ASUNCIÓN DEL PARAGUAY (Especial para El Litoral).- "La verdad, Darío, primero un placer recibirte acá en Paraguay con El Litoral, más que nada porque yo digo lo lindo de todo esto, la magia que tiene el fútbol en volver a reencontrarte, porque nosotros arrancamos prácticamente juntos desde mi carrera como jugador primero y entrenador; paralelo a lo tuyo en todo lo que fue el periodismo. Desde aquellos partidos con Colón, Unión, Atlético Rafaela, todo el Nacional B, lo que fue Primera después. Ese camino que uno fue desandando lo largo de la vida y hoy nos volvemos a encontrar mucho tiempo después, más de 30 años después, acá en Paraguay". Si un medio de comunicación o un periodista imagina una recepción ideal para realizar una entrevista exclusiva con un DT que va camino a un Mundial, es justamente esta charla con Gustavo "Lechuga" Alfaro.
"Paraguay tenía que ir al pasado porque en el pasado estaban las respuestas"
La selección guaraní vuelve a una Copa del Mundo después de 16 años ausente: el último que jugó fue 2010 en Sudáfrica. El entrenador santafesino y rafaelino, Gustavo Alfaro, es casi ídolo nacional en Paraguay. Los secretos del milagro

-Dicen que no existe ni en el fútbol ni en la vida pero parece que abrazás un estado de felicidad casi total acá en Paraguay...
-Estamos en las vísperas de poder jugar una Copa del Mundo, algo que Paraguay lo estaba necesitando, lo estaba buscando y lo estaba deseando después de 16 años. En mi caso, el privilegio de poder vivir mi segundo Mundial como entrenador. Los estados son provisorios y la felicidad es un estado de ánimo que se conquista, pero que es breve; más que nada en un deporte o en una profesión como lo es el fútbol, donde a veces los padecimientos pesan mucho más que estos pequeños espacios de plenitud o alegría que uno tiene cuando sigue estos objetivos.
-Cuando vinimos a Conmebol con El Litoral, por invitación de Nery, el día que se homenajeó a la Selección Argentina campeona en Qatar nos tocó ver algo increíble: ¡niños paraguayos con la "10" de Messi, la camiseta del "Dibu"…
…(hace un largo silencio Alfaro)

-La explicación de cada mamá o papá guaraní era simple…"Es que Paraguay no juega mundiales y los niños eligieron Argentina". Seguramente viviste eso desde que llegaste hasta que terminó el maleficio…
-Sí, claro. Más que nada porque es casi una generación porque son 25 años y cuando vos te das cuenta los chicos que hoy van a tener 22 ó 23 años no tienen el recuerdo del Mundial 2010 tan fresco y tan latente como lo puede tener alguien de 30 años para adelante. Más que nada también porque esa fue una representación fantástica la que tuvo Paraguay en esa Copa del Mundo. Entonces, es como que te vas contagiando de lo que yo digo es el virus más peligroso que tiene el fútbol que es "El virus de la muerte lenta", cuando te das cuenta que vas cediendo cosas, cuando te das cuenta que los otros se te van, que por más que vos quieras, que le metas el esfuerzo, el empeño, el capital y el amor, el fútbol es a veces tan inexplicable que uno no encuentra las respuestas, porque no te venden seguros para el éxito. No hay respuestas a las razones del porqué.
-La sensación de vacío casi total
-Esa ausencia de ídolos y, si se quiere, con una generación maldita, porque hasta los propios jugadores decían: "Profe, nosotros pensábamos que estábamos malditos." Hasta ese nivel de psicosis había llegado el estado de pérdida de expectativa que se tenía en cuanto a lo que es la Selección Nacional de Paraguay. Cuento un hecho curioso que me pasa justo cuando teníamos que jugar con Argentina. Era creo que el quinto partido que nosotros teníamos que jugar desde que habíamos llegado. Ese último era el primero de noviembre y el último de la fecha FIFA de ese año.
-Justo vos como argentino contra Argentina...
-Así es: llega Argentina campeón del mundo y líder de la eliminatoria; desde Brasil para acá siempre el Defensores del Chaco estuvo agotado y vendido mucho tiempo antes. Pero largan una determinación, porque habían existido problemas en distintas canchas de suspensiones, por agresiones. Entonces, toman una determinación de no permitir a gente que entre con camiseta de Argentina en los lugares que son para Paraguay. Argentina tenía su lugar donde podía estar. Y en un momento un periodista me pregunta si yo había sido el que no quería que la gente de Paraguay tenga la camiseta de Messi. Yo decía, primero, Messi está más allá de toda discusión, o sea, es argentino, pero Messi es del mundo. O sea, Messi es esa clase de talentos que trasciende las fronteras; nosotros como argentinos tenemos el orgullo haber tenido a Messi, Maradona, etcétera, pero hoy por hoy Messi es del mundo y cuando vos ves lo que él genera en cualquier parte del mundo, te das cuenta que traspasa esas barreras.
-Uno se imagina cómo vivió Paraguay ese cruce
-Yo recuerdo que en ese momento se vivía con tanta pasión ese partido, con tanta expectativa y había tanta ilusión en la gente de Paraguay, que me acuerdo que ya en el partido ante Brasil yo le había pedido a la gente que quería verlos a todos con la camiseta puesta; o sea, el fútbol tiene esa magia de regalarte felicidad. Se que nosotros no podemos solucionar los problemas cotidianos que tiene la gente, pero sí podemos otras cosas: ¡yo soñaba con esa persona que se levanta a trabajar a las 5 de la mañana con la camiseta de Paraguay puesta!. Entonces, yo lo que quería es que la gente vaya a la oficina con la camiseta de Paraguay, a la cancha con la camiseta de Paraguay y que ese sentimiento se traslade, porque eso era un contagio que no tenía ninguna duda que después se iba a volcar adentro de la cancha.
-¿Y cómo lo fueron viviendo tus jugadores?
-A los jugadores, me acuerdo, que les dije: "Miren, la verdad, yo lo único que les aseguro que la que la gente de Paraguay ve y va con la camiseta de Paraguay por una cuestión de identificación que hoy tienen con la selección y con el país". En algún punto jugaba esa falta de expectativa en el hecho de sentir la necesidad de identificarse con algo…Entonces, con Messi es muy fácil identificarse.
En esta producción internacional de El Litoral, el diario de Santa Fe, camino al Mundial, donde tendremos dos profesionales acreditados por la FIFA (Enrique Cruz y Fernando Nicola), charlamos con dos glorias paraguayas en Conmebol: Rogelio Delgado y Paulo Da Silva; Paulo tiene 150 partidos, jugó dos Mundiales y en 2010 se meten cuartos de final y terminan entre los ocho mejores. A los dos les pregunté: ¿cuál fue el milagro que hizo Alfaro para que Paraguay vuelva a un Mundial?. Los dos no dudaron: "Alfaro hizo que Paraguay vuelva a jugar como Paraguay". Esa frase de "la nuestra" como decía el "Flaco" Menotti…
¿Qué fue lo que hiciste y cómo lo hiciste, Gustavo?
-Yo fundamentalmente les pregunté, obviamente en la primera charla que tuve con los jugadores dentro de todas las cosas que hablamos, me paro delante de ellos y les digo "Miren, yo nunca tuve la posibilidad de trabajar acá. Sí vine a jugar Copa Libertadores, Copa Sudamericana, los enfrenté en Eliminatoria. Y cada vez que nosotros teníamos que venir a jugar a Paraguay, yo decía con el perdón de la palabra, "Qué dolor de huevo." Tener que venir con estos tipos que te matan, que te corren, que te luchan y te llegan a meter un golpe y se te cierran; no se les puedes entrar, son durísimos. Les digo: "Me pueden definir al futbolista paraguayo, ¿me pueden definir al fútbol de Paraguay?" Entonces, uno dice, "Así, esto, esto, esto". Mientras ellos hablaban yo lo iba anotando en un pizarrón. Y en un punto les pregunto: "¿Muchachos, por qué yo no lo veo a todo eso en la Selección de Paraguay?".

-La famosa idea de volver a las fuentes…
-Como entrenador, yo necesitaba recuperar ese ADN que siempre había definido el fútbol paraguayo. Y no era que estás pidiendo que algo que nunca tuviste. Estás pidiendo algo que siempre te identificó y ya me había pasado…porque me pasó de pronto en Ecuador desde 2006, con Costa Rica desde el Mundial del 2014 y de pronto acá con Paraguay con el Mundial 2010. Muchas veces el pasado grita de tal manera y empuja de tal manera que a veces te aturde y aturde a los que están en el medio de la acción.
-Ahí aparece esa famosa frase tuya…
-Cuando yo digo que para encontrar las respuestas había que ir al pasado era porque en el pasado estaban las respuestas. Y no quiere decir que el fútbol no haya evolucionado y no haya cambiado desde el 2010 a la actualidad. Han cambiado un montón de cosas, pero la idiosincrasia no cambia. El ADN, lo que te define, la esencia de lo que es el futbolista paraguayo no cambia. Entonces, yo lo que les dije es que quería volver a ver eso de un equipo paraguayo y que íbamos a luchar hasta el final. Que esa garra, que siempre definió el espíritu y todo lo que había definido al fútbol paraguayo lo teníamos que expresar adentro de la cancha.

-Hoy esas charlas, con Paraguay a punto de volver a jugar un Mundial, deben estar más vigentes que nunca…
-Cuando me reúno con los jugadores yo les dije: "Miren, muchachos, la selección nacional no es una obligación, es una invitación. Yo los invito a que vengan a ser parte de lo que es la selección nacional. Ustedes no tienen obligación de ser parte de esto, o sea que por más que estén en la convocatoria tranquilamente puede decir, "Mire, profe, yo gracias, pero no quiero estar acá." Porque ha pasado que a lo largo de este tiempo muchos se bajaron, porque es más fácil de pronto irse a un costado que comerse la ingratitud del dolor que significa poner la cara en los momentos de adversidad. Por eso yo reivindico mucho a estos jugadores que en los momentos más duros siempre le pusieron el pecho y siempre pusieron la cara.








