades de Tucumán, donde se registraron, en promedio, 37 especies de malezas pertenecientes a 18 familias.
Por eso, el diagnóstico no consiste solamente en detectar la presencia de vegetación no deseada. También implica reconocer las especies, evaluar su estado e identificar la denominada maleza objetivo o target, sobre la que deberá concentrarse la estrategia de control.

El reconocimiento preciso puede modificar las decisiones de manejo. Lazcano ejemplificó esta situación con el género Amaranthus, al señalar que las distintas especies no presentan la misma tasa de crecimiento. En particular, advirtió que la velocidad de desarrollo de Amaranthus palmeri exige anticipar las intervenciones.
El momento de aplicación también influye en los resultados. En las malezas anuales, intervenir cuando las plantas son pequeñas suele mejorar las posibilidades de control. En cambio, los ejemplares que sobreviven a un tratamiento pueden rebrotar y resultar más difíciles de manejar. En las especies perennes, la oportunidad de intervención depende, además, de su dinámica biológica y del movimiento de reservas dentro de la planta.
“El problema es saber la problemática del lote para saber qué herramienta de control usar”, sintetizó el especialista.
A partir de ese diagnóstico surge otra dimensión: determinar no solamente qué malezas hay y cuándo conviene intervenir, sino también dónde se encuentran dentro del lote.
Del dron a la prescripción de aplicación
El Mapeo Digital de Malezas de xarvio® permite incorporar esa dimensión espacial al manejo agronómico. El proceso comienza con un vuelo de dron que obtiene imágenes RGB de la superficie. Con esos registros, la plataforma genera un ortomosaico y utiliza un algoritmo para diferenciar las malezas del cultivo, el rastrojo y el suelo.
El resultado es un mapa que representa la distribución de las malezas y permite identificar las zonas donde se concentra el problema. A partir de esa información, se puede elaborar una prescripción compatible con pulverizadoras terrestres con corte por sección o pico a pico, así como con drones aplicadores.
De esta manera, cuando las condiciones del lote lo permiten, es posible dirigir la aplicación hacia los sectores donde se detectaron malezas, en lugar de tratar de manera uniforme toda la superficie.
Durante la presentación, Sofía Medina, consultora digital de xarvio® para la zona norte del país, remarcó que la selección del lote es una decisión clave para aprovechar la herramienta.
No todas las situaciones justifican una aplicación sectorizada. Como ejemplo, expuso el caso de un lote del norte de Salta en el que se buscaba detectar matas de gramíneas, como sorgo de Alepo, pero también había una presencia importante de rama negra. Una revisión previa mediante el mapa satelital de malezas podría haber permitido advertir que la infestación general era elevada y evaluar si convenía realizar el mapeo con dron.

El caso muestra que la tecnología no debe aplicarse de manera indiscriminada. Su utilidad depende de la distribución de las malezas, de las especies presentes y de la estrategia de control que se busca implementar.
El objetivo no es mapear todos los lotes, sino identificar en cuáles la información espacial puede mejorar la decisión agronómica y aportar valor a la aplicación.
Aplicaciones sectorizadas: menos superficie tratada y mejor planificación
El Mapeo Digital de Malezas puede utilizarse en planteos de preemergencia y postemergencia en cultivos como maíz, soja, algodón, maní, caña de azúcar y girasol. Durante la charla también se compartieron experiencias de detección de sorgo de Alepo en lotes de poroto del norte de Salta.
Los mapas pueden configurarse en grillas de 3 por 3 metros o de 5 por 5 metros, según las características del equipo que realizará la pulverización. La plataforma permite, además, seleccionar distintos niveles de sensibilidad para obtener una representación acorde con el escenario de manejo.
Con esa información se genera la prescripción, que define los sectores a tratar y aquellos que quedarán sin aplicación. El sistema también permite calcular las superficies correspondientes y estimar la cantidad de producto necesaria a partir de la dosis establecida.

Así, el mapa deja de ser una representación visual del problema y se convierte en una herramienta operativa para planificar la intervención, estimar insumos y organizar la logística de trabajo.
El impacto potencial no se limita al consumo de herbicidas. La posibilidad de reducir la superficie tratada también puede disminuir los requerimientos de agua y modificar los tiempos y costos asociados a la pulverización.
En este punto, Lazcano planteó que reducir el costo del control no significa necesariamente utilizar menos herbicida, sino hacer un uso adecuado del producto: seleccionar la herramienta correspondiente, aplicarla en el momento oportuno y garantizar una intervención correcta. Para ello, destacó la importancia del monitoreo, el reconocimiento de especies y la planificación previa.
Un caso en Tucumán: 70,67 hectáreas tratadas sobre un total de 175
Uno de los ejemplos presentados por Medina permitió dimensionar el potencial de la aplicación sectorizada. Se trató de un lote en barbecho de 175 hectáreas en Tucumán, con rastrojo de trigo, en el que se realizó el relevamiento mediante dron y posteriormente se procesaron las imágenes para construir el mapa y generar la prescripción.
De acuerdo con los datos expuestos durante la presentación, la intervención alcanzó aproximadamente 70,67 hectáreas, mientras que alrededor de 104 hectáreas quedaron sin tratar.








