Fue la película soñada, el libreto perfecto. Había que ganar así, dando vuelta el resultado, sobreponiéndose a la adversidad, jugando un segundo tiempo extraordinario, lo mejor de un equipo que había llegado a puro corazón a esta instancia, pero que en este partido hizo todo lo que debe hacer un equipo de fútbol para ganar un partido bajo presión.
Argentina, a lo campeón, con un equipo de guapos en la tierra y Diego en el cielo
El mejor partido de Argentina, con un segundo tiempo extraordinario para dar vuelta un partido que Inglaterra ganaba. Con corazón, con épica y con fútbol, se escribió otra página de gloria para el fútbol argentino. El domingo, a buscar el bicampeonato del mundo ante España en el Metlife de New Jersey.

Argentina ganó a lo campeón. Tuvo orden, paciencia, personalidad y fue al frente. El técnico acertó claramente con los cambios durante el partido. De Paul no podía faltar en un partido así. Entró y empujó al equipo. Lo mismo Montiel. Otamendi sacó todo de arriba. Lautaro metió el cabezazo del de la victoria y Messi apareció en el momento en que debía aparecer, para hacerse cargo. Y le metió, de derecha, un centro perfecto a la cabeza de Lautaro para ganarle a todos los grandotes de una Inglaterra que hizo el gol, se metió atrás y fue sometida por Argentina, en un segundo tiempo notable del equipo de Scaloni.
Mucho estudio, de parte de los dos. Poca profundidad, de parte de los dos. Se neutralizaron y se atacaron poco. Diríamos que casi nada. Por el lado de Argentina, en ese primer tiempo, un lindo remate desde afuera del área de Enzo Fernández que rozó en un rival y se fue a escasos centímetros del travesaño. El árbitro no cobró córner, pero era. Fue lo único de una Argentina que intentó abrir la cancha con Giuliano Simeone, la sorpresa de Scaloni, bien abierto por derecha pero también muy bien marcado por Spence.
La característica de clásico, sin embargo, se notó desde el arranque. Es que cada pelota dividida se disputaba con mucha intensidad. Y en ese aspecto, Argentina no falló. Correcto el trabajo defensivo (más allá de algunas vacilaciones de Molina, el más flojo de los cuatro), bien contenido Harry Kane por la dupla de centrales y con una participación poco protagónica de Bellingham.
Los dos “10” entraron poco en juego. A Messi lo revolearon por el aire en una jugada en la que se sacó de encima a dos rivales y luego lo tomaron entre otros dos y le cometieron una doble falta en la misma acción defensiva. Quiso desequilibrar cambiando el ritmo y arrancando como a él le gusta, desde la derecha y hacia el medio, pero estuvo bien controlado por el sistema defensivo de una Inglaterra que, cuando retrocedía, lo hacía con casi todos sus jugadores. Alternaban, en ese aspecto, la presión bien alta para tratar de ahogar a una Argentina que salía bien jugada desde atrás (otra vez importante lo de Paredes), que arriesgaba con confianza, precisión y sin dividir la posesión de la pelota.
Fue bien parejo el primer tiempo. Argentina suplió con mucha entrega la leve superioridad que por momentos mostraba una Inglaterra que también trataba de abrir la cancha y jugar por afuera, sumando rápidamente gente en ataque pero encontrándose con una buena respuesta defensiva de una Argentina concentrada, que también trabajaba incansablemente en la presión para recuperar la pelota en el mediocampo, más el aporte de siempre de un Julián Alvarez que otra vez no le escapó a la responsabilidad de ser bien solidario con sus compañeros.
Hubo un respeto mutuo muy acentuado. Y mucho orden. Ninguno se apartó del libreto, disputaron a pleno cada pelota como si fuese la última y no se dieron ventajas. O en todo caso, también les faltó suficiente claridad. En el caso de Inglaterra, ni siquiera pudieron prevalecer en el tan peligroso juego ofensivo, tratando de aprovechar la mayor altura de sus jugadores. Apenas un cabezazo a la altura del segundo palo, sin ninguna consecuencia para el Dibu.
Argentina había tenido su oportunidad en el arranque del complemento con un remate de Julián Álvarez que tapó Pickford, pero en el primer avance a fondo, llegó el pelotazo largo desde el fondo inglés, el rechazo a medias de Tagliafico que posibilitó la apertura hacia el costado derecho, centro y Gordon, ingresando por las espaldas de un Molina que no cerró bien y perdió la marca, conectó al palo derecho de Martínez. El gol le dio una ventaja para la que Inglaterra no había hecho mucho más que Argentina.
Antes de los 20 del segundo, Scaloni movió el banco y arriesgó con un cambio ofensivo: salió Paredes (estaba jugando bien) e ingresó Nicolás González, quedando Alexis MacAllister en la posición de volante central y abriendo bien la cancha con Simeone por derecha y con González por izquierda. El equipo empezó a encontrar profundidad y dominio ante una Inglaterra que se metía atrás y apostaba por la salida rápida en contragolpe, pero regalando pelotas y espacio a una Argentina que empezaba a empujar y que tuvo una gran chance con un centro perfecto de Messi a la cabeza de González, que el arquero sacó de manera espectacular.
Enseguida llegó la pausa de hidratación y tres cambios: De Paul, Montiel y Otamendi a la cancha, por Simeone, Molina y Lisandro Martínez. Era todo de Argentina y el palo salvó a Inglaterra: centro perfecto de De Paul y cabezazo de MacAllister ante un Pickford vencido, que terminó estrellándose en el palo derecho. Ya a esta altura, Argentina merecía largamente el empate, que lo pudo lograr en una pelota excelente que le puso Messi a Nicolás González, quien cabeceó apenas desviado.
Faltando diez minutos y con una Argentina que buscaba el empate, dominaba plenamente el partido ante un rival metido en el fondo, Scaloni se la jugó con el ingreso de Lautaro Martínez por Tagliafico. Delantero por defensor, aprovechando que Inglaterra prácticamente tenía cerrada la posibilidad del ataque, para meter gente adentro del área. Y con capacidad de gol.
Enzo había avisado pero el bueno de Pickford se lo negó. Hasta que metió otro zapatazo desde afuera del área, notable, que se clavó arriba, muy cerca del palo derecho y venciendo la resistencia de un arquero que parecía imbatible. Explosión total y estricta justicia. Argentina no merecía ir perdiendo. El amor propio y la búsqueda por todas las vías del arco rival, tuvo por fin su premio. Argentina estaba jugando su mejor partido en el torneo, con acierto del técnico en las variantes y una actitud notable para ir a vender muy cara una derrota inmerecida.
Y llegó el gol nomás. Tiempo de descuento, enorme jugada de Messi que desbordó y metió de derecha el centro al segundo palo, a la cabeza de Lautaro Martínez, en la misma jugada en la que MacAllister había estrellado un remate en el palo izquierdo. Corazón, garra, huevos y fútbol. Todo junto. Bien a lo Argentina.
El final fue extraodinario. Epico. Inolvidable. Era la película que cualquier director quería filmar y el libro que todo escritor quería escribir. El fútbol fue justo. Con la selección, con Messi, con el fútbol mismo. Era el partido que faltaba ganar. Ahora hay que ir a buscar el bicampeonato, obvio. Pero este era “EL PARTIDO”. Y Argentina lo ganó, haciendo llorar de emoción a todo un pueblo. Derramen lágrimas nomás… Y más que nunca, canten la canción: “… Y al Diego, desde el cielo lo podemos ver, con don Diego y con la Tota, alentándolo a Lionel”. ¡Argentina para todo el mundo!











